Escritas en tercera persona por Charles Dickens cuando éste aún no era el milagroso autor que convirtió la novela popular en alta literatura, estas Memorias son, como dice el tópico, el testimonio de una época y de un modo peculiar de entender el espectáculo.
Dickens las redactó por encargo, pero en ellas encontramos un vívido retrato del mítico clown Joseph Grimaldi, una de esas figuras que en la Inglaterra de fines del XVIII y comienzos del XIX alcanzaron una extraordinaria dimensión teatral
A Grimaldi (1778-1823) se le menciona como el primer payaso que se maquilló de blanco. A fuerza de talento, este arlequín de ascendencia italiana redobló el prestigio de su padre, el Signor Giuseppe "Iron Legs" Grimaldi, maestro de la pantomima y profesor de ballet en el Drury Lane.
Fue en ese escenario donde"Piernas de Hierro" conoció a la futura señora Grimaldi, una bailarina llamada Rebecca Brooker.
Bigger than Life
Si observamos su currículo, no hay duda de que Joseph Grimaldi tiene algo de personaje novelesco.
A los dos años, hizo sus pinitos en el Drury Lane, y a los tres, debutó en el Sadler's Wells.
Al igual que su progenitor –que dejó este mundo cuando Joseph celebró su noveno cumpleaños–, el protagonista de la obra que nos ocupa fue un genio de la pantomima: un género de extraordinaria aceptación entre los británicos.
En 1806 alcanzó su mayor triunfo con la representación de Harlequin and Mother Goose en el Covent Garden.
Su personaje, Joey, acabó transformado en estereotipo, y sus rutinas, inspiradas en la Commedia dell'arte, han pasado de generación en generación, por lo que podemos considerarle uno de los padres del circo moderno.
Aunque se retiró sin perder el cariño del público, acabó arruinado y casi inválido debido a los excesos de su actividad escénica.
Tras varias funciones en su honor celebradas en el Sadler's Wells y en el Covent Garden, le fue otorgada una pensión de cien libras anuales a cuenta del Drury Lane Theatrical Fund.
La espinosa cuestión de las memorias
Sus memorias, editadas en dos volúmenes por Richard Bentley, llegaron a los lectores en 1838.
Ilustrados con doce grabados del gran George Cruikshank y con un retrato de Grimaldi en el frontispicio, ambos tomos tenían un atractivo y manejable formato.
Dos años antes, Grimaldi había completado un manuscrito que se considera perdido. El estudioso Richard Findlater analizó el problema en Grimaldi: King of Clowns (1955), libro en el que insinuaba que esas páginas quizá reposen, semiolvidadas, en alguna colección privada.
El manuscrito original de la autobiografía fue retocado severamente por Thomas Egerton Wilks.
Intuyendo un buen negocio editorial, Bentley adquirió el texto y se lo dio a su hombre de confianza –Boz, sobrenombre tras el que se ocultaba el joven Dickens– para que le diese su forma definitiva.
Fue el padre de Dickens, John, quien escribió la obra al dictado. Sin embargo, este método no oculta un detalle que convierte la obra en una pieza altamente recomendable.
Me refiero, claro está, al hecho de que las Memorias de Joseph Grimaldi están repletas de elementos, situaciones y personajes claramente dickensianos.
Ficha editorial
Memorias de Joseph Grimaldi
Charles Dickens
Traducción, prólogo y notas de Eduardo Berti
288 páginas
Voces/ Ensayo • 156
Páginas de Espuma
ISBN: 978-84-8393-081-6
21,5 x 14 cm. Ilust. b/n
Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.
Copyright de la imagen © Páginas de Espuma. Reservados todos los derechos.
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