"Acción comunicativa y razón sin trascendencia", de Jürgen Habermas

William_Michael_Harnett4

Acción comunicativa y razón sin trascendencia, Jürgen Habermas. Traducción de Pere Fabra Abat. Paidós, Barcelona, 2003, 100 páginas.

Con motivo de un homenaje a Thomas Mac Carthy y como secuencia de Verdad y justificación, siempre con el fondo en eco de su teoría sobre la acción comunicativa, Habermas pasa revista a una enfilada de tópicos del pensamiento occidental.

El punto de partida es Kant, su concepción del mundo como una razonable serie de objetos posibles, de los cuales nunca sabremos nada de lo que son en sí mismos.

Un sujeto cognoscente, único y trascendental a la vez que empírico e individual, es quien se encarga de saber, o sea de poner en juego su facultad racional.

Derogada toda trascendencia, desarticulada la unidad del sujeto ¿qué nos queda de lo que ha sido la metafísica moderna en Occidente, esa telaraña de relaciones teóricas y prácticas entre sujetos y objetos? Y, pregunta mayor ¿qué nos queda de la razón kantiana? ¿Está arrojada al seno del lenguaje o sigue siendo la fuerza que mueve al mundo? Kant no atribuía ningún papel al lenguaje, ni teórico ni práctico.

La meditación contemporánea, en cambio, suele preocuparse por el hecho central de que no pensamos ni obramos fuera del lenguaje.

Las preguntas insisten: ¿el lenguaje como facultad universal o como sistema de convenciones comunicativas de una comunidad determinada? ¿La palabra como contemplación del conocimiento o como práctica, es decir decisión moral o política? ¿La palabra de cualquiera o la autorizada, la que sanciona una corporación de sabios? Tras examinar concisamente las posiciones de los aludidos –Wittgenstein, Frege, Brandom, Gadamer– Habermas vuelve a su acción comunicativa, salida ecléctica que propone un programa de trabajo, es decir una ética: razones epistémicas para la verdad de los enunciados, puntos de vista éticos para la autenticidad de una decisión vital, indicadores para la sinceridad de las confesiones, experiencias estéticas, explicaciones narrativas, estándares culturales de valor, pretensiones jurídicas, convenciones, etc.

Una inmersión en el mundo de la vida que resulta una tarea infinita movida por un fin utópico: la plenitud de la comunicación entre los seres humanos.

O sea: la historia.

Copyright © Blas Matamoro. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. El texto aparece publicado en Cine y Letras con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.


  • Las plumas del dinosaurio
    Las plumas del dinosaurio Si lee usted periódicos o blogs, ve o escucha noticieros, o está conectado a las redes sociales, seguramente ya se enteró del hallazgo, dentro de una pieza de ámbar procedente de las minas (sí: el ámbar se extrae…
  • La planta transparente
    La planta transparente A veces los científicos, pero también los escritores de ciencia ficción, se hacen preguntas extrañas. Por ejemplo, "¿podría evolucionar una planta transparente?" Para el escritor, tal pregunta muy bien puede dar pie a un relato…
  • Clasificar
    Clasificar El ser humano —y también muchos animales— tiende, de manera natural, a clasificar. Clasifica a sus congéneres en machos y hembras; en jóvenes, adultos y ancianos; en grandes y pequeños, y de muchas otras maneras.…

ECOCULT041

Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

ECOCULTdinosaurio

ECOCULTcaballo

Caballo islandés (Trey Ratcliff), garza real (David MK), vacas de las Highlands (Tim Edgeler), pavos (Larry Jordan) y paisaje de Virginia (Ed Yourdon), CC

  • Manatíes, se apaga el canto de las sirenas
    Escrito por
    Manatíes, se apaga el canto de las sirenas “¡Sirenas!”, voceó el Almirante Colón el 9 de enero de 1493 cuando navegaba en La Niña, en aguas del río del Oro, a la vista de tres formas grisáceas que se desdibujaban bajo el agua.…
  • El gran legado de Darwin
    El gran legado de Darwin A diferencia de algunos científicos famosos que tuvieron vidas emocionantes y hasta heroicas, Charles Darwin fue un tipo más bien aburrido. Nació en una familia acomodada —su padre era médico—, así que nunca tuvo necesidad…