
Todo es relativo, dicen, sin darse cuenta de que el sabio nunca pretendió afirmar tal cosa. Con mucho mejor gusto literario y mayor finura conceptual, hay otra expresión de similar manejo: Todo es según el color del cristal con que se mira.
Muchos hablantes desconocen en la actualidad el origen de dicho aforismo. Nos recuerda José María Iribarren que éste procede de unos versos de Ramón de Campoamor (1817-1901), incluidos en su fábula Las dos linternas:
«Y es que en el mundo traidor
nada es verdad ni es mentira;
todo es según el color
del cristal con que se mira».
En su escrutinio, Iribarren cita a León Medina, que en el ensayo titulado «Frases literarias afortunadas» (Revue Hispanique, tomo XXIII, París, 1910) halló en quién se inspiró el poeta al escribir su redondilla.
Como podrá comprobar el lector, la fuente de Campoamor fue la pieza El defensor de su agravio, de Agustín Moreto, donde figuran los versos siguientes:
«Que quien por un vidrio mira
que hace algún color distinto
todo cuanto ve con él
está del color del vidrio».
(El porqué de los dichos. Sentido, origen y anécdota de los dichos, modismos y frases proverbiales de España con otras muchas curiosidades, Pamplona: Gobierno de Navarra, Departamento de Educación y Cultura, 1997, pág. 323.)
Estudiando el mismo caso, Néstor Luján apostilla que Campoamor parecía conocer el romance en cuestión, «puesto que cuando se aludió a que el origen de la redondilla venía de Moreto no lo negó taxativamente.
Añadamos que el escepticismo y la desesperanza de Campoamor son de sobras conocidos, así como su prosaísmo» (Cuento de cuentos. Origen y aventura de ciertas palabras y frases proverbiales, Barcelona: Ediciones Folio, 1994, t. II, pág. 63).
En la actualidad, muchos estudiosos cuestionan la idea de que la realidad habite una esfera objetiva, independiente del observador que la percibe.
Uno de los pioneros del llamado constructivismo, Heinz von Foerster, afirmó que la objetividad es la ilusión de una observación sin observador.
Por supuesto, queda claro que mucho antes de que los ensayistas posmodernos repitieran sentencias como ésta, Campoamor ya había expresado con más belleza esta cuestión básica del conocimiento humano.
Esta es una versión expandida de un artículo que escribí, bajo seudónimo, en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas.
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