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Turandot, la princesa hechizada - La farsa de la mandrágora

Índice de Artículos
Turandot, la princesa hechizada
Los enigmas son tres, la muerte una
La hija de Turan
Los mil y un días
La farsa de la mandrágora
Turandot y la chinoiserie
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La farsa de la mandrágora

El hábil parlamento de Truffaldino habría dejado pálido a maese Pétis. Comenta el muy pícaro que Calaf duerme con una mandrágora bajo el cojín. En su broma, lo acompañan Pantalone, un caballero distinguido, y Tartaglia, el tartamudo. Ambos son secretarios del emperador. Otro criado, Brighella, comparte con Truffaldino el mando sobre los eunucos. Sus artificios son los propios de la commedia dell’arte, y eso puntualiza que forman parte de la Turandotte de Carlo Gozzi (1762), sugerida a su vez por la de Lesage.

Las gracias de Truffaldino, por peregrinas que parezcan, no contradicen la esencia del viejo cuento (ya saben que Puccini se atrevió a vindicar las máscaras de Gozzi por medio del trío de Ping, Pong y Pang). Personalmente, y al margen de lo peculiar de esta fiaba tragicomica, no encuentro grandes diferencias con el relato de Pétis de la Croix. Alla Turandotte gozziana, que es mujer soberbia, y tan atroz como la de Pétis. fin y al cabo, el clima intelectual de la ilustración también estimula el deseo de independencia de

En la comedia, Calaf acepta el ceremonial de Turandotte, detrás del que entrevé una posesión (habla del “monstruo que la domina”). Frente a dicho prejuicio, la princesa huye del compromiso y subraya, por medios crueles, su indomable autonomía.

Con idéntica sucesión de golpes de escena que su precedente francés (los tres acertijos, el envío de la esclava Adelma –Adelmule en Pétis– para que sonsaque a Calaf…), Gozzi carga de intensidad su relato. No obstante, hay diferencias entre esta y las otras versiones. Por ejemplo, la aventura de Calaf no se plantea aquí como un tortuoso viaje iniciático. Es más, el príncipe gozziano queda muy a merced de su amada, quien llega a sentir compasión por él. ¿Cómo no admirarla cuando incluso se da el gusto de liberar a Adelma?

Para no cansarles con más comparaciones, terminaré con una noticia que puede que algunos hallen obvia y quién sabe si reiterativa, aunque no es ésta mi intención. Schiller elabora en 1802 su adaptación del texto de Gozzi para el teatro de la Corte de Weimar.

En nuestro catálogo, el cuento tragicómico del alemán figura como la versión más influyente entre los operistas, y la razón es clara: Schiller describe de forma plausible el cambio sentimental de la princesa.

Quedan otras interpretaciones. La terquedad del personaje se prolonga en obras como Turandot o El congreso de los blanqueadores, de Brecht. No obstante, bulle en este cuento fantástico algo que se nos escapa. Como ahora veremos, pesa en él otra herencia: la del orientalismo.

De ahí que la estampa encuadre ahora nuevas lecturas, tan enjundiosas como La Description geographique, historique, chronologique, politique et physique de l’empire de la Chine et de la Tartarie chinoise (1735), del padre du Halde, y Les aventures merveilleuses du mandarin Fum-Hoam, contes chinois (1723), del citado Gueullette.



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