Yo el supremo, Augusto Roa Bastos, Debolsillo, 2008, ISBN 9788483465516
Entre 1814 y 1840, Paraguay fue gobernado con mano de hierro por el implacable dictador José Gaspar Rodríguez de Francia.
Esta novelización de su trayectoria política, sin duda la obra maestra del autor, se centra en la obsesión del Supremo por instituir el discurso del poder como el único posible. Una reflexión profunda, y a veces cómica, de los usos y abusos del poder sobre los hombres, la historia y el lenguaje.
Escrita en 1973, es una de las novelas fundamentales del panorama narrativo hispanoamericano.
Comentario
"La única escena oblicuamente erótica del libro –escribe Blas Matamoro– es la del Supremo, muchacho, con su nodriza, suerte de madre sustituta, en cuyos pechos alimenticios y viejos se fijan las miradas del personaje y la del narrador.
Por lo demás, quizá, todo el texto es sutilmente erótico, apenas pensemos que el acto de dictar es una forma de penetración y que la pluma rasgando el papel tiene el talante de un desfloramiento interminable, la materia poseída y conformada por el logos, lo informe y la estructura, la extensión y la cualidad, la cosa muda e inmediata y el sentido que la anima en la trama de la historia.
En otro nivel, este comportamiento del Supremo, suerte de Dios sin cuerpo y con lenguaje, oculto y ordenancista, que organiza la vida de los demás, los cuales son, para él, una abstracción fantasmal, tiene que ver con su opción política, de modo que la escena se convierte en una alegoría del bonapartismo inherente a Francia como dictador perpetuo del Paraguay en los primeros tiempos de su vida independiente.
De todas las novelas sobre la dictadura latinoamericana que conozco, la de Roa es la única que explicita y hace central este elemento de bonapartismo, cesarismo o maquiavelismo que resulta, históricamente, esencial para la intelección de dichas dictaduras.
De memoria, sólo puedo aportar como antecedente el del novelista argentino Manuel Gálvez, el cual, en su trilogía sobre la guerra del Paraguay (y con una óptica de patriotismo argentino que Roa ni yo aprobaríamos) caracteriza al general Mitre con los rasgos del conductor bonapartista, el que reúne a todos los argentinos, sin banderías, partidismos ni diferencias de clase, en una suerte de guerra santa destinada a lavar el honor nacional.
El bonapartismo es una apelación expresa del Supremo, que se advierte en su relación con el personaje de Legard, el catalán francés que conoció a Napoleón y que narra, en paralelo, los orígenes del Emperador y los del Paraguay de Francia, en el doble sentido de la expresión: el Paraguay del doctor Francia y el Paraguay de la Francia napoleónica.
La figura del caudillo bonapartista aparece cuando se desploma el aparato colonial burocrático de España y toman el poder los dirigentes locales, normalmente erigidos en jefes de la milicia improvisada para hacer la guerra de la independencia, con el grado de comandantes de campaña".
Copyright de texto e imágenes © DeBolsillo. Reservados todos los derechos.
Copyright de la cita © Blas Matamoro. El texto aparece publicado en Cine y Letras con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.
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