"Se desarrolla esta novela en el Dorado Poniente de la América del Norte, el país de las minas de oro, de los cowboys, del pugilato y el boxeo, de los indios y de los bisontes. Lances de amor, de audacia y de fortuna".
Así resumía la vieja edición de Saturnino Calleja el contenido de La sovrana del campo d'oro (1905), una aventura con la que Salgari nos traslada al Lejano Oeste.
No falta acá ningún tópico del western: Buffalo Bill, Apaches y Navajos, perversos forajidos...
La protagonista del relato, Miss Annia Clayfert, es una bella joven cuyo padre ha sido raptado por unos bandidos que piden un enorme rescate. Sin otro recurso que su atractivo, Annia se somente a una subasta pública. Quien puje más alto, obtendrá su mano, y así ella obtendrá el dinero para liberar a su progenitor.
Compiten en la subasta un joven ingeniero de minas, William Harris, y un potentado hombre de color, Simon Kort. Este último ha logrado hacer fortuna con la pesca y el comercio fluvuial, y por ello es apodado el Rey de los Cangrejos.
Como el lector supondrá, el ingeniero no tiene los recursos necesarios para ganar al Rey de los Cangrejos, pero urde un plan. Ayudado por un joven escritor, Harry Blunt, se las ingenia para escarpar rumbo al Oeste con Annia. Su idea es liberar cuanto antes al padre cautivo.
"Las novelas de Emilio Salgari –escribe Enrique Fernández de Córdoba y Calleja– merecen un trato aparte. El novelista italiano Emilio Salgari (Verona, 1862 - Turín, 1911) fue leído con pasión por la juventud española gracias a su publicación por Calleja, a lo largo de al menos 40 años. Sandokán (el fiero Tigre de la Malasia, enamorado de la bella Mariana y cuyo brazo derecho era Yáñez, el flemático portugués), el Corsario Negro, el León de Damasco, etc., fueron héroes cuyas tremendas aventuras conocíamos al dedillo. Desde niños sabíamos que la daga y el barco malayos eran, respectivamente, el Kriss y el Prao, que el conductor de elefantes en la India era el Cornac, y conocíamos las perversas costumbres de la secta hindú de los estranguladores Thugs, que adoraban a la sanguinaria diosa Kali. De la mano de Salgari, luchamos contra los turcos en Damasco y contra el fanático Mahdí en Sudán, y con los indios Navajos y Apaches de las praderas americanas y con los bandidos del Sahara; pescamos ballenas cerca del Polo Norte y recorrimos el Polo Austral en bicicleta; conocimos la vida de los Faraones y de los Califas, vivimos emocionantes aventuras en Australia y en Siberia, en la costa de Marfil, en la Indochina francesa y con los mineros de Alaska; pescamos perlas en el Golfo de Bengala, buscamos el tesoro de los Incas y participamos en la guerra ruso-japonesa" (Saturnino Calleja y su editorial. Los cuentos de Calleja y mucho más, Ediciones de la Torre, 2006).
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