"Vida de un escritor", de Gay Talese
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- Categoría de nivel principal o raíz: SECCIONES
- Category: Libros
- Creado en 15 Junio 2012
- Published: 15 Junio 2012
- Escrito por The Cult
Vida de un escritor combina el Talese más íntimo con un acceso a la “cocina” de su escritura. Nos hallamos ante una autobiografía intelectual desde sus inicios en el periódico de la universidad a su conversión en el periodista estrella de medios como The New York Times y Esquire.
Esta es una lección magistral sobre periodismo en la que Talese ofrece las claves para detectar una buena historia y contarla de manera que conmueva al lector.
El hijo de un modesto sastre italiano que se convirtió en una leyenda del periodismo, el hombre capaz de todo por contar una buena historia, desde rastrear a los tipos más excéntricos que pululan por Nueva York a intimar con un temible clan de la mafia italoamericana, desde frecuentar comunas nudistas e investigar la vida de estrellas del deporte después de que se apaguen los focos, habla en primera persona.
Pero Gay Talese ha compuesto unas falsas memorias ya que, para empezar, Vida de un escritor arranca en 1999 con un penalti fallado por una jugadora china en la Final de la Copa del Mundo de Fútbol Femenino.
Con la habilidad y el estilo que lo caracterizan el escritor va entremezclando, a partir de aquí, el retrato de sus familiares con sus primeros pinitos en el periodismo, saltando luego al equipo de béisbol de los Yankees y a sus restaurantes predilectos de Manhattan, para surcar después la redacción de The New York Times en los años 50 y conducirnos al backstage de algunos de sus libros más recordados como Honrarás a tu padre.
Una manifestación por los derechos civiles en la Alabama de los 60 nos llevará, por los meandros de la ávida pluma de Talese, a reflexionar acerca de la moral sexual de sus compatriotas a raíz de la prohibición de la novela El amante de Lady Chatterley y, décadas después, el escandaloso caso Bobbitt.
Hay mucho más, por supuesto, como una polvorienta aldea italiana, un edificio maldito en Manhattan, los más peculiares propietarios de negocios de restauración en la Gran Manzana, leyendas del béisbol, un pionero matrimonio interracial, los malditos correctores de estilo.
Lo íntimo y lo colectivo, lo profesional y lo social se anudan en un heterogéneo tour de force en el que por activa o por pasiva se brindan lecciones de magisterio periodístico.
Extractos de Vida de un escritor
Una oferta tentadora
“Al menos el oficio de sastre era ‘algo a lo que podría recurrir eventualmente’, me decía. También trataba de razonar conmigo mientras me repetía una oferta que, según debo admitir, tenía cierto atractivo en mis peores momentos de inseguridad.” “También me habían dicho que entre la clientela de este primo estaban el general Charles de Gaulle, varios directores y actores de cine franceses y otras personas prominentes que mi padre esperaba que me convencieran de que la profesión de sastre tenía su aspecto glamoroso”.
Primeras lecciones
“La tienda era una especie de talk show en el que la conversación fluía gracias a la simpatía de mi madre y sus oportunas preguntas; y aunque yo era apenas más alto que los mostradores detrás de los cuales solía esconderme a escuchar, ahí empecé a aprender muchas de las cosas que me serían útiles años después, cuando comencé a entrevistar gente para mis artículos y libros. Aprendí a no interrumpir a la gente cuando tiene dificultades para hablar de lo que le pasa, porque durante esos momentos de duda e inseguridad (tal como me enseñó la habilidad de mi paciente madre para escuchar) la gente suele revelar muchas cosas. Aquello de lo que tenían dudas al hablar decía mucho sobre ellos”.
80% desechable
“He pasado semanas enteras negociando entrevistas con personas reticentes que, cuando por fin hablaban conmigo, no revelaban nada informativo. He viajado cientos y miles de kilómetros siguiendo pistas que, al final, no me llevaban a ninguna parte. El ochenta por ciento de la información que consigo a través de la gente termina en el cubo de la basura. No obstante, no podría haber descubierto el veinte por ciento que me resulta útil si no me hubiese abierto camino a través del otro ochenta por ciento que, en el análisis final, resulta servible”
Excentricidades de un escritor
“La mayor parte de los útiles de escritorio y máquinas con las que trabajo en Nueva Jersey y Nueva York son parejas idénticas; cada vez que veo cosas que me gustan y necesito, y también cuando pienso en el día que esas cosas sean consideradas obsoletas o dejen de fabricarlas, invariablemente compro dos de cada una; una para cada casa; así que hoy día tengo parejas de ordenadores, impresoras, máquinas de escribir, fotocopiadoras, cubos de basura, sacapuntas y bolígrafos, así como de otros elementos de uso regular, como afeitadoras eléctricas, raquetas de tenis, batas, camisas y pares de zapatos. Al ser de naturaleza impetuosa, alguien que a menudo se desvía de los planes de viaje previamente arreglados y cuya tendencia a empacar de más se ve compensada por la falta de pasión por cargar equipaje, me consuelo pensando que, al menos cuando viajo entre Nueva Jersey y Nueva York, sólo tengo que llevar las llaves de la casa. Pero como rara vez me deshago de algo, excepto de las páginas que escribo, vivo rodeado en estas casas de cosas que ya no se fabrican ni se venden que, en alguno casos, no sirven, como una lámpara de escritorio con el interruptor oxidado que tengo en nueva Jersey”.
¿Ficción o no ficción?
“Cada día que pasaba en el edificio del Times tomaba nota de los escritores cuyos nombres veía en las tapas de los libros que llevaban bajo el brazo mis compañeros mayores cuando iban en el ascensor y, a veces, oía a hurtadillas las discusiones que se suscitaban alrededor de tales libros mientras almorzaba en la cafetería. Como ahora leía los suplementos literarios y estaba suscrito a The New Yorker por primera vez, me empezaba a dar cuenta de que incluso unos cuantos escritores de ficción famosos habían escrito ocasionalmente acerca de eventos deportivos y atletas en sus novelas y relatos cortos”.
¡Castidad!
“A mediados del siglo XX, la mayoría de los norteamericanos promedio consideraba que besarse en público era algo inaceptable. Las películas de Hollywood que vi durante mis años de secundaria no contenían escenas en las que las parejas se besaran, ni siquiera cuando los actores estaban representando a una pareja de casados; en 1954, el editor gráfico del New York Times perdió su empleo porque permitió la publicación de una fotografía de oda en la que aparecían Marilyn Monroe y Joe DiMaggio, de pie frente al City Hall en San Francisco, en una situación que revelaba la atracción física que sentían el uno por el otro: ella con la cabeza echada hacia atrás y la boca ligeramente abierta y él con los labios fruncidos y los ojos cerrados”.
Un orgulloso escribano
“Nada de lo que se publicaba era más perecedero que lo que escribíamos. Esto era algo que me mortificaba cuando entré a formar parte de la redacción. Como católico, había sido educado para pensar siempre en el futuro. Una vez, mientras estaba sufriendo con una historia, temiendo que no llegaría a entregarla a tiempo, oí que un reportero veterano me gritaba desde el otro lado de la sala: ‘¡Vamos chaval, termina ya! No estás escribiendo para la posteridad, ya sabes’. Pero yo no lo sabía. Continuamente entregaba las historias tarde porque todo el tiempo estaba reescribiéndolas, con la creencia de que lo que escribía quedaría preservado para siempre en microfilm, en los archivos del eterno periódico de los Ochs. Me veía como un monje que iluminaba el Libro de Kells. Como un orgulloso escribano que esperaba que su pulida prosa dejara una impresión duradera. En mi opinión, los periodistas éramos los principales cronistas de los sucesos contemporáneos. La avanzadilla de los historiadores. Sin embargo. Con el tiempo tuve que aceptar a regañadientes el comentario de aquel colega veterano. No estábamos escribiendo para la posteridad. A veces parecía como si los periodistas tuviésemos una alianza con la industria de la comida rápida, porque al igual que ésta, preparábamos en el momento las órdenes de aquellos consumidores a los que les gustaba recibir la información y las ideas a medio cocinar”.
Sobre el autor
Gay Talese (Ocean City, Nueva Jersey, 1932) es una de las figuras clave del periodismo contemporáneo, responsable desde los años 60 y junto a Tom Wolfe de expandir sus límites, procurando que sus piezas tuvieran la misma calidad que la mejor ficción a partir de tomar prestadas algunas de sus técnicas, esfuerzo al que se etiquetó con el nombre de Nuevo Periodismo.
Hijo de una familia humilde de origen italiano, no fue un estudiante brillante y ha confesado que su mejor formación provino de escuchar las conversaciones de los clientes que acudían a la tienda de ropa que regentaban sus padres. Estudió en la Universidad de Alabama gracias a la intermediación de un cliente de su padre, y consiguió trabajo en The New York Times como chico de los recados.
De 1956 a 1965 trabajó en ese diario, buena parte del tiempo como periodista deportivo, y posteriormente pasó a trabajar por libre, colaborando en otras publicaciones como Esquire, The New Yorker o Harper´s Magazine.
Dos de los artículos que publicó en Esquire en los años 60, «Joe Louis: el rey en su madurez» y «Frank Sinatra está resfriado (incluidos en su versión castellana en Retratos y encuentros, editado por Alfaguara), le proporcionaron un gran prestigio, especialmente este último al ser escogido el mejor publicado en la historia de la publicación.
Tras dedicar un libro a las bambalinas del The New York Times (El reino y el poder), se embarcó en una serie de proyectos que le llevaron muchos años de investigación. A esta línea responden los títulos Honrarás a tu padre (1971), sobre un clan mafioso italoamericano, y La mujer de tu prójimo (1981), análisis de los cambios en la vida sexual de los americanos durante los 70.
Entre su obra posterior destacan dos obras de cariz más autobiográfico, A los hijos (1992), la historia de su familia paterna como representantes de la masiva inmigración italiana a América entre finales del siglo XIX y principios del XX, y Vida de un escritor que ahora presentamos.
También han sido publicadas compilaciones con sus mejores artículos, caso de Retratos y encuentros (Alfaguara, 2010), o su último libro, The Silent Season of a Hero (que Alfaguara publicará en el 2013 con el título La temporada silenciosa de un héroe), con sus textos más señeros sobre el mundo del deporte.
Actualmente ultima el relato de sus cincuenta años de matrimonio con la editora Nan Talese.
Ficha editorial
Vida de un escritor
Gay Talese
601 páginas
21,50 Euros
Traducción de Patricia Torres Londoño
Copyright de texto e imágenes © Alfaguara. Publicado en The Cult por cortesía de Alfaguara. Reservados todos los derechos.












