"The Cult of the Amateur", de Andrew Keen
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- Categoría de nivel principal o raíz: SECCIONES
- Category: Libros
- Creado en 03 Mayo 2012
- Published: 03 Mayo 2012
- Escrito por Guzmán Urrero
Hay días en los que entro en Internet santiguándome porque no sé lo que me voy a encontrar dentro. Teclear un determinado término en el buscador no siempre tiene consecuencias positivas. Muchas veces descubro que las mayores insensateces y villanías escalan posiciones y se ofrecen como la primera o la segunda respuesta a mi consulta.
“Los mediocres y los indolentes –escribe Fernando Savater– siempre esperan su absolución por medio de la técnica: a veces la consiguen y lo llamamos progreso”.
"¡Qué exagerado!", me dirá algún lector. Por supuesto, no niego el milagro que Internet ha obrado con la comunicación, facilitando procesos y globalizando –esta vez de verdad– la información.
Sin embargo, ya va siendo hora de llevar la contraria a los gurús que se empeñan en repetir que todo el monte es orégano (Es decir: que Internet nos ha hecho mejores y que la creación cultural vive una nueva edad de oro gracias a este prodigio digital).
¿Inteligencia colectiva? Depende. Según y como. Si colaboran dos o más sabios, lo creo. Pero dos tontos dirán el doble de tonterías. Y puestos a irritar al personal, podríamos hablar sobre el efecto de las audiencias televisivas para no caer en la exageración de decir que la colectividad y el anonimato son extraordinariamente benéficos en el terreno cultural.
"Decir que gracias a Internet –añadía Savater en una reciente entrevista en El País– la erudición y las jerarquías intelectuales han desaparecido supone creer que alguien que dedica su vida a estudiar a Heródoto lo que quiere es tener en su cabeza todo lo que tiene la Wikipedia. La idea de la transformación que el saber produce en la persona y de que el saber no es una mera acumulación de noticias no se les pasa por la cabeza a los que piensan así. También la Enciclopedia Británica tenía más datos que cualquier ser humano y comprarla no nos hacía sabios. El acceso a Internet, tampoco".
Frente a los adalides del corta-pega de Wikipedia, Andrew Keen es de la misma opinión que Savater, y esa coincidencia se advierte en un libro fundamental, The Cult of the Amateur: How Today's Internet is Killing Our Culture.
Les anticipo que Keen no es un recién llegado a la Red, ni uno de esos paracaidistas intelectuales que opinan sin fundamento. Además de llevar una carrera académica envidiable, estuvo en el corazón de Silicon Valley desde mediados de los noventa, y allí lideró proyectos digitales de notable importancia.
La tesis central de The Cult of the Amateur es que los aficionados han tomado el mando en la producción cultural. Ahora es la audiencia la que dirige el show. La avalancha de contenidos gratuitos, generados y compartidos por amor al arte, ha ido abaratando la publicidad y erosionando otras posibles vías de ingreso. Con sus cimientos económicos resquebrajándose, los medios tradicionales —la prensa profesional, las productoras de cine, las editoriales— han sido sustituidos por un copypaste universal, que nos da acceso a casi todo sin reconocer la propiedad intelectual de casi nada.
De hecho, el narcisismo y el desdoblamiento de personalidad desenfocan la propia identidad de quienes circulan por la red.
Una vez desaparecidos los filtros profesionales de antaño, cualquiera –brillante o indocumentado– publica un blog o impone su opinión, sube un vídeo –ajeno o de cosecha propia– a YouTube o añade líneas a Wikipedia. El anonimato de la Web 2.0 elimina el factor de responsabilidad y diluye la autoría como si fuera un principio homeopático.
Es curioso que la misma corriente de opinión que llama progreso y genuina democracia a todo esto –¡Acabemos con los intermediarios y con el imperialismo cultural!– confíe ciegamente en la capacidad autorreguladora de Internet y en la idea de que la verdad y la excelencia siempre serán aupadas por los navegantes y por el algoritmo de Google.
Obviamente, la batalla de la opinión parece ganada por los campeones del eufemismo, que llaman "compartir cultura" a la piratería y "cultura libre" al plagio y al todo gratis. El comportamiento poco ejemplar de diversos sectores de la industria cultural ha hecho el resto: hoy el amateur representa un futuro digno, democrático y generoso, mientras que el profesional especializado es un fósil paranoico y reaccionario con escasas posibilidades de ganarse la vida dentro de la red. Casi sobra añadirlo: si este último encima se queja, los calificativos serán de mayor calibre.
Aunque caiga antipático a más de uno, Keen nos invita a meditar sobre ese futuro y sobre sus consecuencias. Algunos aún creemos que la cultura –o lo que llamamos alta cultura–, mal que nos pese, no debería ser un asunto plebiscitario.
Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.
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