El historiador y sociólogo Norbert Elias (1897-1990)
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- Category: Opinión
- Creado en 06 Julio 2010
- Published: 06 Julio 2010
- Escrito por Blas Matamoro

Quien sería uno de los historiadores y sociólogos importantes del siglo, sólo oyó hablar tardíamente de sociología a su maestro Karl Jaspers, paseando fuera de clase por un parque.
Elias estudiaba filosofía y medicina, y la suerte y la curiosidad lo llevaron a ser obrero metalúrgico en Alemania y dependiente de tienda en el exilio de París.
Se descubrió historiador intrigado por el fenómeno de la risa. Su formación médica le permitía explicarse cómo los músculos faciales intervienen en el acto de reír, de modo involuntario, pero los números no cuadran cuando se advierte cómo se enseña a reír a los niños sin que sientan nada risible, por medio de un aprendizaje variable entre culturas.
Esta simple base (el hombre es un animal que excede la causalidad, es el hombre abierto de la sociología frente al hombre cerrado de la biología positivista) le vale para su escueta formulación teórica: la historia es el estudio de los cambios que se producen en los códigos por los cuales cada sociedad permite y prohíbe declarar los afectos, que son inefables.
Frente a las dominantes filosofías del progreso, Elias propone la idea de un cambio inespecífico. No hay progreso porque no hay sentido en la vida ni, por ello, objetivos preestablecidos y fijos.
Hay alteración y crecimiento, pero no mejoría ni empeoramiento. Entre sus diversos lugares de enseñanza (Inglaterra, Holanda) figura Ghana, Allí, examinando aldeas y campus africanos, advirtió que una cultura más sencilla no es inferior a otra más complicada. Así surgieron El proceso de la civilización y La sociedad cortesana, escritos en su exilio de Londres, al cual lo condujo la persecución nazi contra los judíos (su madre murió en Auschwitz, en fecha y circunstancias inciertas, en torno a 1941).
El segundo de los mencionados libros echa luz sobre una de las «revoluciones sordas» de la modernidad: el desplazamiento de la nobleza territorial por la burocrática en la Francia barroca.
Otro libro capital, Estudios sobre los alemanes, es un ajuste de cuentas con las tradiciones de la cultura alemana frente a la civilización europea occidental. Alemania: su país natal y su verdugo.
Treinta años de paciencia y postergación (había estrellas que ocupaban las candilejas: Snow y Popper) costaron a Elias llegar al éxito. Su larga vida se concentró en una vejez halagada por los premios, las traducciones, los honores universitarios.
El lector en español dispone de casi todos sus libros: el ensayo sobre Mozart, ¿Qué es la sociología ?, La sociedad de los individuos, etc.
Queda diseñada, en su centenario, una imagen utópica de la sociedad humana formulada por Elias: tras la muerte de Dios y la extinción de las religiones, un mundo sin padres ni madres apoyados en figuras celestiales. Un mundo de hombres libres, recién nacidos. Hombres sin historia, como los utopianos. Entonces ¿para qué investigar el pasado? La obra de Elias, como la de todo escritor inteligente, responde con la paradoja a la utopía.
Copyright del texto © Blas Matamoro. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. El texto aparece publicado en Cine y Letras con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos












