"Las bodas de Fígaro" ("Le nozze di Figaro"), de Mozart

altLas bodas de Fígaro (Le nozze di Figaro), con música de Wolfgang Amadeus Mozart, es una commedia per musica en cuatro actos. El libreto de Lorenzo Da Ponte está basado en la obra Le mariage de Figaro ou La folle journée (1784), de Pierre Augustin Caron de Beaumarchais.

La ópera se estrenó el 1 de mayo de 1786, en el Burgtheater de Viena, y llegó por vez primera al Gran Teatre del Liceu el 2 de febrero de 1916. A partir del próximo martes, se representa nuevamente en el Liceo. En este caso, la producción corresponde a Lluís Pasqual, y Antoni Ros Marbá, gran conocedor de repertorio mozartiano, se hace cargo de la dirección musical.

Las bodas de Fígaro (Le nozze di Figaro) tiene un marcado carácter prerrevolucionario. La ópera se sitúa en Sevilla, años después de los hechos narrados en Il barbiere di Siviglia en que el Conde de Almaviva había conseguido casarse con Rosina, gracias a la astucia del barbero Figaro. Pero si en Il barbiere el amor que triunfaba era el del conde, en Le nozze di Figaro es el del criado.

No en vano esta ópera se inspira en una comedia de Beaumarchais escrita con una mentalidad tan antiaristocrática como la Revolución francesa que estalló (1789) cinco años después del estreno (1784) de la obra. En efecto, en Le nozze di Figaro (1786) quien está a punto de casarse es Figaro, convertido ahora en criado de Almaviva y de su esposa Rosina, la condesa.

Pero por encima de estos aspectos ideológicos y de la brillante sátira social —que necesitaron la protección del emperador José II, figura paradigmágtica del Despotismo Ilustrado, para poder estrenar la ópera—, Da Ponte y Mozart lograron crear una extraordinaria «comedia humana» que constituye una alegoría de la búsqueda de la felicidad, en que los protagonistas sienten una viva necesidad de amor, ya sea visto como deseo sexual —el conde o Cherubino—, como nostalgia de una felicidad perdida —la condesa— o como puro afecto familiar —Figaro y Susanna—, pero que se presenta siempre amenazado, desde el primer momento, por la desconfianza y la traición.

La acción se sitúa en el castillo del conde de Almaviva. Ya hace unos años que el conde se ha casado con Rosina gracias a la ayuda del entonces barbero Figaro, ahora a su servicio y a punto de casarse con Susanna, camarera de la condesa.

La intriga se centra en el deseo que siente el conde por Susanna, a quien quisiera poseer invocando el ius primae noctis, y la reacción ágil y decidida de Figaro que —con la complicidad de Susanna y la condesa, que añora el amor de su marido— prepara una trampa que pondrá en evidencia a su señor.

En la escena final, cuando la condesa perdona al conde arrodillado a sus pies y todo parece haber regresado al orden inicial, la música de Mozart se empapa de una melancolía de una intensidad inaudita que nos da la clave de la ópera. En franca contradicción con las palabras, afirma la vanidad de toda esperanza, la efímera ilusión de encontrar la felicidad en este mundo.

Da Ponte llamó a esta ópera commedia per musica y no opera buffa, y, en efecto, el texto y la música superan sobradamente los estereotipos habituales. Los personajes alcanzan un relieve psicológico inimaginable hasta entonces y la música incorpora muchos préstamos de la opera seria, con arias de una tristeza completamente ajena a la tradición cómica, piezas de conjunto y los desmesurados finales del segundo y el cuarto acto.

En sus Memorias (Nueva York, 1830), Lorenzo Da Ponte, autor del libreto de Las bodas de Fígaro (Le nozze de Figaro), explica la génesis de esta ópera. Tal como él lo recuerda, la iniciativa fue del propio Mozart y la tenacidad que permitió finalmente su representación en Viena (1786) fue de Da Ponte. El texto, sin embargo, recuerda también el entusiasmo con el que la escuchó el emperador José II quien, si bien había prohibido representar el revolucionario texto de Beaumarchais, autorizó el estreno de la ópera de Mozart.

Reproducimos este fragmento de las Memorias basado en la traducción de Antoni Seva: «Conversando un día, [... Mozart] me preguntó si yo podría reducir fácilmente a drama la comedia de Beaumarchais titulada Las bodas de Fígaro. La propuesta me agradó mucho y se lo prometí. Pero entrañaba una dificultad enorme que debía superarse. Pocos días antes, el emperador había prohibido a la compañía de teatro alemana representar dicha comedia que estaba escrita, decía él, con demasiada libertad para un auditorio biempensante: ¿Cómo proponérsela, entonces, para un drama? [... Yo] propuse escribir la letra y la música en secreto y esperar una oportunidad favorable para presentarla a los directores teatrales o al emperador, de lo cual, osadamente, me atreví a encargarme. [...] Me puse, así pues, manos a la obra y, a medida que yo escribía la letra, [Mozart] componía la música. En siete semanas, todo estaba listo. [... Y] sin hablar con nadie, fui a ofrecer el Figaro al propio emperador.

[...] Estas Bodas de Fígaro [me dijo], yo las he prohibido a la compañía alemana.

–Sí –añadí yo–; pero como he compuesto un drama musical y no una comedia, he tenido que omitir muchas escenas y que reducir muchas más, habiendo omitido y acortado aquello que podía ofender la delicadeza y decencia de un espectáculo presidido por Su Soberana Majestad. En cuanto a la música, además, hasta donde puedo juzgar, me parece de una maravillosa belleza.

