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Música, pobreza y desarrollo
Las ciudades como Accra, afeadas por la suciedad, resultan impersonales, monótonas y peligrosas. Hace décadas, guiados por el discurso políticamente correcto, debíamos decir que estas características eran responsabilidad de nuestra herencia colonial: un modelo de sociedad portador de ambición y de corruptelas. En la actualidad, tales componentes se han vuelto estructurales, y están profundamente arraigados en la sociedad local. Por desgracia, esto último no es discutible. En todo caso, el debate comienza cuando nos planteamos qué hacer para ayudar a países en la situación de Ghana. Y créanme, la donación de violines para su agrupación sinfónica no es la prioridad más acuciante, aunque no discuto la oportunidad de dicho gesto.
Salir de Accra es complicado a cualquier hora del día. No hay muchas carreteras y las que hay están llenas. Además, para viajar al norte es inevitable pasar por Kumasi, que es la segunda ciudad del país, por lo que la carretera es una pesadilla. O una nueva lección de paciencia.
La salida de Kumasi está adornada por un desfile imposible de piezas de reparación de automóviles. En realidad, es un mercadillo de apariencia improvisada, pero que se extiende a lo largo de cinco kilómetros por la carretera. Por todas partes hay gente husmeando entre miles de parachoques, volantes, llantas, puertas... El trueque es el sistema económico que allá impera. Como una peculiar banda sonora, se oyen voces, cantinelas y otros ecos del bullicio que se suman al trajín metálico.
¿Qué sentido tiene la música clásica −al cabo, un placer refinado− en un escenario de tanto deterioro y desolación? Pienso en programas tan loables como el de Joven Orquesta Filarmónica de El Cabo, cuyos integrantes provienen de zonas desfavorecidas. A través de cursos y talleres, los niños descubren la música y una posibilidad de progreso. Por otro lado, esto sirve para que la orquesta arraigue como institución, alejada de prejuicios elitistas. Obviamente, la situación es distinta en Sudáfrica, y por eso no esperaba hallar una experiencia similar en lo más recóndito de la geografía ghanesa.







































































