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Tosca en el cine (II)
Con estos antecedentes, no ha de sorprender el cuidado con que Gallone plantea su siguiente relectura de Puccini: Tosca (1956), una superproducción en Cinemascope y Eastmancolor, rodada en Cinecittà. Baste señalar el carisma romántico de Franco Corelli, irrepetible Cavaradossi, y el concurso de dos voces consagradas, las de Maria Caniglia (Tosca) y Giangiacomo Guelfi (Scarpia), que atinan a captar la tensión dramática que requiere el cinematógrafo.
En la película Enrico Caruso: La leggenda di una voce (1951), de Giacomo Gentilomo, Ermanno Randi es doblado por Mario del Monaco, y por medio de su voz, Cavaradossi vuelve al celuloide. Ese mismo año, se estrena El gran CarusoThe Great Caruso), de Richard Thorpe, donde Mario Lanza, un Caruso bien hollywoodense, canta "E lucevan le stelle", y no será la última vez. En otra película de Lanza, Dos pasiones y un amor (Serenade, 1956), dirigida por Anthony Mann, hay una nueva cita de Tosca, personificada en escena por Lillian Molieri. (
Tras el éxito de los dos biopics de Caruso, el cine se aproxima a otras figuras de la ópera. La mujer más guapa del mundo (La donna più bella del mondo, 1958), de Robert Z. Leonard, es un homenaje a Lina Cavalieri, interpretada, con innegable gracia, por Gina Lollobrigida. Atendiendo al repertorio que popularizó la soprano, escuchamos en la película el "Vissi d'arte", de Tosca.
En el ámbito de la curiosidad, mencionaremos una libre adaptación de la pieza llevada a cabo por Luis Buñuel en Los ambiciosos (La fièvre monte à El Pao, 1959). Según refiere el cineasta en sus memorias: "En dos ocasiones he plagiado libretos de ópera, Rigoletto en Los olvidados (el episodio del saco) y Tosca en La fièvre monte à El Pao (la situación general es la misma)". Pese a la franqueza con que declara su inspiración, cabe señalar que no es tan obvio el paralelismo entre ópera y película. Cosa bien distinta es La Tosca (1973), de Luigi Magni, aproximación fiel pero en clave irónica, definible con la sola mención del inesperado reparto: Vittorio Gassman es Scarpia, Monica Vitti es Floria Tosca, Gigi Proietti es Cavaradossi y Aldo Fabrizzi, el Gobernador.
La de Magni es la última versión completa de Tosca llevada al cine. Por no extender en demasía el estudio, dejamos a un lado la cita de sus arias más célebres en producciones como Serpico (1973), de Sidney Lumet, Copycat (1995), de Jon Amiel, y No va más (Rien ne va plus, 1997), de Claude Chabrol, pese a que la referencia musical no es ociosa en estos casos (es más: resulta decisiva en la obra de Chabrol).
Del mismo modo, dejamos en esbozo un análisis comparativo de documentales como Il bacio di Tosca (1984), del suizo Daniel Schmid, dedicado a los veteranos de la Casa Verdi, y I live for art-Tosca (1983), de Muriel Balash, más ambicioso en su concepto, pues reúne las entrevistas del barítono Robert Merrill a quince sopranos que cantaron Tosca (Licia Albanese, Grace Bumbry, Montserrat Caballé, Gina Cigna, Régine Crespin, Dorothy Kirsten, Zinka Milanov, Birgit Nilsson, Magda Olivero, Leonie Rysanek, Renata Tebaldi, Kiri Te Kanawa, Eva Turner, Galina Vishnesvkaya y Ljuba Welitsch. Asimismo, incluye imágenes de Maria Callas y Maria Jeritza)
Cerrando un inventario inaugurado con la enérgica directriz de Sarah Bernhardt, redescubrimos los trazos característicos del personaje en dos producciones de animación. En el filme colectivo Opera imaginaire (1995), el dibujante José Abel idea una breve fantasía a partir de la voz de Carlo Bergonzi, quien interpreta "E lucevan le stelle". Y en la producción francoitaliana Tosca virtual (1997-2000), las técnicas de reproducción digital proyectan en el plano de datos el registro de 1953, dirigido por Victor De Sabata e interpretado por Maria Callas, Tito Schipa y Giuseppe Di Stefano.
Sin lugar a dudas, la contemporaneidad de ambos proyectos y su novedoso procedimiento simbolizan la vigencia cinematográfica del personaje de Sardou, a la par que renuevan un canon femenino en constante agitación.
Imagen superior: Roberto Alagna y Angela Gheorghiu en Tosca (2001), de Benoît Jacquot
(Escribí la primera versión de este artículo en las páginas de la revista Scherzo)
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