John Symonds (1914–2006) no sólo es conocido por ser albacea y editor de la obra literaria de Aleister Crowley, sino también por su faceta de periodista y escritor de novelas para niños, así como de fantasías y otras obras de ficción y biográficas.
Edward Alexander Crowley (1875–1947), más conocido como Aleister Crowley, fue poeta, alpinista, viajero y escritor, pero también pintor vanguardista, drogadicto, bisexual y practicante de técnicas mágicas, herederas de la Hermandad Hermética de la Golden Dawn, que le dieron la aureola de satanista y mago negro que le valió el epíteto de «el hombre más perverso de Inglaterra».
Crowley, que se hacía llamar a sí mismo «la Gran Bestia 666», fusionaría la tradición mágica europea (de raíces egipcias, helenísticas, célticas y hebreas, tal y como se estudiaban en la Golden Dawn) con las enseñanzas de Oriente, como el yoga y el tantrismo –a las que tendría acceso gracias a sus lecturas y viajes–, y con la magia sexual preconizada por la sociedad secreta conocida como O. T. O. (Ordo Templi Orientis), todo lo cual le permitiría fundar una orden de cuño propio, la de la Estrella de Plata.
Creador de la ley «Haz lo que Quieras», y fundador en Cefalú de la abadía de Thelema, Crowley fue, en pleno siglo XX, uno de los más singulares avatares del no racionalismo en su vertiente operativa y mágica.
"Casi nadie en Cefalú, en la isla de Sicilia –escribe Luis Vigil–, recuerda ya la inquietante personalidad de Aleister Crowley (...) Sobre el caserón de Santa Bárbara reinaba la regla de la abadía de Thelema, imaginada por Rabelais: «El principio fundamental de la leyes: haz lo que quieras»; pero esta libertad de acción sólo era posible conseguirla llegando a la sabiduría suprema y, para llegar a esta meta, era preciso antes someterse a la voluntad omnímoda de Crowley, que reinaba como un déspota sobre todos los habitantes de su templo mágico. Así, al llegar a Santa Bárbara, el neófito recibía una navaja de afeitar con la que debía hacerse un corte en el antebrazo cada vez que emplease el pronombre yo. Únicamente el maestro tenía derecho a hablar en primera persona del singular. Igualmente, Aleister Crowley reinaba sobre sus mentes: todos los miembros de la comunidad debían llevar un diario mágico en el que estaban obligados a anotar sus pensamientos y deseos más íntimos. Naturalmente, el maestro tenía acceso a estos diarios, pudiendo así llevar a cabo su control ideológico"(Terror Fantastic, nº 15, diciembre de 1972).
Título: La Gran Bestia
Subtítulo: Vida de Aleister Crowley
Autor: John Symonds
Edición y traducción de: Javier Martín Lalanda
Colección: El Ojo del Tiempo. 32.
ISBN: 978–84–9841–172–0
Encuadernación: Rústica con solapas
Páginas: 860
Dimensiones: 160 x 240 mm
Copyright de texto e imágenes © Ediciones Siruela. Reservados todos los derechos.
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