Ha llegado a esta redacción, de modo anónimo, un coqueto folleto, titulado Sonetos del amor oscuro (1935-1936), que proclama su carácter no venal, el estar impreso en Granada en 1983, y el ser el número 175 de los 250 ejemplares que componen la edición.
El colofón reza que la misma «se publica para recordar la pasión de quien los escribió...», especulando con el doble sentido de la palabra pasión: sentimiento exaltado y también padecimiento que lleva al sacrificio.
Sabemos que Lorca dejó escritos unos sonetos con este nombre y dos de los aquí incluidos (son once en total) ya han sido publicados, lo que permite deducir fácilmente la autoría del conjunto.
Pero el hecho de que el autor esté elidido y que la edición sea ajena al mercado otorga al folleto un aire de clandestinidad que no es su menor encanto.
¿Por qué lo del amor oscuro? Hay una lectura facilitona y tópica de estas palabras: se trata del amor homosexual, se da por supuesto el pretexto del texto.
Sin embargo, en vano se buscará en estos sonetos la menor referencia a un acto sexual de esa especie ni, mucho menos, a sentimientos pretendidamente homosexuales, ya que éstos no existen.
El amor prescinde de costumbres eróticas y la literatura amatoria, mucho más.
¿Acaso describe San Juan de la Cruz los orgasmos de la Amada junto al Amado cuando, según los alegoristas, otorga la femineidad al alma y la masculinidad a Dios? Lo homosexual aparece escasamente en Lorca, salvo que se hiciera de su obra una lectura basada en cierto difuso folklore gay y en sus tics, llevados a rasgos de estilo.
Más abunda, en cambio, la figura del travestido, sobre todo de la personalidad fálica que se disfraza de mujer, como Yerma o Bernarda Alba.
Y el peso barroco y andaluz de su liturgia basada en el traje, la caracterización del santo por su ropaje. En cualquier caso, hay más ocultamiento que mostración.
Estos sonetos apelan a la oscuridad del amor como una nota de su duelo.
Son poemas posteriores a la separación de los amantes, a la noche en que se pierden las formas individuales para dejar paso a la soledad y la nitidez del día.
La separación de los amantes, como el destierro, son formas de duelo, o sea, episodios de la muerte. El amor oscuro lorquiano es el amor muerto. Y es desde esta carencia desde donde se cantan los sonetos.
La invocación del amado es un modo de volverlo presente, de habitarlo con palabras y hacer, viceversa, de la palabra la habitación del ausente.
Copyright del texto © Blas Matamoro. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. El texto aparece publicado en Cine y Letras con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.
30 días atrás
46 días atrás
151 días atrás
151 días atrás
327 días atrás
360 días atrás
536 días atrás
901 días atrás
901 días atrás
901 días atrás
901 días atrás
2102 días atrás
706 días atrás








































































