Manera de una psique sin cuerpo: relatos, poesía y metafísica, Macedonio Fernandez, Tusquets Editores, 2004.
Macedonio Fernández , Macedonio para los amigos. ¿Quién es Macedonio? Algunos quizá creyeron que había sido una creación de Jorge Luis Borges, aunque otros habían leído ya en aquel papel encontrado entre Papeles: «Yo nací en Buenos en una época muy 1874. No fue en ese preciso momento, claro, sino cuando Jorge Luis Borges resolvió «citarme» y lo hizo con tan pocas reservas en su elogio que a causa del riesgo terrible al que se exponía con tanta vehemencia yo aparecía, incluso, como el autor de todo lo bueno que él había escrito. En realidad, mi talento es el resultado de la usurpación de su obra y de una confusión con ella».
Así pues, Macedonio, «metido el cráneo dentro de un gorro de lana, cubierto por un poncho de vicuña bajo el cual asomaban los bordes de dos o tres sweaters de lana», que «actuaba a la distancia e influía sin hacer acto de presencia, marcó el rumbo de toda una generación intelectual argentina» y fue «un puro contemplativo que a veces condescendía a escribir y muy contadas a publicar».
Comentario
"Podemos discurrir –escribe Blas Matamoro– que individuo es aquello que queda de un hombre una vez que le hemos extraído todos sus componentes institucionales, pero esta individualidad tampoco cuadra con las cifras macedonianas. Él se produce en el lenguaje y el lenguaje es, por excelencia, la institución de las instituciones, la alacena de las categorías a la cual acuden, por alimento, todos los otros sistemas de instituciones.
Macedonio se queda a la intemperie de la vida institucional de la literatura, pero no fuera ni contra el lenguaje. Fuera del lenguaje sólo se puede estar con un módulo alternativo de signos, como pueden serlo la música o el álgebra.
Contra el lenguaje no hay sino el silencio. Ninguna de estas opciones es la macedoniana. El trabaja y es trabajado por el lenguaje, pero en esa zona en que las palabras se alteran y sublevan de sus usos impuestos, desmienten la expectativa y construyen la paradoja, ese saber que se da al margen de las verdades aceptadas, recibidas y transmisibles. Se da en la discontinuidad del lenguaje, en la actualidad pura e instantánea que es, propiamente hablando, su materia poética.
En otro sentido, desmontar al sujeto como ente único de imputación, esa firma que autoriza a toda una escritura como su propiedad ideal, es casi lo opuesto al individualismo, que consiste en robustecer al sujeto individual hasta convertirlo en universo.
Tampoco sirven las instituciones corrientes que permiten acotar y ordenar la historia literaria para meter a Macedonio en sus casillas, lo cual saca de las casillas, como es lógico, a más de un profesional.
Escuelas, movimientos, tendencias y generaciones son presupuestos que quiebran cuando se aborda el texto macedoniano. Si se aplica el rasero generacional, resulta que Macedonio es comilitón de Lugones, Larreta y Florencio Sánchez, es decir de dos protagonistas del modernismo y de un epígono del naturalismo.
Para entendernos o confundirnos más: un coetáneo del 98 español.
Esteticismo, decadencia, preciosismo, arcaísmo, voluntad heroica, retórica de la enfermedad, observación de la vida cotidiana, son tareas que incumben a los escritores de la edad de Macedonio y que nada tienen que ver con su estética.
Otro tanto se podría decir en cuanto a su encarrilamiento por doctrinas estéticas y fuentes de aprovisionamiento que pertenecen a eso que Pedro Salinas llama «crítica hidráulica» y que mejor es dejar en mano de los profesionales idóneos, es decir ingenieros de pantanos y fontaneros.
Podríamos pensar que el dominio de cierto tono conversacional, de cierto jadeo oral, de cierta pose de vacilación hablada, conectan a Macedonio con los escritores argentinos del ochenta, un grupo de causeurs cosmopolitas que vivió en los albores de la prosperidad victoriana y que tomó como paradigma de su escritura el diálogo erudito.
irónico, desencantado y chismoso de un club elegante para caballeros devotos de transtlánticos y legaciones extranjeras. Pero no.
Lo coloquial en Macedonio es una manera de escindir al sujeto entre dos escuchas que colaboran o pelean, entreverando sus discursos.
Los escritores del ochenta son el primer desencantada de los heroísmos bárbaros pero, en cierta manera, también, épicos, de los mayores.
Macedonio conversa consigo mismo, intentando provocar al lector a una tarea parecida.
Los del ochenta conversaban ante un público doméstico que no conocía ni podía conocer los bulevares parisienses, el Prater de Viena ni las estancias vaticanas.
Surge, entonces, un desfase generacional que aproxima a Macedonio y a los escritores de la vanguardia.
Ya en 1915, Huidobro y Güiraldes, dos señoritos sudamericanos que frecuentaban la sagrada París, intentaron, en vano, arraigarla en Buenos Aires.
Diez años más tarde, los jóvenes ultraístas y martinfierristas organizaban sus [aleos contra el filisteísmo desde los cafés de Corrientes y Florida.
Macedonio tiene que ver más con la juventud de esta generación que con la suya propia.
De ahí su participación en los grupos de la vanguardia y la importancia que cobra, como maestro, para algunos de sus individuos más señalados. (...)
Macedonio es, frente a este perfil de escritor orgánico, lo que podríamos llamar escritor inorgánico. Reniega de los géneros y, por ello, mal puede practicarlos.
Huye del fundamento y, entonces, mal puede desplegarlo en un sistema.
Ignora los precedentes y los coetáneos y, de resultas, carece de historicidad.
Su literatura, por llamarla de alguna manera, no pretende enseñar nada ni, en consecuencia, practica ninguna clase de magisterio ni se postula como socialmente necesaria, salvo en el orden de la diversión / aburrimiento.
Si el lector aprende algo de ella, es por su cuenta y riesgo, aprovechando, sobre todo, la lógica de lo accidental que irrumpe en el discurso como un temblor de tierra en la superficie de una ciudad habitada por la costumbre y la previsión".
Copyright de texto e imágenes © Tusquets Editores. Reservados todos los derechos.
Copyright de la cita © Blas Matamoro. El texto aparece publicado en Cine y Letras con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.
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