
Seguramente a más de un lector le importe poco la distinción entre soundtrack y score, o lo que viene a ser lo mismo, entre banda sonora y música de cine. Pero estoy seguro de que ese mismo lector admira y respeta la obra de John Williams y Jerry Goldsmith, incluso aunque desconozca sus nombres.
A estas alturas, es indudable que la personalidad musical de estos dos compositores forma parte de la cultura popular de nuestra época. ¿Cómo sería el cine contemporáneo sin la presencia de ambos? Probablemente un poco menos emocionante, menos conmovedor y también menos épico.
A decir verdad, Goldsmith fue un autor extraordinariamente prolífico, lo que le obligó a compaginar trabajos de compromiso con otros en los que liberaba todo su genio. Baste citar la partitura por la que mereció un Óscar: La profecía (1976), una obra sobrecogedora e inolvidable.
Al igual que Goldsmith, John Williams resume en su carrera buena parte de la historia contemporánea de la música de cine. Por otro lado, se trata del compositor más conocido de esta especialidad, no ya entre los aficionados, sino entre el gran público, que ha convertido algunas ediciones de sus obras en auténticos éxitos de ventas.
Si hablamos de versatilidad, Goldsmith se nos presenta como un músico especialmente dotado, capaz de asumir con éxito todo tipo de argumentos.
De hecho, lo mismo compone músicas ensoñadoras, cuajadas de matices impresionistas, como la de Legend (1985), que marchas llenas de vigor, como aquella que abre la acción en Rambo (1985).
Se nos dice con asiduidad que la reciente música de cine tiende a la rutina y, en última instancia, a lo banal. El explicable apego de Hollywood por los aires de opereta y el pastiche posromántico abonan dicho prejuicio. Por descontado, si nos ceñimos a los últimos tiempos, quizá convenga decir que sólo un puñado de músicos deja algún resquicio para la sorpresa.
Valdrá la pena interrogarse extensamente acerca de esa postura frente a dos creadores, Williams y Goldsmith, cuyo desempeño oscila entre la audacia y el amaneramiento. En todo caso, ya desde sus primeras composiciones, se advierte en ambos un programa ambicioso, diseñado de acuerdo a idénticas coordenadas. En lugar de evitar o disimular las aproximaciones, sus biografías evocan de continuo esa sustancia paralela, y ello nos permite especular, según ahora veremos, con una nítida y a ratos sorprendente correspondencia.
Música para piano a dos manos
A Jerrald K. Goldsmith ya se le han rastreado algunas claves y compromisos estilísticos, pero acá le debemos un estudio más completo.
Este californiano de Pasadena nace el 10 de febrero de 1929. Por una inclinación letrada, sus padres saben que los estudios musicales pueden conducir a un niño despierto –tal es el caso– a una virtualidad superior. Permeable a lo que le rodea, el pequeño es un soñador riguroso, ensimismado ante el gramófono Columbia que anima las veladas familiares.
Cuando se matricule en el conservatorio, su profesor predilecto será el pianista Jakob Gimpel, recién llegado a Estados Unidos. Gimpel le habla de sus maestros, Alban Berg y Edward Stuermann, quienes forman las ramas desde las cuales se yergue el imaginario musical del muchacho.
Otro de los instructores de Goldsmith es también un desterrado, Mario Castelnuovo-Tedesco, junto a quien aprende armonía, contrapunto y composición.
Al entorno de don Mario se asocia un nuevo discípulo, John Tower Williams, neoyorquino, nacido el 8 de febrero de 1932.
Aquí el linaje es de inflexible claridad: su padre, Johnny Williams, es percusionista del Raymond Scott Quintet y aún lo recuerdan en el apartamento de George Gershwin, donde solía participar en fascinantes jam sessions. Entre los protectores del futuro compositor, dos personajes se sitúan en primer plano: el citado Raymond Scott, maestro del swing y directivo de la CBS, y Carl Stalling, artífice a sueldo de Warner Bros y Walt Disney.
Cuando en 1948 los Williams se trasladan a Los Ángeles, el chico pretende imitar a Scott y convence a su padre para que le pague clases de trombón y trompeta. Contra esos hábitos jazzísticos, el patriarca sólo opone una reserva: John Jr. debe recibir clases de piano.
Una vez matriculado en el conservatorio de la UCLA, estudia orquestación con Robert van Eps, responsable musical de la Metro-Goldwyn-Mayer.
Poco después, de regreso a Nueva York, lo encontramos en las aulas de la Juilliard, donde Rosina Lhévinne le ayuda a mejorar sus habilidades pianísticas.
Como si ya quisiera encontrar la meta de su itinerario, Williams es un estudiante de apuestas fuertes, y también un dandi que muestra su competencia en recónditos clubs de jazz.
Meditación en un estudio radiofónico
La pregunta es obvia: ¿por qué un joven con el talento de Jerry Goldsmith quiere ligarse a la industria del cine?
No es fácil responder tajantemente a esta cuestión. Es cierto que Castelnuovo-Tedesco gana un buen dinero gracias a Hollywood –Jerry conoce las partituras que su preceptor ha escrito para The Stars Look Down (1940), de Carol Reed, y El extraño caso del Dr. Jekyll (1941), de Victor Fleming–, y podemos creer que el italiano le comenta a su pupilo las condiciones del contrato que, merced al apoyo de Jascha Heifetz, ha firmado con la Metro-Goldwyn-Mayer.
