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El 25 de mayo, en su programa radiofónico La Brújula (Onda Cero), el periodista Carlos Alsina habló del buen hacer de las empresas que conforman el Instituto de la Empresa Familiar (IEF).
Durante su reflexión, Alsina se refirió la asistencia del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, a la Asamblea anual de socios de dicha organización. Este comentario de Alsina –magnífico, como acostumbra– sobre la intervención del presidente en el IEF, me ha animado a introducir una idea más en el debate de reformas estructurales.
Comenzaremos por una aclaración. “¿Qué es el Instituto de la Empresa Familiar? –se preguntaba Carlos Alsina en su programa–. Es una asociación de empresas… Empresas que son propiedad o están dirigidas por familias. Es decir, negocios familiares. El negocio que va pasando de padres a hijos, que se desarrolla, que crece, pero que sigue estando íntimamente vinculado a una determinada familia. En ese Instituto de Empresa Familiar, en esa asociación, hay empresas como Mercadona, Osborne, Nutrexpa, Porcelanosa, Catalana Occidente, Pikolín, Planeta, Mango, Acciona… Marcas potentes. Compañías de mucha historia, de mucha experiencia de gestión y de mercado, que han llegado a ser lo que son porque han sabido descubrir cuál era la demanda que existía en el mercado”.
“El IEF –añadió Alsina– tiene elaborada su propia propuesta para reactivar la economía española. Propuestas urgentes, lo han titulado. Plan de choque, que tienen resumido en seis folios. Están en internet para el que quiera verlos. En él, aparecen algunas medidas que ya ha adoptado el gobierno. Por ejemplo, el incentivo a la compra de vehículos. Por ejemplo, la obligación de que las administraciones paguen a sus proveedores en un plazo máximo de treinta días, y dejen de ser morosas con los autónomos y con las pymes. Luego proponen otras medidas que el Gobierno, por ahora, rechaza. Digo por ahora porque con el Gobierno nunca se sabe cuándo va a cambiar de criterio. Rechaza por ahora aplazar las cotizaciones a la seguridad social, o reducir el impuesto de sociedades con carácter general, o simplficar los trámites para los nuevos proyectos de inversión, o flexibilizar el mercado laboral, que no significa abaratar el despido… A estas propuestas que aparecen en ese documento del IEF, el presidente hoy ha dicho que nones, y a cambio les ha colocado a los asistentes, otra vez, su discurso sobre el nuevo modelo productivo. (…) ¿Cómo se hace eso? Bueno, no pidan detalles porque estamos hablando de alta política. Esto consiste en que, por ejemplo, tú tienes una empresa de supermercados… pues fabrica microprocesadores. Tú te dedicas a cultivar naranjas, pues arranca los árboles y planta molinillos eólicos. Lo tuyo son las bebidas espirituosas, pues cambiate a las isotónicas…”
Algunas de las empresas del IEF llevan, en efecto, cosechando (y embotellando) envidiables resultados desde hace siglos. Un excelente ejemplo de una estrategia a largo plazo, cuyo objetivo es, poéticamente hablando, la inmortalidad de la empresa. Otras, en cambio, con una buena cuota en el sector de la alimentación, han escogido recientemente una línea operativa reactiva que le aparta de su estrategia tradicional.
El largo plazo, nuevamente, decidirá si ese paseo temporal por un círculo inferior del infierno les vuelve a llevar a una espiral ascendente.
Desgraciadamente, los componentes del Instituto de la Empresa Familiar son una excepción en el ecosistema económico español.

































































