"Julio César", de William Shakespeare

Julio-CesarEn Julio César, probablemente escrita en 1599, aborda William Shakespeare la polémica figura del emperador romano con aguda visión y con una originalidad dramática inédita hasta entonces.

Siguiendo la pauta trazada por Plutarco en las Vidas paralelas, contrasta virtudes y defectos de los protagonistas, resalta las ironías del destino y aprovecha el valor de la anécdota.

De ahí que los personajes de la tragedia acusen un relativismo y una ambivalencia que confieren a la obra, en apariencia muy sencilla, una notable complejidad.

Julio César es una indagación genial en los mecanismos del poder y la naturaleza humana.

"Shakespeare –escribe José Monleón–es siempre un redescubrimiento. Cada vez que asistimos a la representación de sus obras, vuelve a asombrarnos la consistencia de sus personajes, la sabiduría con que se estructura la acción dramática, la fuerza teatral del texto, y, en las tragedias que pudiéramos llamar políticas, la modernidad del pensamiento. En el caso de Julio César, tales virtudes se han hecho de nuevo patentes, mezclada la emoción de las situaciones con la capacidad del autor para desvelar el sentido último de ciertos comportamientos políticos, la subordinación de las grandes palabras, a menudo generosas, a la ambición individual de quienes ansían el poder".

"Como nos dicen a menudo los creadores teatrales –continúa–, los críticos debemos hablar poco del texto en casos como éste de Julio César, puesto que todo está ya desmenuzado y estudiado. Aun así, antes de entrar a comentar los términos específicos en los que la tragedia ha sido en esta ocasión representada, uno siente la irrefrenable necesidad de expresar el placer teatral que, una vez más, le ha producido el texto de Shakespeare, ejemplo de hasta dónde la imaginación puede llegar a ser una forma de conocimiento, en este caso, de la política" (Diario 16. Madrid, 18 de marzo de 1988).

A propósito de la versión estrenada el 15 de marzo de 1988, en el Teatro María Guerrero de Madrid, Eduardo Haro Tecglen escribe: "El texto del clásico va por su sitio, reclama su acción propia, la intencionalidad con que se escribió, y no deja nunca de estar presente como un fantasma reclamando su vida; la actualización, o la modernización, pueden ir por otro sitio que les apetece a los neocreadores, y entre los dos propósitos puede haber –y aquí lo hay– un choque y un malestar. Es una cuestión objetiva. Shakespeare es, además de irónico, escéptico y además de escéptico, lírico, pasional, elevado. La adaptación al castellano de Vázquez Montalbán, siendo tan gran escritor y poeta, es fría y plana. Se inclina hacia lo irónico, abandona lo exaltado. Disminuye, apoca a Shakespeare. Es un idioma rápido, al que la intención de ser coloquial y diario deja muchas veces en descuidado, incluso en no atento a las cacofonías. No encuadra con lo que está pasando: no sitúa a Marco Antonio con toda su desolación y el despecho contenido y en trance de evolución en el discurso túnebre. No da misterio, cuando pasan cosas misteriosas. Es opaco para el teatro" (El País, Madrid, 17 de marzo de 1988).

Datos sobre el montaje de 1988

Versión de Manuel Vázquez Montalbán. Dirección: Lluís Pasqual. Escenografía y vestuario: Fabiá Puigserver. Intérpretes: Miguel Zúñiga, César Sánchez, Héctor Colomé, Cesáreo Estébanez. Alfonso Goda, Carlos Lucena, Juan José Otequi, Emilio Gutiérrez Caba, Walter Vidarte, Miguel Angel Sotá, Antonio Iranzo, Juan Jesús Valverde, Fernando Guillén Cuervo, Mercedes Sampietro, Montserrat Salvador, Carlos Meneghini, Pepa Valiente, Juan José Pérez Vuste, José Antonio Gallego, Francis L. Torres, José Antonio Correa, Carlos Hipólito y Joaquín Notario. Estreno: 15 de marzo de 1988, en el Teatro María Guerrero de Madrid.

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