Sin duda, nos hallamos ante la novela más popular de Alejandro Dumas, padre. Los tres mosqueteros (Les Trois Mousquetaires) apareció por entregas en las páginas de Le Siècle, entre marzo y julio de 1844. Ambientada en el siglo XVII, la obra inmortalizó a los cuatro mejores espadachines del Regimiento de Mosqueteros del Rey: los inolvidables D'Artagnan, Athos, Porthos y Aramis.
"Dumas –escribe André Maurois– había meditado en su nuevo oficio mucho más de lo que pueda pensarse. Había estudiado con atención los métodos de Walter Scott. Éste situaba antes que nada a los personajes, describiendo extensamente sus rasgos de forma que, en adelante, el lector los reconociera inmediatamente. (...) La técnica del escritor de folletines exigía que cada entrega tuviera un final brillante, que dejara al lector en suspenso. (...) El éxito de El caballero de Harmental hizo comprender a Dumas que en la idea de novelar la historia había una mina de oro. Por esto se mostró entusiasmado cuando [su colaborador] Maquet le confió el plan de un libro acerca de los tiempos de Luis XIII, de Richelieu, de Ana de Austria y de Buckingham, novela que se convirtió en Los tres mosqueteros. ¿Quién de los dos autores fue el primero en descubrir las Mémoires de monsieur d'Artagnan capitaine-lieutenant de la premiére compagnie des Mousquetaires du Roi, memorias apócrifas escritas por Gatien de Courtilz (...) y publicadas en Colonia en 1700, y en 1704 en Amsterdam por Jean Elzévir? Maquet sostiene que fue él. Una ficha de la Biblioteca de Marsella demuestra que Alejandro Dumas pidió prestado este libro en el 1843 y no lo devolvió jamás. El bibliotecario, que era su amigo Méry, debió de mostrarse indulgente" (Los tres Dumas, Plaza & Janés, 1964).
"Cualquier lector del mundo entero, cualquier iletrado espectador de cine o televisión –escribe Néstor Luján– conoce perfectamente el D'Artagnan de Alejandro Dumas. Contra lo que los sabios de segunda mano puedan argumentar, el héroe ficticio no se diferenció ni física ni psicológicamente del personaje histórico de la regencia de Ana de Austria y de los años juveniles de Luis XIV. (...) El D'Artagnan de Dumas es el mismo personaje histórico, pero muy corregido y algo mejorado. Creemos que será interesante contar su historia para establecer diversas comparaciones. Disponemos de dos libros importantes y escrupulosos sobre el espléndido tipo. El de Charles Samaran, D'Artagnan, capitaine des musquetaires du roi, histoire veridique d'un heros de roman (1912) y la obra del duque de Montésquieu-Fezensac, descendiente directo de D'Artagnan, titulada Le vrai D' Artagnan (1963). En ambos libros existen datos suficientes para trazar la silueta humana del capitán de mosqueteros. Alejandro Dumas dispuso de unas memorias apócrifas, escritas por Gratien Courtilz de Sandras (1644-1712) y de ellas aprovechó el perfil biográfico y gran cantidad de detalles sobre el personaje" (Athos, Porthos, Aramis y D'Artagnan, "Historia y Vida", 1988).
Nota editorial
Es fama que la inteligencia natural de Dumas corrió parejas con su ignorancia primera. Nadie duda que supiera leer y escribir: incluso tuvo buena caligrafía; se asegura que en aritmética no pasó de la multiplicación; leyó la Biblia, un tratado de mitología y algunas páginas de la Historia natural de Buffon; con esto, y una habilidad especial para el baile, la esgrima y el tiro, se lanzó a la conquista de París.
Si hemos de creer a Ferdinand Brunetière, la vida de Dumas es «la más divertida de sus obras, y la novela más curiosa que nos ha dejado es la de sus aventuras».
Fue copista en la cancillería del duque de Orleáns; devoró con desorden y fervor lo mismo a Esquilo y a Plauto que a Schiller o Molière, y desde luego a Walter Scott; hizo varias fortunas, se arruinó otras tantas y fue perseguido por deudas.
Tuvo un palacio y fue amigo de Garibaldi, de Hugo y de Vigny: vez hubo en que estos últimos le arreglaron sus versos. Se cuenta que, oyendo a Victor Hugo leer Marion de Lorme, dijo: «¡Ah, si con mi facilidad para el teatro, supiera yo escribir versos como esos!».
Triunfó en el teatro. Antony alcanzó un éxito solo comparable al del Hernani de Hugo.
Hace unas décadas, cuando apenas se podía vivir sin Sartre, todo el mundo había leído Kean. Pero muchos menos recuerdan que la obra de Sartre era una adaptación de otra de Dumas. En ella Sartre ponía en boca del célebre actor romántico Edmund Kean (1787-1833) estas palabras: «Los hombres serios necesitan ilusiones».
Dumas, o la necesidad de una ilusión. Claro que luego añadía que un actor «es una imagen de linterna mágica». Un espejismo, puntualizó otro.
Triunfó en el folletín. «Jamás —ha escrito Maurois—, en toda la historia de la literatura francesa, se ha dado un caso de fecundidad comparable a la de Dumas… Sin tregua, novelas de ocho y diez volúmenes aparecen en los diarios y en las librerías».
Dumas, o el imperialismo histórico: como su Edmond Dantès, también él fue un cupitor impossibilium.
Ficha editorial
Los mosqueteros I
Los tres mosqueteros. Veinte años después
Alexandre Dumas (Autor), Javier La Orden Trimollet (Preparador)
Colección: Bibliotheca AVREA
15,7 x 21,7 cm.
1440 Páginas
Cartonado
ISBN: 978-84-376-2265-1
43,00 € IVA incluido
Octubre 2005
Copyright de texto e imágenes © Ediciones Cátedra. Reservados todos los derechos.
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