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"Inocente", de Scott Turow

Inocente, de Scott TurrowHan transcurrido 23 años desde que Scott Turow publicara Presunto inocente, uno de los thrillers legales que definió la década de los 80 y brindó un salto cualitativo en cuanto a las posibilidades narrativas del género.

Entonces dejamos al abogado Rusty Sabich exonerado de los cargos de violación y asesinato de una compañera de trabajo y amante, Carolyn Polhemus, para infinita frustración del fiscal Tommy Molto.

Hoy se ha convertido en un juez que aspira a llegar al Tribunal Supremo, pero antes tendrá que justificar ante la ley por qué tardó 24 horas en notificar la muerte de su esposa.

¿Se saldrá de nuevo de rositas o tendrá Molto la oportunidad de vengarse? Para saberlo deberá leer Inocente, una secuela que devuelve a Turow al banquillo de los astros del suspense judicial.

Conversamos con él sobre su trayectoria y su última novela.

No empezó a escribir novelas hasta que dejó de ejercer como fiscal, ¿fue este el plan desde el principio, pasar de un terreno a otro, sin interferencias?

Desde que era un niño mi sueño fue convertirme en escritor. Al acabar el instituto, empecé a tomar clases de escritura creativa en la Universidad de Stanford, donde me pasé cinco años antes de dar el salto a estudiar Derecho en Harvard. Este cambio, así como el hecho que acabara optando por ejercer la abogacía, jamás borró de mi cabeza mi aspiración de siempre.

En mis años como fiscal aprovechaba cualquier momento libre del día, ya fuera en el tren camino del trabajo, para escribir algo, a veces no más de un párrafo, pero lo suficiente como para mantener la llama ardiendo.

El argumento de Presunto inocente lo fui desarrollando a lo largo de varios años y partió de una serie de experiencias que tuve mientras realizaba unas clases prácticas en el condado de Suffolk. Estas, sin embargo, no me condujeron más allá de unas 120 páginas, de manera que me cogí dos años de excedencia durante los que fui encontrando la manera de ir tirando del hilo, al tiempo que me dedicaba a escribir también otras cosas.

El reglamentado mundo del derecho parece en conflicto con el literario, especialmente en lo que concierne al lenguaje, que resulta árido, factual, intrincado…¿cómo consiguió reconciliar ambos?

En un sentido muy genérico, la práctica del derecho consiste en escribir, ya sean informes, contratos, cartas, memorándums… las voces son diferentes, pero la judicatura es un ámbito profundamente verbal. Si vamos al meollo de lo que es la ley, encontramos que está básicamente hecha de palabras. Los dos mundos pueden ser enormemente divertidos y también un auténtico coñazo.

Es cierto que escribir ficción implica mayores dosis de júbilo, en comparación con la monotonía de hacerlo en términos legales, pero una y otra tienen su ración de ambas cosas.

¿Qué aprendió acerca de las personas durante su etapa consagrada a investigar casos de corrupción en las altas esferas que en el futuro le resultaría muy útil al crear sus personajes de ficción?

Debo decir que mis años como fiscal siempre están conmigo cuando me encuentro frente al teclado, fueron como un posgrado muy educativo en torno a la naturaleza humana. En especial sobre lo ruin que puede llegar a ser la gente.

Asimismo, descubrí que muchos de los sujetos que procesé era en realidad personas decentes pero intensamente vulnerables. Aprendí una barbaridad acerca de la complejidad de la vida y de los juicios morales.

¿Siempre había tenido el propósito de escribir una secuela de Presunto inocente?

Si he de ser sincero, durante muchos años pensé que jamás lo haría. Por un lado, consideraba que auto imitarse era algo inherentemente limitador para un escritor.

Por otro lado, temía que intentar igualar una novela cuyo éxito dependió en su momento de abrir nuevos caminos iba a suponer un reto insuperable.

Sin embargo, llegó un momento en mi carrera profesional en el que, habiendo escrito varias novelas que habían funcionado muy bien comercialmente y que versaban sobre diversas temáticas, ya no me importaba si estaba siendo restrictivo conmigo mismo o no.

Además, habían transcurrido tantos años que imaginé que habría muchos lectores que sentirían curiosidad sobre qué había sido de Rusty, siendo yo obviamente el primero de ellos.

En su momento no supe entender qué me impulsaba a llevar acabo algo a lo que me había resistido tanto. Ahora, no obstante, veo que detrás había un buen puñado de motivos personales que me empujaban de regreso a mis inicios y a trazar nuevas sendas a partir de ellos.

¿Cuál es el lado más traicionero de una secuela? Mientras escribía Inocente, ¿le salieron al paso una serie de desafíos que no había previsto?

Bueno... sólo te confesaré que me sentía muy intimidado. En todo momento fue como si estuviera escribiendo con un buitre sobre mis hombros.

