"Los Mohicanos de París", de Alejandro Dumas

Los mohicanos de ParisSi hay un autor en las letras francesas digno de figurar en las bibliotecas de jóvenes y adultos, ése es el genial Dumas.

Aunque Los Mohicanos de París es una de sus obras maestras, no figura entre sus creaciones más conocidas. Emprendió su vida comercial en 1854, en las páginas del diario Le Mousquetaire. La primera serie de este folletín se prolongó hasta 1856. Posteriormente, apareció en las páginas de Monte–Cristo entre 1857 y 1859.

Cuando llegó el momento de editarlo en forma de libro, la edición se dividió en dos novelas: Los Mohicanos de París (Les Mohicans de Paris, París, Cadot, 19 vols., 1854–55) y Salvador (Salvator, París, Cadot, 14 vols., 1855–59)

En esta oportunidad, Dumas requirió la ayuda de Paul Bocage para completar el texto.

Con un ritmo más pausado que en otras de sus creaciones, el autor entrecruza varios argumentos que se desarrollan 1820 y 1830,

Como una auténtica comedia humana, Los Mohicanos de París recorre los distintos estratos sociales de la ciudad. Son muchos los personajes que colorean el relato, pero el principal de ellos es Salvador, acompañado por sus amigos: el poeta Juan Roberto, el doctor Ludovico y el pintor Petrus.

Dos enigmas impulsan la narración: el descubrimiento de qué ocurrió realmente en 1820, cuando fue asesinada la familia Tardieu, y el modo en que Salvador se venga de la familia de los marqueses de Valgeneuse.

Publicado en español en 1889, (Librería de Ch. Bouret. París), el libro ha conocido desde entonces diversas ediciones, pero están descatalogadas y ninguna de ellas es fácilmente accesible en nuestro idioma.

¿Cómo era Dumas en la época en que escribió esta novela? El 22 de mayo de 1855, Delacroix escribe en su diario: "Dumas me ha enviado recado esta mañana para saber si estaré en casa; le contesto que me encontrará a las dos. Me pide que le informe sobre una serie de cosas que no sé qué interés pueden tener para el público: detalles sobre la manera cómo pinto, mis ideas sobre el color, etcétera. (...) Me ha dicho que tiene en marcha una serie de proyectos que deben asegurarle su futuro, algo así como 800.000 francos para empezar, sin contar lo que vendrá. El pobre empieza a estar harto de escribir día y noche y de no tener nunca ni un céntimo. Estoy agotado, me ha dicho, dejo a medio escribir, dos novelas; tengo ganas de salir de aquí, de viajar y de ver, si a mi regreso, algún Alcides ha rematado estas empresas inacabadas".

"Está persuadido –continúa– de que, como Ulises, dejará un arco que nadie será capaz de tender. Mientras tanto, no se siente viejo en absoluto y en muchas cosas actúa como un joven. Tiene amantes e incluso las fatiga: la muchacha que fuimos a buscar para llevárnosla al teatro le pidió que la dejara descansar: el ritmo de vida que le impone la agota. El buenazo de Dumas la visita cada día, se ocupa de lo esencial del menaje y no se preocupa de los devaneos de la chica. ¡Feliz él! ¡Feliz despreocupación! Merece morir como los héroes, sobre el campo de batalla, sin conocer las angustias del final, la pobreza irremediable, la soledad" (Edmon Vallés, "Dumas revolucionario", Historia y Vida, nº 81, diciembre de 1974).

"Y, en efecto, Dumas –escribe Andre Maurois–, que vivía en el tercer piso, sentado ante una mesa de abeto, vestido solamente con unos pantalones de trabillas y una camisa rosa, escribía sin descanso quilómetros de Memorias. Se divertía devolviendo a la vida a su padre, su madre, Villers–Cotterets, la niñez en los bosques, los cazadores furtivos, sus principios en el teatro ... De paso, trazaba retratos: el de Leuven, el de Oudard, el de Luis–Felipe, el de Marie Dorval. Se extraviaba en largas digresiones, contando toda la vida de Byron, o toda la juventud de Víctor Hugo. No podía decirse que construyera con tino, pero el conjunto resultaba ameno, divertido, interesante y ciertas páginas (las dedicadas a la Dorval, por ejemplo), eran realmente deliciosas. Al mismo tiempo que sus recursos, publicaba Los mohicanos de París (con Bocage), Los camaradas de Jéhu, una serie de Grandes hombres en bata, para la cual, cuaderno de papel blanco en ristre, iba a interrogar a Delacroix, quien gemía: «Este terrible Dumas, que no suelta su presa, ha venido a pescarme a medianoche, con su cuaderno de papel blanco en la mano. ¡Sabe Dios cómo dispondrá de los detalles que tan estúpidamente le he confiado! Le quiero mucho pero estoy compuesto por elementos muy diferentes a los suyos».Su público le seguía, Le Mousquetaire tiraba diez mil ejemplares, lo cual era mucho en aquella epoca difícil" (Los tres Dumas, Plaza & Janés, 1964).

Copyright © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

logonegrolibros

Términos de uso y Aviso de privacidad. ISSN 2530-7169 (Ilustración: Kellepics, CC)

  • La imperfecta perfección
    Escrito por
    La imperfecta perfección Estaba chateando hace unos días con una amiga. Me extrañó que tardase tanto en sus respuestas y le pregunté si es que corregía las frases que escribía antes de enviarlas. Me dijo que sí: “Ya…
  • El cante jondo
    Escrito por
    El cante jondo No soy habitual ni experto en cante jondo. Alivio para caminantes, a la hora de escribir sobre él. Confieso que sólo me atrapa el jondo si estoy en el lugar donde se produce y si…

logonegrociencia

Comfreak, CC

Trestesauros500

Vlynn, CC

Cartelera

Cine clásico

logonegrofuturo2

Imagen © Richard Kingston (young rascal)

logonegrolibros

MystycArtDesign, CC

logonegromusica

Fradellafra, CC

  • Una Norma diferente
    Escrito por
    Una Norma diferente En el marco del Festival de Martina Franca, especialista en exhumaciones curiosas y versiones infrecuentes, Rodolfo Celletti ideó una reposición de Norma para la temporada 1977. Confió la protagonista a Grace Bumbry, una voz de…

logonegroecologia

Coffy, CC