–Bien. Si es así, me fío de vuestro gusto por lo que respecta a la música y de vuestra prudencia por lo que respecta a la moralidad. Haced que den la partitura al copista. Enseguida fui corriendo a ver a Mozart, pero no había terminado de darle la buena nueva cuando un palafrenero del emperador vino a entregarle una nota en la cual le ordenaba ir sin dilación a palacio con la partitura. Obedeció el mandato real; le hizo escuchar diversos pasajes que le agradaron indeciblemente y, sin exageración alguna, quedó atónito. Tenía un gusto exquisito en materia de música, como también lo tenía verdaderamente en todas las bellas artes. El gran éxito que esta representación teatral cosechó en todo el mundo mostró claramente que no se había engañado en su juicio.»

Síntesis argumental y libreto

Le nozze di Figaro, «commedia per musica» en cuatro actos, estrenada en el Burgtheater de Viena el 1786, es una de las óperas de Mozart más justamente apreciadas desde el mismo momento del estreno. El libreto de Lorenzo da Ponte se basa en la obra teatral de Beaumarchais Le mariage de Figaro, ou La folle journée (1784), la segunda de la trilogía iniciada con Le barbier de Séville (1775) y concluida con La mère coupable (1792), totalmente inmersa en el espíritu contestatario previo a la Revolución Francesa.

Da Ponte obtuvo el permiso del emperador José II y con una inteligencia y habilidad notables evitó los momentos más conflictivos manteniendo sin embargo la cáustica sátira social y el dibujo magistral de los caracteres.

Mozart logró un equilibrio formal admirable entre el tempo dramático y el musical y con esta obra llevó la opera buffa del siglo XVIII a su momento más brillante. La acción –contemporánea al momento del estreno– se sitúa cerca de Sevilla, en el castillo de Aguas Frescas, propiedad del conde de Almaviva, con muchos de los personajes de Le barbier de Séville. Han pasado unos años desde que el conde se casó con Rosina gracias a la ayuda del entonces barbero Figaro, ahora a su servicio y a punto de casarse con Susanna, camarera de la condesa.

Acto I

En la habitación destinada por el conde de Almaviva a ser el nuevo dormitorio de Figaro y Susanna, una serie de incidentes jocosos muestran las intenciones libidinosas del conde hacia Susanna –con la que quiere restaurar el derecho feudal ya abolido del jus primae noctis– ayudado por el maestro de música y alcahuete Don Basilio y otras intrigas amorosas paralelas.

Don Bartolo ­–que guarda rencor a Figaro– apoya la demanda de su ama de llaves Marcellina, que quiere casarse con el criado a partir de un compromiso firmado por éste en un momento de problemas económicos. El paje Cherubino, adolescente inexperto, se muestra enamorado de todas las mujeres, y en especial de la condesa. El conde se pone sin querer en evidencia e, irritado, envía a Cherubino a su regimiento de Sevilla.

Acto II

En las habitaciones de la condesa, que añora el amor del conde, ésta prepara con sus fieles criados Susanna y Figaro una estratagema para provocar sus celos y poner en evidencia a la vez sus infidelidades, en la que ha de intervenir Cherubino vestido de mujer. La llegada inesperada del conde –que provoca que Cherubino huya saltando por el balcón– está a punto de desbaratar estos planes.

El acto se acaba con las reivindicaciones de Marcellina, acompañada por Basilio y Bartolo, en un brillante septeto.

Entreacto

Acto III

En una sala del castillo, donde han de celebrarse las bodas de Susanna y Figaro, el conde sospecha de los ardides que prepara la criada. Las cosas se complican cuando se descubre que Marcellina ­–que insiste en reclamar sus derechos– es en realidad la madre de Figaro, fruto de sus amores con Bartolo.

La alegría y reconciliación general no impiden que la condesa decida continuar con sus planes y dicte a Susanna la nota que ha de delatar al conde.

Se celebran los desposorios de Susanna y Figaro y de Marcellina y Bartolo ante los labradores del lugar, entre los cuales está Cherubino disfrazado de mujer por su amiga Barbarina, y el conde ordena una gran fiesta para la noche.

Acto IV

En el jardín del castillo, de noche, Barbarina descubre sin querer la cita de Susanna y el conde ante Marcellina y Figaro, que queda convencido de la deslealtad de su amada y se esconde –con Bartolo y Basilio– para presenciar la escena. La condesa y Susanna han intercambiado sus vestidos y el conde y Figaro caen en la trampa: el conde intenta seducir a la supuesta criada y Figaro, para vengarse, corteja a la supuesta condesa.

Finalmente se aclaran los equívocos y el conde, sorprendido en flagrante infidelidad por su propia esposa, que lo perdona, se ve obligado a perdonar a todo el mundo entre la alegría general, teñida, sin embargo, de la tristeza provocada por el sentimiento general de un mundo que se acaba y la fragilidad de la fidelidad amorosa.

Le nozze di Figaro, de Mozart, en el Liceu © Antoni Bofill, Gran Teatro del Liceo. Cortesía del Departamento de Prensa del Gran Teatro del Liceo. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes, textos y notas informativas © Gran Teatre del Liceu. Publicado por cortesía del Departamento de Prensa del Gran Teatre del Liceu. Reservados todos los derechos.

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