En los cuentos de Andersen, el Mal se transfigura en belleza artística y motor de fantasías colectivas. Por eso mismo, el vuelo imaginativo de sus relatos, engañosamente infantiles, despierta inquietudes y deseos que sólo alcanza a sentir el lector adulto.
El paradigma de todo ello es esta rara joya titulada Los zapatos rojos (De røde sko), editada por C.A. Reitzel en Copenhague el 7 de abril de 1845, dentro de la tercera colección de cuentos de hadas que Andersen dio a la imprenta.
El tiempo tiende a poner las cosas en su sitio, y también añade a esta obra connotaciones imprevistas. Así, es difícil leer Los zapatos rojos sin que la memoria nos devuelva el recuerdo de Las zapatillas rojas (The Red Shoes, 1948), la obra maestra de Michael Powell y Emeric Pressburger.
En aquella prodigiosa e incatalogable película, el cuento de Andersen servía de base a un ballet escenificado dentro de una trama bastante ambiciosa. En todo caso, había en el film suficientes datos para deducir que el móvil de sus directores no estaba lejos de la intención original del relato.
La protagonista del cuento, Karen, es una huérfana que escapa de la miseria gracias a la vieja y anciana señora que decide adoptarla. Unos zapatos rojos, propios de una princesa, se transforman en la perdición de Karen, cuya coquetería es castigada de una forma tan atroz como sofisticada.
Se trata, en cierto modo, de una aspirante a femme fatale sometida, en nombre de la moral protestante, a un destino terrible, con carácter ejemplar.
Entre Karen y ciertas heroínas de la novela gótica hay poca distancia, y para qué negarlo, su caso admitiría una lectura en clave de Grand-Guignol.
Así lo entendió –dicho sea de paso– un realizador coreano, Kim Yong-gyun, cuya versión cinematográfica de 1985 ponía en la pantalla todo el terror que sólo se intuye en el texto.

Para disfrute del lector, la fábula de Andersen se mueve en una dimensión extraña y misteriosa, con un arsenal de imágenes de lo más sugerente. Aquí todo es cuestión de perspectiva, sobre todo si queremos leer entre líneas.
Por eso mismo me parecen idóneas las admirables ilustraciones de Sara Morante, a quien descubrimos en el Diccionario de literatura para esnobs, que también publicó Impedimenta.
La ilustradora participa del sesgo siniestro del relato, y le aporta un grafismo tan elegante como el terciopelo negro.
Gracias a ella, las palabras de Andersen adquieren un sentido provocativo y perverso, como si la historia de Karen estuviera unida por sutiles vínculos con ese decadentismo que un día estudió Mario Praz.
Sumergidos en esa atmósfera estética, el fetichismo de Los zapatos rojos nos atrapa bajo una inspiración nocturna y refinada. ¿Irresistible? Claro que sí.

Nota editorial
La pequeña e infortunada Karen es una niña tan miserable que ni siquiera puede comprarse unos zapatos. Tras la muerte de su madre, es acogida por una anciana ciega que la toma a su cargo. Karen es una buena niña, pero algo diabólico anida en su alma infantil: la coquetería.
Hans Christian Andersen nació en Odense (Dinamarca) en 1805 y vivió una infancia pobre y desgraciada. Hijo de un zapatero instruido pero enfermizo y de una lavandera alcohólica, era habitual verle durmiendo debajo de un puente o mendigando una moneda por las calles.
A los catorce años se fugó de casa y se fue a Copenhague, donde intentó ser cantante de ópera y bailarín, pero ninguna de estas vocaciones cuajó. Son sus más de 150 cuentos infantiles, entre ellos El patito feo, El traje nuevo del emperador, La reina de las nieves, Los zapatos rojos, El soldadito de plomo, El ruiseñor, El sastrecillo valiente y La sirenita los que lo han llevado a ser reconocido como uno de los grandes autores de la historia de la literatura.
Murió en agosto de 1875, varias semanas después de caerse de la cama y producirse heridas de las que ya no pudo recuperarse.
Sobre la ilustradora
Sara Morante (Torrelavega, 1976) estudió Artes Aplicadas en España y en Irlanda, y ha asistido a varios talleres de litografía de Don Herbert, en Arteleku (San Sebastián).
Recibió el Premio Nacional de Arte Joven, categoría ilustración, del Gobierno de Cantabria en el año 2008, y sus trabajos han sido seleccionados y expuestos en el IV Premio Nacional de Litografía Ciudad de Gijón 09, Inmersiones 09 y Espacio Zuloa de Vitoria (ilustración ganadora del Good Shi(r)t, 2010).
Ha ilustrado para Impedimenta el Diccionario de literatura para esnobs, de Fabrice Gaignault, y Los zapatos rojos, de H.C. Andersen. También es autora de las ilustraciones del cuento gótico del ruso Vsévolod Garshín La Flor Roja (Nevsky), y del poemario Señal, de Raúl Vacas (Mundanalrüido). Asimismo, ha realizado diversas colaboraciones en prensa y publicidad.
ISBN: 978-84-15130-23-9
Encuad: Rústica
Formato: 15 x 19 cm
Páginas: 72
PVP: 15,60 €
Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.
Copyright de la nota editorial y de las imágenes © Impedimenta, Sara Morante. Reservados todos los derechos.
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