¿Qué convierte a un buen thriller legal en un thriller legal soberbio?

La elegancia en la manera en que te expresas y en la que desarrollas a los personajes y la trama.

¿Hasta qué extremo piensa que un thriller legal debe tener verosimilitud? En otras palabras, ¿hasta qué punto puede uno forzar el hilo narrativo antes de que se rompa?

La suspensión deliberada de la credibilidad es un requisito indispensable en la ficción. Ahora bien, contra más inverosímil es la trama, menos satisfactoria va a resultar la novela. Dicho esto, una caracterización soberbia del personaje te permite tomarte ciertas licencias hasta traspasar de forma generosa las fronteras del realismo.

Con sus tres líneas temporales en la primera parte, sus diferentes narradores y multitud de giros Inocente debió de exigirle un plan muy elaborado. ¿Tiene, por principio, la trama y la estructura de sus libros esbozada al milímetro antes de sentarse a escribir?

No puedo ponerme con un primer borrador si no sé en qué dirección me voy a mover y esto, por lo general, significa saber por dónde va a ir el final. De forma que empiezo por dedicarme durante un año a ir tomando notas, perfilando diálogos cortos y escenas pequeñas. Sólo entonces, cuando tengo claro qué va a ocurrir, puedo dedicarme a asaltar el primer borrador.

Inocente rebosa documentación sobre toxicología, técnicas forenses, informática… ¿Disfruta con esta parte de su trabajo?

A medida que pasa el tiempo, echo mano de forma creciente de la ayuda de expertos. Quiero ser preciso y ceñirme a las fronteras de la realidad en los que se refiere a conocimientos especializados.

Lo cierto es que personalmente no investigo de una forma desaforada, diría que lo justo para saber de qué estoy escribiendo. Recuerdo que en cierta ocasión coincidí con Robert Parker en una charla y, cuando alguien del público le felicitó por su trabajo de documentación, sólo se le ocurrió responder: “¡Soy un mecanógrafo de primera!!”. Pues eso mismo.

¿Hasta qué punto se ha implicado en las adaptaciones que se han hecho de sus libros tanto para el cine como para al televisión?

Siempre me he sentido tratado con cortesía pero, francamente, también conozco mi lugar… Cualquier novelista que creyese que iba a poder tener cierto control frente a un gran estudio, que invierte unas cantidades masivas de dinero, demostraría una ingenuidad suprema. Doy mi impresión sobre los borradores de guión y visito el plató, pero nunca he esperado que mi palabra fuera a prevalecer.

¿Qué convierte a su Chicago natal (si bien bajo el nombre de Kindle en sus libros) en un lugar tan especial a la hora de ambientar en él thrillers legales?

Es una ciudad cargada de intensidad, gigante, heterogéneo y nada pretenciosa. Una ciudad que pelea a puño limpio y cuyos afilados bordes dan para una ficción estupenda.

Dedicó un libro al tema de la pena de muerte, Ultimate Punishment. ¿contribuir a profundizar en el debate sobre un tema tan sensible es algo de lo que se siente particularmente orgulloso?

Recibir numerosas felicitaciones por mi estudio del tema, tanto desde mi faceta de abogado como de escritor, supuso una enorme satisfacción pero, en el fondo de mi corazón, considero que mis mayores logros se encuentran en mis novelas, al menos en mi humilde opinión…

Junto a escritores como Stephen King o Amy Tan participa en los conciertos que organiza la banda Rock Bottom Remainders, que tiene fama de ser bastante estrepitosa… Si no fuera porque les mueven fines benéficos, ¿deberían ser llevados frente a un tribunal?

Si nos consideráramos músicos sin duda que nos podrían acusar de fraude con toda justicia.

Sinopsis editorial

Tras el éxito de Presunto inocente, Scott Turow regresa con Inocente, su apasionante secuela.

Una mañana Rusty Sabich, sexagenario y presidente del tribunal de apelación del condado de Kindle, descubre el cadáver de su mujer Barbara junto a él en la cama que ambos comparten. Sin embargo, espera casi un día entero antes de avisar a la policía y a los servicios de emergencias. Ni siquiera avisa a su hijo Nat. ¿Por qué?

Veinte años antes el mismo hombre, entonces ayudante del fiscal del condado, fue procesado por el homicidio de su colega Carolyn Polhemus, y durante la investigación se descubrió que tenían una aventura.

Tommy Molto, fiscal del distrito, se convirtió desde ese instante en su más enconado enemigo. Finalmente Rusty fue absuelto, pero veinte años después, la rivalidad entre los dos hombres sigue intacta.

Copyright de texto e imágenes © 2010 Antonio Lozano, Random House Mondadori. Reservados todos los derechos.


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