Al igual que otras novelas de Emilio Salgari ambientadas en América del Norte, I Minatori dell'Alaska (1900) es un canto a la naturaleza salvaje del continente, llena de peligro y al mismo tiempo hermosa e inspiradora.
Las claves de este relato no son especialmente originales. En todo caso, hay varios momentos sumamente logrados, que al lector veterano le recordarán a Jack London.
Por lo demás, Salgari no se ahorra objetivos para describir los paisajes norteños y las peripecias que en ellos suceden.
"Bennie y su joven compañero –leemos en el primer capítulo– hallábanse en la parte más abrupta y bravía del estrecho valle, o, mejor dicho, del largo desfiladero. Aunque apenas serían las doce. La luz era escasa, pues el sol no podía penetrar hasta el fondo del valle a causa de hallarse como encajonado entre las altísimas paredes roqueñas revestidas de plantas trepadoras, de musgo y de césped. A diestra y siniestra de los cazadores, espesísimos matorrales, fuera de los árboles seculares de exuberante ramaje, ensombrecían aún más el desfiladero. No se oía el gorjeo de un ave ni gritos de animal alguno; solamente, muy lejano, llegaba a los oídos de los dos hombres el rumor sordo y continuo de una cascada, o quizá de una caída de agua en lo alto de la montaña. Bennie y Armando, con las escopetas preparadas y conteniendo la respiración, escuchaban ansiosamente. En sus facciones, de ordinario tan serenas ante el peligro, manifestábase una vaga inquietud, quizá causada en gran parte por lo agreste y bravío del sitio y por el silencio y la soledad del desfiladero" (Los mineros de Alaska, Editorial Gahe, 1972).
"Emilio Salgari –escribe Armonía Rodríguez– nació en la ciudad italiana de Verona en el año 1863. Se dedicó en su inquieta juventud al periodismo hasta que, más tarde, decidió estudiar la carrera de náutica. Incansable viajero, acabó por dedicarse enteramente a la literatura y en este campo, ciertamente, fue el primer -por no decir único- escritor de aventuras que tuvo Italia hasta fines del siglo XIX. Sus novelas han recorrido el mundo entero (...) Salgari no ha disfrutado de la simpatía de los críticos ni tampoco de la de los padres de los muchachos a quienes destinaba sus novelas de aventuras. En su propio país ha sido considerado durante mucho tiempo como un escritor menor; como alguien que no era capaz de ofrecer una buena prosa y que, en suma, merecía ser ignorado por la élite que quería escribir bien en italiano. Así fue relegado a un cierto olvido. Pero tras este periodo de ostracismo, Salgari -como uno de sus héroes más célebres, Sandokán- vuelve para tomarse la revancha. Hoy en día su popularidad vuelve con renovado brío" (Prólogo de El Capitán Tormenta, Ediciones Auriga, 1984).
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