Más allá de su desempeño como narrador, ensayista y poeta, Jorge Luis Borges desarrolló una interesante labor como cronista cultural en diversas colaboraciones que han permanecido fuera del alcance del gran público.
Luego de realizar una exhaustiva tarea de búsqueda en diarios y revistas, este nuevo volumen de Textos recobrados recoge los escritos publicados entre 1931 y 1955, que comprenden relatos, ensayos, poemas, artículos, notas, reseñas bibliográficas, comentarios de cine, un discurso, dos conferencias y traducciones.
Incluye también los prólogos que escribió durante esos años para los libros de otros autores.
Se agregan varias encuestas y entrevistas de la época que revelan a Borges como un lúcido observador de los acontecimientos. Un libro imprescindible del período quizás más fecundo de su existencia, que completa la obra literaria publicada con Emecé a lo largo de los últimos cincuenta años.
«Leídos como mapa biográfico e índice enciclopédico –escribe Rodrigo Fresán en El País–, la lectura de estos Textos recobrados es fascinante (...) El segundo tomo muestra ya al bibliotecario casi ciego que ha cruzado la línea que separa al talento de la genialidad -entre 1931 y 1955 publica Historia universal de la infamia, Ficciones, El Aleph- Y está a punto de convertirse en icono de renombre internacional. Es, también, el Borges ya inescapablemente prisionero de sí mismo y de la lógica arbitrariedad de sus pasiones que le permiten tanto no entender la obvia grandeza de un filme como King Kong ("un mono de catorce metros de altura -algunos entusiastas dicen que quince- es evidentemente encantador, pero tal vez no basta. No es un mono jugoso; es un reseco y polvoriento artificio de movimientos esquinados y torpes", condena) como acorralar a todo el género policial en seis perfectas y arbitrarias leyes, perderse y encontrarse en un ensayo sobre la cuarta dimensión, o pasar sin esfuerzo de un análisis de las pesadillas en Kafka a la disección exquisita de una traducción al inglés de la lingua gaucha en Don Segundo Sombra, de Ricardo Güiraldes.»
Comentarios
«Por su mente despierta, que no cede a las convenciones, ni a las costumbres, ni a la haraganería, ni al snobismo, por el caudal de su memoria, por la aptitud para descubrir correspondencias recónditas, pero significativas y auténticas, por su imaginación feliz, por la inagotable energía de invención, Borges descuella en la serie completa de tareas literarias.» Adolfo Bioy Casares
«Borges sirvió a dos divinidades contrarias: la simplicidad y la extrañeza. Con frecuencia las unió, y el resultado fue inolvidable: la naturalidad insólita, la extrañeza familiar. Este acierto, tal vez irrepetible, le da un lugar único en la historia de la literatura del siglo xx.» Octavio Paz
«Borges emerge claramente como el autor del siglo XX más emblemáticamente representativo -y acaso el único- de los valores estéticos aún esenciales para la supervivencia de la literatura canónica universal. Ocupa este lugar no sólo con respecto a las letras hispanoamericanas sino a toda la literatura occidental y quizás, incluso, a la literatura mundial.» Harold Bloom
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