Escrita inicialmente por Stevenson para complacer y entretener a su joven hijastro Lloyd Osbourne, y publicada después por entregas en la revista Young Folks, entre 1881 y 1882, bajo el seudónimo de Capitán George North, La isla del tesoro se ha convertido en su ya largo siglo de existencia en el clásico de la literatura de aventuras por excelencia, que ha cautivado a millones de lectores en todo el mundo a lo largo de cinco generaciones.
Jim Hawkins, hijo adolescente del dueño de la posada Admiral Benbow, frente a la solitaria bahía del Cerro Negro, va a experimentar un cambio radical en su rutinaria existencia cuando un viejo y extraño marino que se hospeda en la posada le confiesa, al borde del delirium tremens provocado por el ron, que formó parte de la tripulación del mítico capitán pirata Flint, y que esconde en su baúl algo que codician sus antiguos camaradas.
Muerto el viejo bucanero, Jim descubre el misterioso mapa de una isla entre sus pertenencias... Más no se debe contar.
"El historiador de la literatura infantil inglesa Harvey Darton –escribe Carmen Bravo–Villasante– dice que cuando empezó a escribir Stevenson, la época estaba necesitada de novelas de aventuras para chicos, de novelas viriles, ya que en la literatura inglesa, pasada ya la moda de las novelas históricas de Walter Scott, no existían novelas de aventuras representativas, de buena calidad. En un principio, el libro no iba destinado a los niños, pero muy pronto los chicos se apoderaron de este relato que fascinaba su espíritu de aventura. Un lejano recuerdo de Robinson en la isla, en búsqueda de cosas (...) se trasmuta aquí en busca del tesoro. (...) Al mismo tiempo un diálogo vivísimo, una intriga que mantiene el ánimo en suspenso, y una tensión entre buenos y malos que dejará marcado para siempre el modelo de las novelas de piratas y aventuras" (Historia de la literatura infantil universal, Doncel, 1971).
"La lectura de la tradición robinsoniana –escribe Seth Lerer– nos permite comprobar hasta qué punto se imponen las lecciones de Defoe. Pocos autores las siguieron con tanta minuciosidad como Robert Louis Stevenson, cuya novela, La isla del tesoro (Treasure Island), recoge el relato de Crusoe y lo transforma en una aventura para el muchacho que lo cuenta y para el propio lector (...) La tercera parte La isla del tesoro comienza con lo que Jim Hawkins califica de «mi aventura en la isla». (...) Estamos ante un lenguaje, al menos a primera vista, que parece distar mucho del de Defoe, y, sin embargo, no dista tanto, pues lo que aprendió Stevenson (y otros muchos autores) de Defoe fue el poder de la descripción física (...) Ben Gunn aparece aquí como una evocación de la novela de Defoe: un mosaico ya no de tela y botones, sino de palabras" (La magia de los libros infantiles, Ares y Mares, 2009)
No nos queda sino desear, aún con un poco de envidia, a aquellos lectores que lean esta historia por primera vez –jóvenes suponemos, aunque nunca es tarde...– que se embarquen también con viento favorable a bordo de su imaginación en pos de ese impagable tesoro que constituyen estas páginas, tesoro que a buen seguro jamás olvidarán.
La edición, espléndidamente traducida por Francisco Torres Oliver, incluye también catorce láminas a color del ilustrador norteamericano N.C. Wyeth.
Ficha editorial
La isla del tesoro
Robert Louis Stevenson
Traducción de Francisco Torres Oliver
Colección: Avatares / AV–039
Año: 2009
ISBN: 97884–7702–311–1
Págs: 240
Copyright de la nota editorial © Valdemar. Reservados todos los derechos.
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