
La décimo séptima edición del Festival de Música de Cámara de Risør se ha caracterizado por un par de rasgos de importancia: la armonía de su programa y el clima de intimidad logrado entre audiencia y artistas.
El tema de la nostalgia es el que este año ha sustentado la elección de las piezas, libre de lugares comunes y sin concesiones a lo fácil.
Desde el 26 de junio hasta el 1 de julio, a lo largo de diecinueve conciertos, la localidad noruega de Risør ha ofrecido una programación al alcance de todos los públicos, que avanzó desde el barroco hasta el minimalismo de Hans Abrahamsen, uno de los autores homenajeados durante la semana.
La misteriosa belleza del principal escenario, la iglesia barroca del Espíritu Santo, añadió encanto a unos recitales impecablemente organizados por el entusiasta equipo que dirige Turid Birkeland .
En lo musical, la oferta fue tan variada como atractiva. Los jóvenes componentes del Cuarteto Miró ofrecieron amorosas y más que respetables interpretaciones de Brahms y Schubert.
Con un bello sonido y gran capacidad expresiva, el violista Lars Anders Tomter demostró en sus lecturas que merece una carrera discográfica más rotunda. Hubo buena ocasión de comprobar estas cualidades cuando el músico se unió a una de las estrellas del Festival, Janine Jansen, para ejecutar el Sexteto en do mayor, de Dohnányi. Acompañados por intérpretes adecuados –entre ellos, el trompista Radovan Vlatcovic–, ambos supieron zambullirse en el universo dramático del compositor húngaro, demostrando su idoneidad para una partitura de extremo compromiso.
Lo mismo cabe señalar acerca del chelista suizo Christian Poltera y la pianista rusa Polina Leschenko, responsables de una interpretación refinada, con equilibrados contrastes, de la Sonata para violonchelo y piano, op. 19, de Rachmaninov.
En una franja más moderada de entusiasmo se sitúa la lectura que otros dos chelistas, Torleif Thedéen y Andreas Brantelid, hicieron de la transcripción para violonchelo de varios pasajes de la Suite española, de Albéniz, convincente en sus intenciones, aunque le faltase cierta redondez.
La llegada del pianista macedonio Simon Trpčeski despertó notable interés, justificado, entre otras razones, por el respaldo que le presta EMI, su casa discográfica. A decir verdad, Trpčeski tuvo en Risør la ocasión de recorrer un arco expresivo de lo más heterogéneo. Aunque agradó a buena parte del auditorio, a su interpretación de Liszt (Soirées de Viena 5 y 6) le faltó sutilidad y le sobró un erróneo color ruso. Acompañó con gusto al barítono Johannes Weiser en el paseo de este último por el cancionero de Grieg, y luego demostró dominio y frescura al interpretar, a cuatro manos con Leif Ove Andsnes, las Danzas noruegas del mismo compositor.
Creciéndose con la compañía, Trpčeski derramó energía cuando subió al escenario junto a una brillante Janine Jansen. Gracias a ambos, la fallesca Danse espagnole n.1 –o por mejor decir, la transcripción que firmó Kreisler– tuvo seductores efectos, y su Navarra, de trámite luminoso, dio motivos para el entusiasmo. No fue ajeno a ello el concurso en esa pieza de Sarasate de otro inteligente violinista, Julian Rachlin, cuya agilidad se impuso en la Sonata para violín y piano op. 134, de Shostakovich, partitura magistral, en la que también manifestó sus facultades el propio Andsnes. A este último hemos de agradecerle una adecuadísima lectura de las Piezas para piano op. 19, de Schoenberg, con una tensión más que notable.
Tanto Andsnes como Lars Anders Tomter son, desde que éste comenzó su andadura, el alma del Festival. De hecho, se movieron con gracia como anfitriones y maestros de ceremonias, en especial durante el concierto al aire libre organizado junto al faro de Stangholmen, todo un acontecimiento popular en el que dos de las invitadas acreditaron unos sólidos recursos: la flautista Cecilie Løken y la soprano Isa Katharina Gericke.
Por comprensión del repertorio, Gericke supo jugar bien la baza de Grieg. Asistida por Ingrid Fliter al piano, su limpieza de emisión y su cuidado fraseo alcanzaron una perfecta correspondencia en las Cinco canciones para voz y piano, op. 60. Fue igual de convincente su acercamiento al escenario de Peer Gynt, donde la secundaron con oficio y perceptible aroma escandinavo los integrantes de la Risør Festival Strings, bajo la batuta de Frode Larsen.
Imagen superior
Simon Trpčeski, Julian Rachlin y Janine Jansen, juntos en el Festival de Risor © Fotografía de Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.
Publiqué la primera versión de este artículo en las páginas de la revista Scherzo
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