Típica novela de acción desenfrenada y ambientación exótica, I Naufragatori dell'Oregon (1896) es una interesante alternativa para quienes desean explorar a fondo el mundo de Emilio Salgari.
En este caso, la obra sigue las normas del folletín: giros del destino, imprevistos de la suerte y un trasfondo de injusticia contra el que deben rebelarse los protagonistas.
Por un lado, tenemos al aventurero O'Paddy, a sueldo del potentado Wan Baer, quien planea apropiarse de la herencia que legítimamente corresponde a dos jóvenes, Amelye y Dik.
Por otro, conocemos a Held, otro hombre acaudalado, tutor de los dos muchachos, y dispuesto a defenderlos ante cualquier infortunio. En este caso, entre los peligros se incluyen piratas, peligrosas fieras y cazadores de cabezas.
El episodio que da título a la aventura alude al barco donde viajan los personajes, el Oregón, que naufraga en el momento menos oportuno.
"Otra interesante novela de Salgari –leemos en la antigua edición de Saturnino Calleja– desarrollada esta vez en la isla de Borneo, en la Melanesia, y en algunas otras del archipiélago de la Sonda. Dos huérfanos han heredado una considerable fortuna que trata de arrebatarles con malas artes un desaprensivo pariente suyo. De esta acción principal se derivan múltiples episodios que proporcionan ocasión al autor para damos a conocer con precisos detalles la fauna y la flora así como la vida y costumbres de los habitantes que pueblan aquellos exóticos países".
"Entre los nombres italianos que se han difundido en la literatura universal –escribe Carmen Bravo-Villasante– está el de Emilio Salgari, escritor fecundísimo, nacido en un pueblecito de la región de Verona, que tras varias vicisitudes entra a sueldo de un editor de Turín y se compromete a entregar tres novelas de aventuras al año. Por esta época es frecuente el caso del escritor asalariado, fabricante de folletines en serie, y de novelas de capa y espada, detectivescas, de misterio e intriga, que entrega a la voracidad de un público lector juvenil y adulto. La industria editorial tiene montado este negocio a gran escala. Cuando no es un grupo que fabrica estos productos literarios, suele ser un talento individual el que se encarga de la fabricación de libros. Este es el caso de Emilio Salgari, el autor de la proeza que acaba con su salud mental. Honrado cumplidor del encargo, con dotes literarias más que suficientes para darse cuenta de la dignidad de su oficio, Salgari trabaja contra reloj para poder cumplir la tarea, al tiempo que se esfuerza por mantener un tono noble en el relato" (Historia de la Literatura Infantil Universal, Doncel, 1971).
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