Al profano le parecerá que un relato, sea literario o cinematográfico, queda siempre bajo el control del narrador. La versión de Barney, de Mordecai Richler, y su adaptación al cine, El mundo según Barney, de Richard J. Lewis, dejan claro que los narradores también pueden padecer pérdidas irrecuperables de la memoria.
La autobiografía Del tiempo y de las fiebres, del celebrado autor Terry McIver, va a desencadenar la furia de Barney Panofsky, compañero de los tiempos en que ambos llevaban una vida bohemia en París y ahora anciano sesentón enriquecido, con problemas de próstata, amante de los whiskies de malta y de los puros habanos, políticamente incorrecto, mujeriego y con una sombra en su pasado: la acusación del presunto asesinato de su mejor amigo.
Es el momento de escribir sus memorias y de dar su versión. La versión de Barney. Sostenido por el convencimiento de que la vida es absurda y de que en realidad nadie entiende a nadie, honesto consigo mismo ya que no para con los demás, rebobinará la cinta de sus recuerdos, iluminando fragmentos aquí y allá, siempre a merced de una memoria que lentamente le sume en la oscuridad, siempre obsesionado por las tres mujeres que han marcado su existencia para bien o para mal: Clara, su primera esposa; la Segunda Señora Panofsky, y finalmente Miriam, la sosegada y bella mujer con la que estuvo casado durante años.
«Esta es mi historia, mi única historia, y pienso contarla exactamente como me venga en gana», nos dice Barney Panofsky.
La novela original
Desde el fallecimiento de Mordecai Richler en 2001 a la edad de 70 años, su obra, que comprende diez novelas, nueve colecciones de ensayos, tres cuentos infantiles y dos libros de viajes, una colección de historias cortas y más de media docena de guiones cinematográficos (entre los que cabe destacar uno nominado al Oscar), sigue siendo uno de los legados literarios más significativos de Canadá.
Publicada en 1997, la novela fue proclamada inmediatamente como la mejor obra del autor. Los Angeles Times la llamó “el mayor logro de Richler” y Time Magazine la describió como “exuberante”, “escrita maravillosamente” y “escrita con astucia para conseguir el mayor suspense y muchas carcajadas”.
Barney Panofsky fue llamado “el mejor héroe de Richler hasta la fecha”.
Con casi 400 páginas, el libro es una cándida confesión del mismo Barney realizada al aproximarse a los 70 años, como Richler cuando la escribió, y con el presentimiento de una muerte cercana.
Barney tiene que contar su vida o, mejor dicho, darnos su versión, porque su peor enemigo acaba de publicar un libro en el que aparecen todas las desilusiones, los escándalos y los secretos del pasado de Barney; los diversos y, a veces, oscuros tratos empresariales; los tres matrimonios que han llegado a su fin y, ese es el mayor problema, la misteriosa desaparición aún sin resolver de Boggie, su mejor amigo, un posible asesinato del que Barney es el principal sospechoso.
Dado que la memoria de Barney se ha hecho algo borrosa con la edad y como tiene la fea manía de emborracharse como una cuba en los momentos clave de su vida (en al menos una de sus bodas y en la antes mencionada muerte de Boogie), Barney decide embarcarse en una apología épica, no sólo porque necesita explicar su vida a los demás, sino también a sí mismo.
“La auténtica historia de mi malgastada vida”, según Barney, es una versión sin tapujos revelada por alguien profundamente consciente de sí mismo en cuanto a sus peculiaridades, deslices y fallos personales.
Pero las personas familiarizadas con los protagonistas de Richler, no sólo de sus novelas sino también de las adaptaciones cinematográficas, como The Apprenticeship of Duddy Kravitz y Vidas turbulentas, saben que hasta un personaje con defectos merece ser explorado en profundidad en una novela o en una película.
Descrito como “falstafiano” por The New York Times, Barney Panofsky tiene mucho en común con el obsceno antihéroe y bufón de Shakespeare.
Ambos son conocidos por su excesivo consumo de alcohol; ambos son personajes que nos hacen reír y de los que nos reímos; ambos son en primer lugar figuras cómicas que hacen prueba de una profundidad inesperada. Pero, y esto quizá sea lo más importante, a ambos se les perdona sin dificultad porque son abiertos y sinceros a la hora de reconocer sus defectos. Son hombres que montan líos, que se meten en líos, y aceptan las consecuencias de sus acciones.
El profundo respeto que sentía por Barney Panofsky alimentó el deseo de Robert Lantos de llevar la novela de Mordecai Richler a la gran pantalla. “Leí La versión de Barney por primera vez cuando Mordecai me mandó el manuscrito”, recuerda el productor, que ya había colaborado con el autor al producir la adaptación de la intensamente autobiográfica Joshua Then and Now, de la que el propio Richler escribió el guión, Vidas turbulentas.