Tampoco es improbable que sea Gimpel quien contagie esa cinefilia a Goldsmith –cumpliendo un modesto compromiso, el maestro aparece tocando el piano en Luz de gas (1944), de George Cukor–. Pero no parece objetivo ni suficiente limitar esa pasión a un influjo externo.
De hecho, en esta apertura de horizontes, el deseo de crecer como compositor viene a ser lo que motiva ese acercamiento a Hollywood. Por gratitud, Goldsmith cita la fascinación que le inspira la partitura ideada por Miklós Rózsa para Recuerda (1945), de Alfred Hitchcock.
¿Dije fascinación? Y también aprendizaje.
Recordemos que es el propio autor húngaro quien, con su acento mal aprendido, le adiestra en el oficio de producir bandas sonoras. Mencionarlo es casi reiterativo: desde su departamento en la USC, Rózsa aspira a consolidar una nueva generación de músicos de cine; un plan éste que se aviene con el hecho de que Goldsmith y el propio Williams figuren entre sus seguidores aventajados.
Ciertamente, Rózsa guarda algún paralelismo con sus pupilos. Jacques Feyder le dio su gran oportunidad al encomendarle la partitura de La condesa Alexandra (1937), y eso le granjeó la amistad del productor Alexander Korda, para quien compuso El ladrón de Bagdad (1939) y El libro de la selva (1942).
Con esa experiencia en su mochila, Rózsa intuye que Williams y Goldsmith merecen una oportunidad, y les muestra los secretos de composiciones suyas como Quo Vadis (1951) e Ivanhoe (1952).
Por estos días, las firmas radiofónicas contratan a un buen número de compositores para que éstos enriquezcan sus archivos sonoros. En 1950, Jerry Goldsmith ingresa como copista en el departamento musical de la CBS.
Pronto tiene la oportunidad de idear melodías para radiodramas como CBS Radio Workshop. Según consta en los ficheros de la casa, uno de los primeros episodios firmados en solitario por Goldsmith es Season of Disbelief, emitido el 17 de febrero de 1956.
No obstante, sus colaboraciones con esa compañía, aunque no acreditadas, son muy anteriores: desde 1952, ya diseña ráfagas musicales para Escape, Suspense, Romance y Hallmark Hall of Fame.
Gracias a Raymond Scott, los Williams, padre e hijo, también se incorporan a la CBS. En esto, como en tantas cosas, el joven John es un entusiasta. Aunque sigue tocando el piano en los santuarios del jazz, cancela algunos compromisos para grabar su orquestación de Porgy & Bess (1958).
Ya merece un cierto respeto como pianista, y ello le lleva a intervenir en registros de Henry Mancini (Peter Gunn, 1958) y Elmer Bernstein (Wagon Train, 1958).
Variaciones televisivas
Cuando la CBS amplía su programación televisiva, Goldsmith se convierte en un compositor recurrente. Suyas son las bandas sonoras de Climax (1954) y Gunsmoke (1955).
Asimismo, secunda con la intensidad justa diversas entregas de La dimensión desconocida (1959), lo cual le permite alternar con otro de los asalariados del estudio, Bernard Herrmann.
Aquí viene a cuento recordar que de la amistad con Herrmann emerge la primera sinfonía de John Williams (1966) y también el vínculo de éste con Goldsmith, quien lo emplea como pianista durante las grabaciones de City of Fear (1959) y Studs Lonigan (1960).
A partir de ahí, la suerte del neoyorquino se señala con puntos suspensivos. En 1965, André Previn y la Sinfónica de Houston estrenan una estimable producción de Williams, su Ensayo para cuerdas (1965), muy en la línea neorromántica de Samuel Barber.
Por el camino, Previn comprueba el sentido improvisatorio de su colega, y graba con él tres discos de crossover: Young Hollywood Composers (1962), In Hollywood (1963) y Soundstage! (1964).
Conviene hacer un inciso para destacar los paralelismos que, más allá de su mutua amistad, existen entre Williams y Previn. Ambos son pianistas de jazz, y lod dos admiran el impresionismo francés y la música británica contemporánea. Previn es un tipo simpático, formado en Berlín y París, cuya labor cinematográfica ha prosperado en la Metro Goldwyn Mayer. Sus profesores han sido Joseph Achron y Mario Castelnuovo-Tedesco, y en el terreno clásico, acaba de debutar en 1963, sobre el atril de la Orquesta Sinfónica de St. Louis. John Williams, atento a la trayectoria de su colega, se dispone a seguir su ejemplo.
Siguiendo un trayecto parecido, Goldsmith continúa depurando su oficio en la CBS. Por una decantación progresiva, también acaba instalado en el gusto de la época. Lo que no quiere decir más que una cosa: los aspectos temáticos de sus partituras televisivas y su definición estilística constituyen una suma llamativa pero ligera.
Quien busque comprobarlo no tiene más que acudir a referencias tan impulsivamente coloreadas como El doctor Kildare (1961), Viaje al fondo del mar (1963) y El agente de CIPOL (1964).
Sabemos que John Williams aborda el medio televisivo con un apasionamiento similar: agrega elementos estilísticos a su registro, experimenta y pule una línea musical que tardará una década en concretar definitivamente.
Es en ese punto donde produce sus mejores bandas televisivas: El Virginiano (1962), Viaje al fondo del mar (1964) y La isla de Gilligan (1964).
Ese repertorio de sintonías para la pequeña pantalla, firmado por Goldsmith y Williams, pierde fuelle si se mide con la nómina de composiciones cinematográficas que Jerry termina durante los sesenta. Ni que decir tiene que su mudanza a Hollywood tiene un pretexto: Alfred Newman, toda una institución en el gremio.
Dotado razonablemente para la sensibilidad popular –fue colaborador de George Gershwin, Richard Rogers, Jerome Kern e Irving Berlin–, Newman distingue en Goldsmith a un autor de buena consistencia, dúctil, con una irreprochable musicalidad, y entra gustoso en el juego de hacerle subir escalones.
Newman sabe lo que supone la competencia en los departamentos musicales. Durante su etapa en Broadway, fue arreglista en teatros y salas de toda condición. Sólo tras el estreno de su primer lanzamiento cinematográfico, Whoopee! (1930), de Thornton Freeland, recibió la bendición de Samuel Goldwyn.
En adelante, firmó partituras tan soberbias como la de Huracán sobre la isla (1937), de John Ford. Contratado por Darryl Zanuck, Newman se convirtió en director musical de la 20th Century-Fox, y elaboró la música de Cumbres borrascosas (1939), Las uvas de la ira (1940), La canción de Bernadette (1943) y Eva al desnudo (1950).
A la par que ayuda a Goldsmith, Newman apoya a sus hijos, también compositores: Thomas y David, y a su hermano Lionel, orquestador y luego auntor de partituras originales en la 20th Century-Fox.
Mientras Jerry Goldsmith se relaciona con el clan de los Newman, crece la discografía de John Williams –ya ha grabado Daddy O (1958), su primera banda sonora en solitario–. Estudios como Columbia y 20th Century-Fox le encargan diversos trabajos como arreglista, y este compromiso también le aproxima a Alfred Newman, junto a quien colabora desde un segundo plano.
Es evidente que hay muchas ideas de Williams en las partituras crepusculares de Newman, Dimitri Tionkin y Franz Waxman, pero no pretendo tratar de ellas ahora. De momento, la timidez del compositor resulta muy razonable, sobre todo si se lo compara con alguien tan prometedor como Jerry Goldsmith.
Quizá convenga hacerse a la idea de que el eclecticismo –no sé si por versatilidad o por afición– se convierte para ambos en una imperiosa costumbre. Al igual que su amigo Alex North, Goldsmith resuelve con éxito el encuentro entre la fiesta de Tinseltown y una herencia romántica de firme oficio –frases consabidas–, añadiéndole al conjunto una inspirada vena melódica, la sensibilidad rítmica del jazz y los asomos de angustia vienesa que Gimpel supo inculcarle.
No es casual que Goldsmith se relacione con North, un compositor criado a la vera del gran Aaron Copland, y muy influido por las libertades del jazz.
De hecho, Goldsmith cita entre sus músicas favoritas varias de las magistrales composiciones de North: Un tranvía llamado Deseo (1963), Vidas rebeldes (1961), Espartaco (1960) y Cleopatra (1951).
Jerry no va a la zaga de su amigo. Mostrando todos los recursos que mencioné más arriba, destacan, con igual propiedad, sus aportaciones musicales en Los valientes andan solos (1962), Freud (1962) y El Yang-Tsé en llamas (1966).
Con todo, aunque impresione la seriedad de su trabajo en los títulos citados, su primera obra maestra aún está por llegar.
La madurez de dos creadores
El anterior capítulo de esta biografía paralela de Jerry Goldsmith y John Williams concluía en un momento decisivo. Después de recibir formación clásica y de cultivar el jazz, ambos empezaron a escalar posiciones en la industria, demostrando una dotes musicales sin competencia posible.
En 1968, de la mano del realizador Franklin J. Schaffner, Jerry Goldsmith recibe el encargo de llevar a término la partitura de El planeta de los simios. En plena madurez, el músico sucumbe ante el hechizo de la vanguardia: capta originalísimas estructuras –hay indicios de paralelismo con Arcana, de Varèse–, y seduce con el poderío dinámico de unos incisivos metales y un heterogéneo conjunto de percusión.
La pieza demanda medios exigentes –a la orquesta se le suman instrumentos étnicos– y revela con efecto cautivador unas arcaicas sonoridades que, por buscar su entorno de referencias, vincularemos con Bartok y Stravinski.
Podemos preguntarnos si esta novedad no es también una inspiración para Williams.
Consideren, en este aspecto, la complejidad imaginativa de cada una de las piezas que escribe para Images (1972), donde postula la idoneidad cinematográfica del dodecafonismo.
Tras este puntal, desde luego, el músico busca referencias más confortables –las operetas de su infancia, Mahler, Strauss…–, pero dicha cinta no deja de ser un síntoma de osadía sobre el que luego volveremos. En todo caso, que prevalezca el vínculo de Williams con la tradición vienesa no es un obstáculo. Al contrario: su comedimiento tiene la virtud de granjearle amistades.
En su banda sonora para Caminos secretos (1961), de Phil Karlson, obtiene mejores resultados que el propio realizador, poco afortunado a la hora de abordar esta historia de espionaje en Hungría. Su intuición para la épica, propia de un amante del romanticismo, queda asimismo de manifiesto en una partitura que contiene elementos rítmicos de enorme interés, El señor de Hawai (1962).
Con ayuda del orquestador Herbert Spencer, Williams diseña el acompañamiento de Guía para el hombre casado (1967) con un pulso electrizante, herencia de Carl Stalling. Naturalmente, este vivo influjo –el de los cartoons– no se agota en piezas posteriores, como Los rateros (1969) y Alma rebelde (1970).
Estos dos últimos trabajos definen el ingreso en la madurez artística de John Williams. Así lo entienden sus compañeros de profesión, que en 1971 le conceden su primer premio de la Academia.
En este caso, el motivo no es una composición original, sino una labor, digamos, subalterna: su trabajo como director musical y adaptador de El violinista en el tejado.
Este mismo año compone la vibrante partitura de John Wayne y los cowboys: animada, épica, popular y surcada por un motivo reconocible, pegadizo, que seduce de inmediato al oyente.
En 1974 la imagen de Williams es amistosa. Se refuerza su vínculo con Steven Spielberg a raíz del filme Loca evasión (1974), donde Williams aborda una composición en la que se entreveran el clasicismo orquestal y el country, dentro de esa línea crossover que lleva su seña personal.
La misma coloración manifestada por el neoyorquino en La aventura del Poseidón (1972) o El coloso en llamas (1974) reaparece en otro proyecto ilustre, Tiburón (1975), de su amigo Spielberg. Apoyado también aquí por Herrmann, Williams aumenta el efecto de un leitmotif wagneriano y con ello afina este registro ameno y robusto, trazado a favor de la acción.
Spielberg se siente tan satisfecho con el resultado que no duda en alabar el talento del músico en múltiples entrevistas. Por si este cumplido no fuera bastante, el compositor obtiene ese mismo año su primer Óscar a la mejor banda sonora original.
Pertenecen a la misma etapa tres obras menores de Williams: esa parodia neobarroca que construye para La trama (1976), de Alfred Hitchcock, su Concierto para flauta (1969), impregnado de aires japoneses, y el neoclásico Concierto para violín (1976), de tono elegiaco, donde se impone la memoria de William Walton.
Es ahora el turno de Goldsmith, para quien hacer carrera en la música culta depende de pequeños favores. En 1969, atendiendo a los méritos de El planeta de los simios, el consejo de administración de la Orquesta de Cámara de California le hace llegar un primer encargo. Sin embargo, el músico es tratado con frialdad por los comentaristas.
Muchos vuelven la espalda a su Christus Apollo, una cantata con libreto de Ray Bradbury. El menosprecio se hace extensivo a Music for Orchestra (1970), pieza breve donde también figura la serie dodecafónica.
¿Y el público? Al público parecen interesarle en mayor medida las sonoridades lujuriosas de la tercera obra concertante de Goldsmith, Fireworks (1999), una entrega efectista y danzable, de la que dispone a modo de propina cuando dirige a la Filarmónica de Los Ángeles en el Hollywood Bowl.
Pese a estos inconvenientes, la película de Schaffner le convierte en un músico predilecto de los grandes estudios. En adelante, su obra condensa todo un caudal de estilos que hace sospechar cierta pátina de pastichismo. Ahora bien, las nuevas entregas que se acumulan en este cajón de sastre revelan una fusión sugestiva, resuelta con claro dominio de la paleta orquestal.
A la pegadiza marcha de Patton (1969) se suma el sustancioso orientalismo de El viento y el león (1975).
De muy efectista factura, La profecía (1976) privilegia las partes corales, cuyo vigor enfático repasa el estilo de Carl Orff. No por casualidad, el director de la cinta, Richard Donner, ha visto Tiburón, y le pide a Goldsmith que imite el gran hallazgo de Williams: esa progresión obsesiva de la sección de cuerda que anuncia la llegada del escualo gigante.
Pero sigamos con Goldsmith. Sin ser deslumbrante, La fuga de Logan (1976) alterna con nervio la música electrónica y la estética impresionista. Ya dentro del ritmo de vals, Los niños del Brasil (1978) admite un examen aún más riguroso de sus virtudes.
A estas alturas, como ven, nada impide postular que Jerry Goldsmith se sitúa en competencia directa con Williams.
La estrategia de Korngold
Al calor de las nuevas tecnologías, el sintetizador se adapta a las exigencias de la música cinematográfica. Jerry Goldsmith, que admira las creaciones de Milton Babbit y Morton Subotnik, aprecia ese modo de generar sonidos. John Williams, obvio es decirlo, refrena este anhelo de modernidad en favor de la tradición romántica. Ello se traduce en su empleo de referencias poco encubiertas: Steiner, Waxman y, sobre todo, Korngold.
Tal vez la cumbre de dicho programa se halle en dos obras de lucimiento, Encuentros en la tercera fase (1977) y La guerra de las galaxias (1977). Con las reservas del caso, emparejaremos los méritos de ambas.
En principio, la partitura que escribe para Spielberg admite un doble enfoque, según privilegiemos su exposición atonal –reflejo de la extrañeza de los protagonistas, en la línea de Images– o sus partes tonales –correspondientes a escenas costumbristas–. Memorable, por cierto, es ese motivo de cinco notas que sirve para establecer el diálogo con los extraterrestres.
Para fijarlo, Williams analiza la notación para sordomudos concebida por Zoltan Kodály y la congruencia entre música y colores propuesta por Scriabin.
En el caso de la epopeya de George Lucas, el músico opta por un estilo familiar, útil para dar unidad a ese universo múltiple y exótico, que debe hacerse interesante de golpe.
Aunque por momentos la descripción musical pertenece a la órbita de Wagner y Strauss, Williams también se entusiasma ante los cálculos planetarios de Gustav Holst. De la variada oferta –incluso el swing se traba en ella–, también cabe subrayar que los motivos se repiten y se adornan al estilo de Korngold.
Una vez reconocida esta deuda, no cuesta averiguar en la famosa fanfarria de Star Wars los ecos de aquella otra que el autor moravio usó en Kings Row (1942), de Sam Wood.
La semejanza es moderada, y permite colegir que Williams encara el género analizando cumplidamente sus principales constituyentes: el cromatismo orquestal de Mahler y Strauss, las operetas vienesas (libérrimas a la hora de sumar estilos), el musical de Broadway y la traducción de todo ello en la música de cine escrita por centroeuropeos.
Curiosamente, el estilo de La guerra de las galaxias se debe a la insistencia del músico y no al criterio del joven George Lucas.
De hecho, se dice que Lucas quería imitar al Stanley Kubrick de 2001: Odisea del Espacio, usando, como él, composiciones clásicas en la banda sonora. Fue Williams quien le persuadió de que, en casos como éste, resulta preferible la originalidad del contenido musical.
Williams grabó Star Wars con ochenta y seis profesores de la Orquesta Sinfónica de Londres, a lo largo de catorce días del mes de marzo de 1977. Las ventas del doble LP resultante ponen de manifiesto que el músico es un valor comercial seguro.
Cuando lo retiran de la cartelera de Superman (1978), Jerry Goldsmith pierde la oportunidad de imponerse en un similar compromiso. El encargo pasa a manos de su competidor, quien bruñe las armas que ya le han dado fama y obtiene un nuevo triunfo.
Vistos los ejercicios a los cuales se consagra, ¿qué otro músico, aparte de Williams, puede sacarle mejor partido al repertorio ligero?
Al borde mismo del exceso, Star Trek (1979) ilustra bien a las claras el modo en que Goldsmith acepta el signo un tanto naïf de los tiempos. No puede ignorar la repentina popularidad de Star Wars, y por eso rebusca en el catálogo las mismas influencias que frecuenta su colega. A saber: Steiner, Waxman y otros precursores de un romanticismo recobrado.
Quizá ello tenga algo que ver con la desazón que le causa Alien (1979), una cinta a la que dedica enormes esfuerzos, y para la cual entreteje una sabia partitura, de gran sentido dramático.
Por desgracia, esa fidelidad del músico a ciertas constantes personales –inventiva estructural, exquisiteces armónicas y una interpretación muy matizada de la vanguardia– es del todo incomprendida por el director, Ridley Scott, quien remonta la banda sonora y elimina varios pasajes para sustituirlos por fragmentos de la música que el propio Goldsmith escribió para Freud.
Demostrando una falta de delicadeza notable, Scott rechaza asimismo el soberbio acompañamiento que el californiano graba para Legend (1985), y lo sustituye por una banda sonora electrónica del grupo Tangerine Dream.
De mediana entidad son los siguientes registros de Jerry Goldsmith. Si Atmósfera cero (1981), Poltergeist (1982) o Bajo el fuego (1983) hubiesen alcanzado un poco más de vuelo, quizá no se hubiera visto forzado a redoblar su ritmo de trabajo, aceptando empeños mediocres.
En contraste con el poco selectivo olfato de Goldsmith, John Williams evita la descalificación popular.
De la mano de Spielberg, explota un americanismo marcial en 1941 (1979) y en el tema característico de En busca del arca perdida (1981).
Algo más lejos de las ocurrencias de John Philip Sousa queda su siguiente entrega, ET, el extraterrestre (1982), cuyo despliegue melódico se empareja con el decorado sonoro de sagas como Star Wars y Harry Potter.
La fuerza de la costumbre
Esta es la duda: ¿Relevo o revancha? ¿Aspira Jerry al trono que ocupa Williams o, simplemente, desea demostrar que su calidad es idéntica? Sea como fuere, Goldsmith compone para Spielberg la partitura de En los límites de la realidad (1983), y lo hace con el estilo que el cineasta espera de John Williams.
A algunos les parecerá insípida, pero se trata de una banda sonora bien resuelta. Dicho esto, hay que convenir que no son éstas las páginas que mejor le cuadran a nuestro músico. No es de extrañar su creciente falta de entrega.
Con cierto oportunismo, recurre a cadencias de la música pop en Gremlins (1984) y Hoosiers (1985), integrando los sintetizadores en el conjunto sonoro. Y si bien alcanza mayor temperatura emotiva con Instinto básico (1992), posterga las audacias a una segunda fila y legitima el collage en obras de amena escucha, pero escasamente memorables, en la línea de Desafío total (1990). Lo cual no obsta para que los devaneos jazzísticos de LA Confidential (1997) le devuelvan el favor de la crítica.
Prolífico y disciplinado, Goldsmith aún lucha por encaramarse a esa cumbre de la que empiezan a desplazarle James Newton Howard, James Horner o Danny Elfman.
El cáncer que deteriora sus fuerzas le urge a suscribir nuevos compromisos, pero a duras penas logra completar Looney Tunes Back In Action poco antes de su fallecimiento, ocurrido el 21 de julio de 2004.
En contraste, el seductor Williams restringe su campo de acción desde el atril de la Boston Pops Orchestra. Escribe fanfarrias al servicio del mejor efecto festivo (Olimpiada de los Ángeles, 1984; centenario de la Estatua de la Libertad, 1986) y sigue teniendo la primacía en un género de grata escucha –el de Parque Jurásico (1993) o La lista de Schindler (1993)–, que goza de claro interés discográfico.
Oliver Stone, feliz con la labor del músico en Nacido el 4 de julio (1989), le encomienda las partituras de JFK (1991) y Nixon (1995). Por sus oscuridades y tonos solemnes, dicha trilogía contrasta con el optimismo que subraya Williams en Solo en casa (1990) y en su secuela.
En el resto de su producción orquestal, nos encontramos con obras de directa emotividad, como el Concierto para cello (1994), el concierto para fagot The Five Sacred Trees (1993) y el concierto para violín TreeSong (2000).
No hay en ellas nada que no haya sido presentido en piezas anteriores. Pero entendámonos, se adivina qué tipo de beneficio pueden traer a quienes buscan refugio en un suave espiritualismo.
Que Williams personaliza el lustre y el agotamiento de un estilo es cosa que puede darse por probada, ya que en Hollywood impera el tradicionalismo musical. Nadie ignora que el impulso hacia lo nuevo, previsto un día por Goldsmith, aún choca con la lógica convencional de los estudios.
La respuesta varía según la moda, pero esta comprobación puede llevarnos a sospechar que el espectador medio, indispuesto ante las novedades, sigue agradeciendo esa nostálgica cortesía.
Obras de John Williams (discografía y catálogo orquestal)
Música de concierto
Preludio y fuga (1965), estrenado por Los Ángeles Neophonic Orchestra.
Ensayo para cuerdas (1965), estrenado por la Sinfónica de Huston, bajo la dirección de André Previn.
Sinfonietta para ensamble de vientos (1968).
Concierto para flauta y orquesta (1969), estrenado en 1981 por la Orquesta Sinfónica de Saint Louis, bajo la dirección de Leonard Slatkin.
Concierto para violín y orquesta (1976, rev. 1998), estrenado en 1981 por la Orquesta Sinfónica de Saint Louis, bajo la dirección de Leonard Slatkin.
Jubilee 350 Fanfare (1980), estrenado por la Boston Pops Esplanade Orchestra, bajo la dirección de John Williams.
Fanfare for a festive occasion (1980).
Concierto para tuba y orquesta (1985).
Fanfarría de la Libertad (1986), estrenada por la Boston Pops Esplanade Orchestra, bajo la dirección de John Williams.
Concierto para clarinete y orquesta (1991).
Concierto para fagot y orquesta The Five Sacred Trees (1993), estrenado por la Filarmónica de Nueva York.
Concierto para chelo y orquesta (1994), estrenado por Yo-Yo Ma y la Orquesta Sinfónica de Boston, bajo la dirección de John Williams.
Variations on Happy Birthday (1995).
Concierto para trompeta y orquesta (1996).
Elegía para chelo y piano (1997). La misma pieza fue arreglada por Williams para chelo y orquesta (2002).
TreeSong, concierto para violín y orquesta (2000).
Tres piezas para chelo solo (2000).
Heartwood: apuntes líricos para chelo y orquesta (2002).
Concierto for trompa y orquesta (2003), estrenado por la Orquesta Sinfónica de Chicago.
Soundings (2003), estrenada por la Filarmónica de Los Ángeles, bajo la dirección de John Williams.
Duo concertante para violín y viola (2007).
Concierto para viola y orquesta (2008).
Concierto para arpa y orquesta On Willows and Birches (2009).
Bandas sonoras
2010: Harry Potter y las Reliquias de la muerte Parte II (Sólo tema principal)
2010: Harry Potter y las Reliquias de la muerte Parte I (Sólo tema principal)
2008: Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal
2006: Superman Returns (Sólo tema principal)
2005: Munich
2005: Memorias de una geisha
2005: La guerra de los mundos
2005: Star Wars Episodio III: La Venganza de los Sith
2004: La terminal
2004: Harry Potter y el prisionero de Azkaban (Sólo tema principal)
2002: Harry Potter y la cámara secreta
2002: Minority Report
2002: Star Wars Episodio II: El ataque de los clones
2002: Atrápame si puedes
2001: Harry Potter y la piedra filosofal
2001: Inteligencia Artificial
2000: El patriota
1999: Las cenizas de Ángela
1999: Star Wars Episodio I: La Amenaza Fantasma
1998: Salvar al soldado Ryan
1998: Quédate a mi lado
1997: Amistad
1997: Siete años en el Tíbet
1997: El mundo perdido: Parque Jurásico II
1997: Rosewood
1996: Sleepers
1995: Sabrina
1995: Nixon
1993: La lista de Schindler
1993: Parque Jurásico
1992: Un horizonte lejano
1992: Solo en casa 2
1991: JFK
1991: Hook
1990: Solo en casa
1990: Presunto inocente
1990: Stanley e Iris
1989: Always
1989: Indiana Jones y la última cruzada
1989: Nacido el 4 de julio
1988: El turista accidental
1987: Las brujas de Eastwick
1987: El imperio del sol
1985: SpaceCamp
1984: Cuando el río crece
1984: Indiana Jones y el templo maldito
1983: Star Wars Episodio VI: El Retorno del Jedi
1982: E. T.: El extraterrestre
1982: Monsignor
1981: En busca del arca perdida
1980: Star Wars Episodio V: El Imperio Contraataca
1979: Drácula
1979: 1941
1978: La furia
1978: Tiburón 2
1978: Superman
1977: Encuentros en la tercera fase
1977: La guerra de las galaxias (Star Wars Episodio IV: Una Nueva Esperanza)
1977: Domingo negro
1976: Missouri
1976: La batalla de Midway
1976: Trama macabra
1975: Licencia para matar (compuesta junto a Clint Eastwood)
1975: Tiburón
1974: Loca evasión (The Sugarland Express)
1974: El coloso en llamas
1973: Un largo adiós
1973: Permiso para amar a medianoche
1973: El hombre que amó a Cat Dancing
1973: Las aventuras de Tom Sawyer
1972: John Wayne y los cowboys
1972: La aventura del Poseidón
1972: Images
1971: El violinista en el tejado (música adaptada)
1970: Jane Eyre
1970: Storia di una donna
1969: Los rateros
1969: Adiós, Mr. Chips (música adaptada)
1967: Fitzwilly
1967: A Guide for the Married Man
1967: El valle de las muñecas (música adaptada)
1966: Cómo robar un millón y...
1966: The Rare Breed
1965: John Goldfarb, Please Come Home!
1965: None but the Brave
1964: The Killers
1963: Gidget Goes to Rome
1963: Diamond Head
1962: Bachelor Flat
1961: The Secret Ways
1960: I Passed for White
1960: Because They're Young
1958: Daddy-O
Obras de Jerry Goldsmith (discografía y catálogo orquestal)
Música de concierto
A Patch Of Blue, ballet (1970), estrenado por The San Francisco Ballet
Othello, ballet (1971), estrenado por el National Ballet Of Australia.
Music For Orchestra (1974)
Christus Appollo (1974)
Belling The Slayer, ballet (1989)
Fireworks A Celebration (rev. 1999)
Thunder Of Imperial Names (2006)
Bandas sonoras de cine y televisión
Studio One (1948)
Hallmark Hall of Fame (1951)
Niebla en el alma (1952)
Climax! (1954)
Lineup, The (1954)
General Electric Theater (1954)
Gunsmoke (1955)
Playhouse 90 (1956)
Black Patch (1957)
Wagon Train (1957)
Have Gun Will Travel (1957)
Wanted: Dead or Alive (1958)
El rostro del fugitivo (1959)
The Twilight Zone (1959)
For Better or Worse (1959)
Peck’s Bad Girl (1959)
Black Saddle (1959)
City of Fear (1959)
Studs Lonigan (1960)
Thriller (1960)
The Crimebusters (1961)
The General with the Cockeyed Id (1961)
Ben Casey (1961)
Dr Kildare (1961)
Cain’s Hundred (1961)
Kraft Mystery Theater (1961)
The Expendables (1962)
Freud. Pasión secreta (1962)
Camino de la jungla (1962)
Los valientes andan solos (1962)
Bob Hope Presents the Chrysler Theatre (1963)
Los lirios del valle (1963)
Rosas perdidas (1963)
El premio (1963)
El último de la lista (1963)
Take Her, She’s Mine (1963)
Nido de águilas (1963)
Los pasos del destino (1964)
Shock Treatment (1964)
El agente de CIPOL (1964)
Trampa para un espía (1964)
Viaje al fondo del mar (1964)
Siete días de mayo (1964)
Río Conchos (1964)
Morituri (1965)
The Loner (1965)
The Legend of Jesse James (1965)
El Coronel Von Ryan (1965)
Estación 3 ultrasecreto (1965)
The Satan Bug (1965)
Primera victoria (1965)
Flint, agente secreto (1965)
Prologue: The Artist Who Did Not Want to Paint (1965)
Un retazo de azul (1965)
The Spy with My Face (1965)
El Yang-Tse en llamas (1966)
Plan diabólico (1966)
The Spy in the Green Hat (1966)
One of Our Spies Is Missing (1966)
Jericho (1966)
The Girl from UNCLE (1966)
One Spy Too Many (1966)
Las águilas azules (1966)
Ángeles rebeldes (1966)
Hacia los grandes horizontes (1966)
La hora de las pistolas (1967)
Asesinos por karate (1967)
Flim-Flam Man, The (1967)
F de Flint (1967)
Homicidio justificado (1967)
Sebastian (1968)
El planeta de los simios (1968)
The Detective (1968)
Bandolero (1968)
The Helicopter Spies (1968)
Justine (1969)
La sombra del zar amarillo (1969)
Room 222 (1969)
El hombre ilustrado (1969)
100 Rifles (1969)
A Step Out of Line (1970)
The Traveling Executioner (1970)
The Brotherhood of the Bell (1970)
Patton (1970)
Tora! Tora! Tora! (1970)
La balada de Cable Hogue (1970)
Río Lobo (1970)
Fuga sin fin (1971)
The Mephisto Waltz (1971)
The Homecoming: A Christmas Story (1971)
Crosscurrent (1971)
Dos hombres contra el Oeste (1971)
Do Not Fold, Spindle, or Mutilate (1971)
Huida del planeta de los simios (1971)
Crawlspace (1971)
The Going Up of David Lev (1971)
Lights Out (1972)
The Man (1972)
Pursuit (1972)
The Adventurer (1972)
The Other (1972)
Anna and the King (1972)
The Waltons (1972)
Coraje, sudor y pólvora (1972)
The Red Pony (1973)
Hawkins on Murder (1973)
Shamus (1973)
Barnaby Jones (1973)
Papillon (1973)
Ace Eli and Rodger of the Skies (1973)
El Don ha muerto (1973)
Indict and Convict (1973)
Hawkins (1973)
Police Story (1973)
Chinatown (1974)
Dos espías a lo loco (1974)
QB VII (1974)
Winter Kill (1974)
A Tree Grows in Brooklyn (1974)
Medical Story (1975)
Adams of Eagle Lake (1975)
Por la senda más dura (1975)
A Girl Named Sooner (1975)
The Terrorists (1975)
Archer (1975)
Fuga suicida (1975)
El viento y el león (1975)
Nevada Express (1975)
La reencarnación de Peter Proud (1975)
Babe (1975)
Los últimos hombres duros (1976)
La fuga de Logan (1976)
El Puente de Casandra (1976)
La Profecía (1976)
Los niños del Brasil (1977)
MacArthur, el general rebelde (1977)
Callejón infernal (1977)
Contract on Cherry Street (1977)
La Isla del adiós (1977)
High Velocity (1977)
Alerta: misiles (1977)
Coma (1978)
Magic (1978)
Capricornio Uno (1978)
La maldición de Damien (1978)
El enjambre (1978)
El primer gran asalto al tren (1979)
El Puño del Dragón (1979)
Alien, el octavo pasajero (1979)
Pasiones en juego (1979)
Star Trek (1979)
Caboblanco (1980)
La salamandra (1981)
Los antagonistas (1981)
El último combate (1981)
Fuga de noche (1981)
Atmósfera cero (1981)
Raggedy Man (1981)
Profecía III: El final de Damien (1981)
Inchon (1981)
El reto del samurai (1982)
Acorralado (1982)
Poltergeist (1982)
NIMH, el mundo secreto de la señora Brisby (1982)
En los límites de la realidad (1983)
The Return of the Man from UNCLE (1983)
Dusty (1983)
Bajo el fuego (1983)
Psicosis II (1983)
Un tipo solitario(1984)
Runaway: Brigada especial (1984)
Gremlins (1984)
Supergirl (1984)
Legend (1985)
Rambo (1985)
Baby, el secreto de una leyenda perdida (1985)
Exploradores (1985)
Las Minas del rey Salomón (1985)
Amazing Stories (1985)
Hoosiers (1986)
Poltergeist II: El otro lado (1986)
Link (1986)
Aliens, el regreso (1986)
Allan Quatermain y la ciudad perdida del oro (1987)
Traición sin límite (1987)
Lionheart (1987)
Star Trek: La Nueva Generación (1987)
El chip prodigioso (1987)
Police Story: The Freeway Killings (1987)
Ley criminal (1988)
Chicago en rojo (1988)
Rambo III (1988)
No matarás al vecino (1989)
Warlock (El brujo) (1989)
Leviathan (1989)
Star Trek 5: La última frontera (1989)
Desafío total (1990)
Gremlins 2, la nueva generacion (1990)
La Casa Rusia (1990)
HELP (1990)
Durmiendo con su enemigo (1991)
No sin mi hija (1991)
La profecía IV: El renacer (1991)
Los últimos dias del Edén (1992)
Por encima de todo (1992)
Instinto básico (1992)
Mom and Dad Save the World (1992)
Mr Baseball (1992)
Eternamente joven (1992)
Malicia (1993)
Matinee (1993)
Six Degrees of Separation (1993)
Daniel el travieso (1993)
Rudy, reto a la gloria (1993)
Secuestrada (1993)
Angie (1994)
Cuatro mujeres y un destino (1994)
El genio del amor (1994)
Gunmen (1994)
Sombra, La (1994)
Río Salvaje (1994)
Star Trek: la nueva generación (1994)
Dusk to Dawn Drive-In Trash-o-rama Show Southern Style Volume 2 (1995)
Congo (1995)
El primer caballero (1995)
Powder (Pura energía) (1995)
Star Trek: Voyager (1995)
City Hall (1996)
Decisión crítica (1996)
Los demonios de la noche (1996)
Reacción en cadena (1996)
Star Trek VIII: primer contacto (1996)
L A Confidential (1997)
Air Force One (1997)
Criaturas feroces (1997)
El desafío (1997)
Pequeños guerreros (1998)
Deep Rising: el misterio de las profundidades (1998)
Reflections on Ice: Michelle Kwan Skates to the Music of Disney’s Mulan (1998)
Mulan (1998)
Star Trek 9: Insurrección (1998)
U S Marshals (1998)
The Haunting (1999)
La Momia (1999)
El guerrero número 13 (1999)
El hombre sin sombra (2000)
La última fortaleza (2001)
La hora de la araña (2001)
Falsa identidad (2001)
Star Trek: Nemesis (2002)
Pánico nuclear (2002)
Looney Tunes: De nuevo en acción (2003)
Instinto básico 2 (2006) (Sólo tema principal, adaptado a partir de la música de Instinto básico)
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