Publicada por vez primera en 1928, la presente obra viene a cumplir, respecto al análisis de los relatos, una función similar a la del Curso de Saussure para la teoría lingüística: la de fuente de inspiración fundamental de donde emanan todas las elaboraciones posteriores.
El detallado estudio de cien cuentos de hadas pertenecientes al folclore ruso permite al autor identificar la matriz originaria de donde han surgido todos los restantes.
Reconociendo a su precursor, Lévi-Strauss ha señalado su inmenso mérito, así como lo que ha llegado a calificar de “intuiciones proféticas”.
"Los formalistas –escribe Blas Matamoro– han fetichizado el texto literario, lo han colocado en el nivel de los fenómenos de la naturaleza, forzando su ubicación entre los productos de la Historia.
Sólo así se explica que Propp traspole, con sencilla maniobra epistemológica, el mundo de los cuentos folklóricos al mundo de la naturaleza, y con ello, los métodos de la zoología y la botánica a la investigación literaria.
El cuento se estudia como una forma orgánica natural; sus partes, como miembros y vértebras animales.
Propp coloca su obra bajo la advocación de la fisiología vegetal goetheana y se orienta por la botánica de Linneo.
Sus logros en el campo de la morfología y la taxonomía demuestran la impotencia de la estética formalista para constituirse en ciencia de la literatura.
La taxonomía es una disciplina auxiliar de la biología, la verdadera ciencia que estudia las constantes naturales, la que señala, bajo el velo de la apariencia empírica, la presencia de legalidades operativas.
Ya Trotski, en su polémica con el Opojaz señaló con toda lucidez el caracter "parcial, fragmentario, subsidiario y preparatorio" de los trabajos formalistas.
No se puede, a menos de rendirse al más crudo darwinismo social, traspolar la clasificación de legumbres y frutales sin historia, al mundo de los productos de la cultura, que cristalizan multitud de relaciones sociales.
A menos que el hallazgo de formas abstractas en el arte sea un camino hacia metas posteriores, las escatologías de las "formas universales, los arquetipos formales que son anteriores a la realidad y gobiernan el curso del mundo.
A ellos se dirige la reflexión platónica sobre el cielo trans-uránico, y la morfología universal de Spengler.
Todo ello basta para subrayar, con un aporte más, la total incompatibilidad epistemológica entre el método formalista como ideología y el materialismo histórico.
La crítica formalista ha llegado a exageraciones tales como la de sostener que el carácter de Don Quijote, su esencia de personaje inestable, deviene de la forma narrativa adoptada por Cervantes, Aparentemente, le habría bastado al autor con elegir, arbitrariamente, una forma narrativa para lograr, en su interior, el surgimiento del personaje Don Quijote.
Es cierto que personaje y "contenido" nunca se dan más allá de la forma del relato, pero no es menos cierto que no puede dar cuenta la mera forma, abstraída del texto y del contexto, acerca de la aparición de ella misma en cierto momento y lugar de la historia".
Copyright del comentario © Blas Matamoro. El texto aparece publicado en "Cine y Letras" con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.
Copyright del texto © Editorial Fundamentos. Reservados todos los derechos.
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