Los efectos especiales de maquillaje
El maquillaje teatral empleado a fines del siglo XIX fue el antecedente inmediato del utilizado en el cine. Sin embargo, la distancia existente entre el patio de butacas y el escenario no era la misma que la que separaba al actor de la cámara. Los primeros planos precisaban un trabajo más minucioso y realista.
Procesos de envejecimiento y rasgos característicos, así como heridas, fueron la primera ocupación de los pioneros de esta actividad, convertidos generalmente en investigadores a la busca de nuevos materiales que facilitaran su labor.
El actor Lon Chaney, apodado “el hombre de las mil caras”, se hizo famoso en el primer cuarto de siglo gracias a sus cuidadas y sorprendentes caracterizaciones.
Han pasado a la leyenda del cine el esforzado trabajo de maquillaje que desarrolló en películas como El jorobado de Nuestra Señora (1923) y El fantasma de la ópera (1925).
Para elaborar esos efectos empleaba preferentemente materiales como el algodón, la goma y el colodión flexible. La disponibilidad de materiales fue la misma para otros famosos creadores, como Cecil Holland, el maquillador de Boris Karloff en La máscara de Fu-Manchú (1932); Jack Pierce, responsable de los efectos de maquillaje de El doctor Frankenstein (1931), La monia (1932) y El lobo humano (1935); y Jack Dawn, caracterizador de los personajes de El mago de Oz (1939).
Maquilladores posteriores, como George y Gordon Bau, contaron con el decisivo recurso de la espuma de látex, un material más sencillo de emplear, más ligero y menos dañino para la piel de los actores. Perc Westmore, Clay Campbell y Ben Nye desarrollaron en sus trabajos el modelado de este producto. Uno de los resultados más llamativos del látex fueron las numerosas máscaras de simios que John Chambers elaboró para El planeta de los simios (1968).
Siguiendo el ejemplo de Pierce, surgieron nuevos profesionales que se dedicaron al diseño de trucos de maquillaje para dar vida a las más increíbles criaturas. Destacan en este sentido Clay Campbell, Ben Nye, John Chambers, Chris Tucker, Dick Smith, Rick Baker y Stan Winston, entre otros muchos.
Sin duda alguna, el látex supuso una auténtica revolución en el campo de los efectos de maquillaje, facilitando creaciones cada vez más complicadas. A partir de los años 80 los especialistas alcanzaron un mayor reconocimiento. Chris Tucker alcanzó un sonoro éxito con su tarea en El hombre elefante (1981), Dick Smith fue el maquillador de Amadeus (1984) y Rick Baker se dio a conocer con el extraordinario maquillaje de Un hombre lobo americano en Londres (1981).
Baker, un constante investigador en su trabajo, fue uno de los primeros en combinar efectos mecánicos y trucos de maquillaje. Así le fue posible crear, por ejemplo, los complicados primates de Gorilas en la niebla (1988). La intervención de la robótica en los efectos de maquillaje permitió la elaboración de criaturas con diversos puntos de movilidad.
Otro de los maestros en este campo es Rob Bottin, maquillador y técnico de efectos en Legend (1985), Robocop (1987) y Desafío total (1990).
Las criaturas elaboradas con este tipo de técnicas reciben el nombre de “animatrónicos”. Los más conocidos, sin duda alguna, son los extraterrestres protagonistas de Alien, el octavo pasajero (1978) y E.T., el extraterrestre (1982), ambos elaborados por el equipo de Carlo Rambaldi.
El maquillador Stan Winston llevó ese tipo de trucajes hasta una nueva frontera en Aliens, el regreso (1986) y Parque Jurásico (1993).
El uso de diversos tipos de prótesis, la escultura en látex y la tecnología a distancia han ido permitiendo mayores alardes, dándose el caso de efectos de maquillaje combinados con marionetas movidas por control remoto (la citadas criaturas animatrónicas) que consiguen una casi ilimitada gama de posibilidades en este campo.
No obstante, el mayor avance técnico de la década de los noventa viene dado por el uso de trucos digitales que modifican ciertas caracterizaciones. Así ocurre en películas como La máscara (1994), donde el personaje central, maquillado como una calavera verde, se distorsiona como un dibujo animado gracias a las computadoras.
El cine digital del siglo XXI lleva aún más allá esta posibilidad. Con la opción de manipular tonos y texturas en la consola de montaje, los realizadores pueden variar el aspecto de cada actor sin necesidad de que éste deba aplicarse maquillaje alguno.
Copyright de la ilustración
Scarlett Johansson en un cartel promocional de la firma Dolce & Gabbana © Dolce & Gabbana. Reservados todos los derechos.
Esta es una versión expandida de varios estudios anteriores. En particular, incluye citas de varios artículos que escribí entre 1996 y 2001 para la Enciclopedia Universal Multimedia, de Micronet. Asimismo, contiene algunas reflexiones y referencias que publiqué en los libros Perspectivas de la comunicación audiovisual (2000) y La cultura de la imagen (2006).
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