El pensamiento de Marcel Mauss (1872-1950)
- Detalles
- Category: Opinión
- Creado en 07 Julio 2010
- Published: 07 Julio 2010
- Escrito por Blas Matamoro

Nacido en el cogollo del judaismo francés, en la Alsacia, donde también prosperaron el revanchismo y el antisemitismo, sobrino de Emile Durkheim, pope de la sociología gala, a Mauss le tocaron fuertes herencias.
Como tales, para aceptar o revisar. De muchacho asistió al asunto Dreyfus y al nacimiento de lo que Bernard Lazare bautizó «intelectual», el que actúa con el pensamiento, el productor de ideología.
Mauss decidió abandonar el judaismo y militar en el socialismo, más concretamente en el POSR, la sección obrerista del movimiento. Toda su vida sería un activo cooperativista, un creyente en la república cooperativa del futuro como base de una sociedad socialista. También siendo joven disintió de Georges Sorel, maestro de Lenin y de Mussolini.
Por eso tomó precoz distancia del comunismo ruso, que vio como una expresión del nihilismo, la creencia en que la destrucción del Estado burgués generaría una supuesta felicidad popular. Mauss consideró que tanto el fascismo como el bolchevismo eran formas de regresión de las sociedades modernas, propias de pueblos políticamente ineducados.
Como otros socialistas franceses -Albert Thomas y Léon Blum- desvinculó claramente el comunismo del socialismo, negando el carácter socialista del primero. No hay socialismo sin consenso, sostuvo Mauss; no se puede imponer el socialismo a golpe de decretos emitidos por una dictadura del partido único sobre la clase obrera. Tampoco hay socialismo si se destruye la economía, es decir el mercado. Sus observaciones, leídas a la distancia, parecen anticipatorias del mundo actual.
La conclusión maussiana es que no habrá nunca sociedades puramente socialistas como no las hay puramente capitalistas. La otra pesada herencia para someter a beneficio de inventario fue la sociología. Francia la había originado con Saint-Simón, Comte, Enfantin y la formación de una escuela progresista, institucionista y tradicionalista.
Mauss la recibió y criticó por influencia de la escuela alemana, renuente del positivismo, y por el gran ejemplo vivo de las sociedades anglosajonas, en especial Inglaterra. Más que sociología, hay para Mauss una manera sociológica de tratar los fenómenos humanos. No ciencias sociales, sino un campo genérico de la ciencia social.
También revisó Mauss la categoría de pueblos naturales o primitivos. Toda sociedad es civilizada y se impone, pues, el comparatismo en sustitución del progresismo. No hay progreso absoluto, sino en relación con determinadas sociedades, actualmente interdependientes, aunque exista un progreso ideal, el protagonizado por un sujeto también ideal, la humanidad. La vida social crece y decrece en intensidad, oscila entre el reposo y la actividad, gasta y repara. Los sociólogos han de estudiar el origen común de todos los mitos sociales, notoriamente a partir de una historia comparada de las religiones, renunciando a dividir las sociedades en primitivas y avanzadas. Las mismas estructuras económicas son fenómenos psíquicos antes que materiales.
Mauss giró su pensamiento en torno a la importancia social del sacrificio, es decir del acto por el cual los individuos entregan a la sociedad algo que consideran sagrado.
A su vez, consideró que esta categoría, cuya contrapartida es el don, es arbitraria y puede alterarse por convención, lo cual cuestiona toda idea de sociedad natural y orgánica, y cualquier fundamentalismo. Lo social es el dominio de las modalidades. La sociedad, un acto continuo de invitación, reciprocidad, expectativa, espera. Pensar, a su vez, es agruparse: no hay pensamiento fuera de la sociedad, no se piensa sin tener en cuenta a los demás. Fragmentaria y alejada de todo sistema, escasamente empírica, la obra de Mauss se encamina a temas abiertos, que se rozan con incontables disciplinas: la magia, el maná, la oración, la moneda, el don, el nombre. Por eso ha interesado a escritores como Michel Leiris y Georges Bataille, y a investigadores sociales que no fueron discípulos suyos pero que aceptaron su maestría, como Raymond Aron, Claude Lévi-Strauss y Pierre Bourdieu.
Entre sus alumnos directos figuran casi todos los trabajadores del área en la Francia de su tiempo: Georges Dumézil, Roger Caillois, Alexandre Koyré, Louis Dumont, Jacques Soustelle, Alfred Métraux, Paul Rivet.
Varios de ellos partieron lejos a explorar comparativamente sociedades, mitos, lenguajes. A todos los sorprendió el retorno de los brujos en la política europea del siglo XX. Mauss también colaboró a cultivar sus perplejidades. No dejan de ser las nuestras. De ahí, su vigencia.
Copyright del texto © Blas Matamoro. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. El texto aparece publicado en Cine y Letras con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos










