En su libro sobre Shakespeare (Shakespeare. La invención de lo humano, traducción de Tomás Segovia, Anagrama, Barcelona) Harold Bloom intenta redefinir el humanismo, situando al escritor inglés en la caracterización esencial de nuestro concepto de lo humano.
Es discutible esta exagerada simplificación, ya que el humanismo occidental, si bien tiene su recaída barroca (Montaigne, Pascal) viene de lejos, al menos desde el cosmopolitismo de Sócrates.
Pero lo relevante del planteamiento bloomiano es que, con toda sinceridad, escribe desde el pasmo y la idolatría que Shakespeare le produce. Son legítimos como vínculos de aproximación a un escritor. Finalmente, y de movida, lo que nos ligó con la escritura es algún tipo de relación afectiva y hasta corporal.
Luego, la crítica toma distancia y elabora un objeto.
Sin este pasaje, no hay operación crítica y la exclamación inicial, como en las historias de amor (te quiero, te adoro, te odio, te detesto, cielo e infierno de mi vida, etc.) continúa acorralada en la subjetividad del lector.
A Bloom le falla este salto. Lo traiciona el corazón, víscera ilustre. También, cierto patriotismo, pues Shakespeare tiene que ver con los ingenios universitarios y algún poeta metafísico, pero parece evadido de la compleja telaraña barroca, internacional, si las hubo. No hay Hamlet sin Segismundo, como no hay Lear sin Don Quijote, ni Pascal sin Gracián, ni Góngora sin Marino y suma y sigue.
Bloom ha intentado hallar la Biblia secular de nuestro tiempo.
Y, desde luego, no la ha encontrado en la literatura, que no es escritura inspirada por el Espíritu Santo, sino tarea humana que flota y arraiga en la historia. Admirar suele ser una manera de adorar y adorar, una manera de reconocer la santidad.
Pero, como en todo enamoramiento, hay que advertir que el resto de la humanidad que no comparte la fascinación del enamorado queda fuera del juego. Shakespeare colaboró a inventar lo humano, no lo inventó él solo.
Tan poco solo estuvo y está en su magnífica empresa, que lo rodeamos miles de lectores y espectadores, que seguimos inventando lo humano con su ayuda y la de tantos.
Copyright del texto © Blas Matamoro. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. El texto aparece publicado en Cine y Letras con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.
46 días atrás
47 días atrás
66 días atrás
198 días atrás
256 días atrás
346 días atrás
3046 días atrás
410 días atrás
448 días atrás
584 días atrás
597 días atrás
647 días atrás
1743 días atrás







































