“El personaje de Barney me dice mucho”, añade Robert Lantos. “Es la historia de una vida plena vivida por un hombre con defectos y faltas, pero con el corazón donde debe estar”.
Haciendo hincapié en el hecho de que la novela, como Barney (y Richler), enmascara su corazón debajo de la irreverencia e incorrección política, Lantos dice: “En una época en que el mundo occidental, sobre todo la parte donde vivo, se ha unido sin rechistar a la dictadura de lo políticamente correcto, me pareció una necesidad hacer una película sobre un magnífico libro obsceno y lleno de irreverencias”.
Conocido por sus sátiras y por su tendencia a la provocación, Mordecai Richler era además un columnista controvertido que consiguió molestar a más de uno con sus fuertes opiniones políticas, religiosas y sociales. La coproductora Lyse Lafontaine (que también es de Montreal, como Richler y Lantos) dice: “Consiguió, en un momento de su vida, que le odiaran las tres comunidades más importantes de Montreal, que en esa época eran los canadienses franceses, los WASP (blancos anglosajones protestantes) y los judíos. Tenía opiniones muy ingeniosas acerca de la sociedad y era muy generoso repartiendo críticas, muy democrático”.
No cabe duda de que Barney Panofsky, otro cáustico cascarrabias, siempre dispuesto a ofender a amigos y enemigos (y no digamos a ex mujeres e hijos), fue creado a imagen y semejanza de Mordecai Richler. Como él, y un gran número de los protagonistas del autor, Barney viene de la zona de Miles End, en Montreal, un barrio de clase media trabajadora mayormente judía, en una ciudad, provincia y nación que no lo es para nada. Con la rémora de ser un ciudadano de segunda, Barney intenta desesperadamente “ser alguien” y se lanza a una serie de aventuras empresariales: importación/exportación, captación de fondos y, finalmente, producción televisiva, para alcanzar el éxito. Pero por mucho que consiga, Barney siempre se siente indigno y desea ser lo que no es. A pesar de no tener talento, excepto para ganar dinero, el negocio de importación-exportación le lleva a Roma, donde vive “la vida bohemia”, se codea con (y financia a) un sinfín de artistas, entre los que está su mejor amigo Boggie (encarnado en la película por Scott Speedman), escritor al estilo de Byron, donjuán, toxicómano, al que Barney adora y envidia, y donde conoce a Clara (Rachelle Lefevre), una pelirroja de espíritu libre que se convierte en la primera Sra. Panofsky.
De la novela a la pantalla
El agridulce, divertido y sorprendente recorrido vital de Barney fue el tema de esta famosa novela del canadiense Mordecai Richler, que ahora pasa al celuloide con Paul Giamatti en la piel de Barney Panofsky, Rosamund Pike como Miriam, su tercera esposa, y el incombustible Dustin Hoffman como Izzy, su padre.
Completan este impecable reparto Anna Hopkins, Jake Hoffman, Bruce Greenwood, Rachelle Lefevre, Minnie Driver, Scott Speedman y Saul Rubinek. Además, para alegría de los cinéfilos más recalcitrantes, intervienen, en brevísimos cameos, algunos de los realizadores canadienses más conocidos del panorama actual: Atom Egoyan, David Cronenberg, Paul Gross y Denys Arcand.
Teniendo en cuenta el origen de la obra, cobra sentido que la cinta se rodara en Montreal, con escapadas a Roma y Nueva York.
El guión de Michael Konyves respeta profundamente a su referente literario, y a estas alturas, ya es una idea generalizada entre los críticos que su puesta en escena se sigue sin pestañear.
Nos hallamos ante una autobiografía intensa, llena de personajes, y asimismo repleta de interesantes lapsos, vacíos e incluso contradicciones motivadas por el alcohol y otras razones que no adelantaré. Descuidos que en el libro de Richler son corregidos aquí y allá por el hijo de Barney, Michael, y que en la película han supuesto un verdadero reto narrativo para Richard J. Lewis.
Tres matrimonios con sus correspondientes fracasos, y la desaparición de su amigo Bernard "Boogie" Moscovitch, con su secuela detectivesca y legal, sirven de esqueleto a una trama que oscila entre lo cómico, lo romántico y lo conmovedor, y en la que ningún gesto debe pasar inadvertido, porque servirá al espectador para comprender la singular naturaleza del desenlace.
Será en ese punto, al asomarnos al mundo crepuscular del viejo Barney, cuando comprendamos el destino que le espera en el último tramo de su apasionante trayectoria vital.
Ficha editorial
La versión de Barney
Mordecai Richler
Mondadori - 05/2000
17,00 €
Páginas: 440
ISBN: 8439703732
Copyright de la sinopsis © Random House-Mondadori. Reservados todos los derechos.
Copyright de "La novela original" © Serendipity Point Films, Fandango, The Harold Greenberg Fund. Cortesía de Universal Pictures Spain. Reservados todos los derechos.
Copyright de "De la novela a la pantalla" © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.
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