
Desde la publicación del primer volumen en 1954, la trilogía de El Señor de los Anillos ha influido profundamente en varias generaciones de lectores que han visto en ella el máximo exponente de las fábulas que reflejan las confrontaciones entre el bien y el mal.
En su construcción de todo un universo fantástico, imaginado y sin embargo, tangiblemente vivo, El Señor de los Anillos, elegido “Libro del Siglo” en sondeos de todo el mundo, se ha convertido en punto de referencia para la moderna ficción de aventuras.
La historia presenta a un héroe inolvidable (el hobbit Frodo Bolsón) atrapado en una guerra de proporciones míticas que se disputa en la Tierra Media, un mundo lleno de magia y fantasía.
El Señor de los Anillos es, por encima de todo, un canto a la amistad y al valor individual, dos fuerzas capaces de derrotar a los poderes malignos más devastadores.
Hacía tiempo que Peter Jackson, cineasta conocido por sus recreaciones del misterioso mundo de los sueños –y las pesadillas– (Criaturas celestiales, Agárrame esos fantasmas), creía que había llegado el momento de poner en marcha la primera reconstrucción cinematográfica íntegra de El Señor de los Anillos, pero también sabía que hacerse cargo de tan titánico empeño significaría acometer el proyecto cinematográfico más ambicioso de la historia del cine.
Durante más de un lustro, desde los primeros preparativos hasta el estreno de la primera parte de la trilogía, El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo, y en el transcurso del larguísimo rodaje simultáneo de las tres entregas, Jackson se ha entregado en cuerpo y alma a cada uno de los aspectos del proyecto. «Creo que es lo menos que le debemos a Tolkien y a sus legiones de seguidores de todo el mundo», afirma el director. «Ellos merecen todo nuestro esfuerzo».
Jackson y sus coguionistas, Fran Walsh, Philippa Boyens y, en la segunda parte, Stephen Sinclair, querían dar relevancia a temas eminentemente tolkienianos como el conflicto entre el bien y el mal, entre la naturaleza y el desarrollo industrial, entre la amistad y la corrupción. «Lo que intentamos hacer en nuestra adaptación de El Señor de los Anillos es tratar estos temas como se merecen; y aunque es imposible ser del todo fiel a un libro, sobre todo si ese libro tiene mil páginas, hemos querido incorporar las cosas que interesaban más a Tolkien cuando lo escribió, convirtiéndolas en la base de las tres películas», explica Jackson.
Robert Shaye y Michael Lynne, presidentes y consejeros delegados de New Line, y productores ejecutivos del filme, apoyaron las ideas de Jackson desde el principio. «Tomamos la decisión de hacer esta película de forma muy intuitiva», dice Shaye. «Me ha pasado muy pocas veces; pensé que era lo que había que hacer; que era justo lo que necesitaba New Line y que podíamos hacerlo sin excesivo riesgo económico».
Todos ellos son entusiastas de la trilogía literaria y de los temas universales que esta vasta obra abarca. «El argumento de Las dos torres resulta tan relevante en la actualidad como hace cincuenta años», observan Shaye y Lynne. «Tolkien siempre trató en sus libros la cuestión de la fuerza destructiva y seductora del poder y la idea de que una sola persona – o en este caso un hobbit– por muy pequeña o insignificante que sea puede cambiar los designios de la historia». «La Historia», añade Lynne, «está marcada por confrontaciones como las que tienen lugar en la Tierra Media, por luchas de poder y batallas entre el bien y el mal».
El universo de la Tierra Media presentado en La Comunidad del Anillo se muestra mucho más ampliamente en Las dos torres. «En la primera parte la Comunidad viaja unida», comenta Elijah Wood, el actor que da vida a Frodo Bolsón, el Portador del Anillo. «Sin embargo, en la segunda entrega los personajes se separan y cada uno vive sus propias aventuras. El mundo se agranda y se hace mucho más interesante desde el punto de vista visual y argumental ».
«En Las dos torres», añade Mark Ordesky, productor ejecutivo, «aumenta el ángulo de visión. Vemos más regiones de la Tierra Media, como Mordor o Rohan, lugares de los que hasta ahora sólo habíamos oído hablar. Aparecen nuevos personajes y criaturas sorprendentes. De entre todos ellos hay que destacar a Gollum, uno de los seres más inquietantes de la Tierra Media, cuyo papel es tan importante como el de cualquiera de los protagonistas».
El rodaje simultáneo de las tres películas ha supuesto una operación logística equiparable a una campaña militar a gran escala. Para hacer realidad este ambicioso sueño ha sido necesaria la labor de una legión de creativos -expertos en infografía, diseñadores de armas medievales, escultores, lingüistas, encargados de vestuario, maquilladores, herreros y maquetistas-, además de un amplio elenco de excelentes actores y un equipo de figuración de más de 26.000 personas.
Desde el principio del proyecto de adaptación de la trilogía al cine Peter Jackson decidió rodar las tres películas a la vez, algo que nadie había hecho nunca en la historia del cine. «La gente que ha pasado por el rodaje y ha sido testigo del trabajo de efectos de especiales y del enorme número de personas que han participado en la producción de esta película, comprende mejor lo que ha sido este proyecto y lo que todavía es», observa Elijah Wood, «es imposible explicarlo con palabras».
A lo largo de dieciocho meses Jackson y su equipo de producción, compuesto por más de 2.400 personas, distribuyeron sus cámaras por todos los rincones de Nueva Zelanda. Un trabajo que no finalizó en el estreno de la primera parte de la trilogía (el pasado 19 de diciembre de 2001), sino que desde ese mismo día una legión de personal de posproducción y de efectos especiales continuó preparando las otras dos entregas para su estreno consecutivo. «Una de las mayores ventajas de rodar tres películas a la vez», explica el productor Barrie Osborne, «es que cuando terminas una parte puedes proyectar el montaje de la siguiente con ojos nuevos. Es algo que no se había hecho nunca antes».
Si hay algo en lo que coinciden todos los miembros del equipo técnico y artístico es que este rodaje tan intenso y prolongado ha creado un lazo inolvidable entre ellos. «Ha sido una experiencia vital extraordinaria para todos nosotros», dice Elijah Wood. «También nos ha permitido convivir como nunca antes en otros rodajes. Aquí hemos hecho amigos que no olvidaremos jamás ».
«Cuando los miembros del equipo de El Señor de los Anillos nos reencontramos es como volver a ver a tu familia», añade Osborne, «es como ir a casa de tus padres el Día de Acción de Gracias».
El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo descubrió para los espectadores de todo el planeta el extraordinario mundo de la Tierra Media. Y lo hizo con tal fuerza que su estreno se convirtió en un auténtico fenómeno: colas de miles de personas, críticas que aclamaron la película, premios. Algo que ha contribuido a que cada uno de los participantes en esta empresa colosal esté de acuerdo en que el esfuerzo ha merecido la pena.
«Todo el mundo estaba decidido a satisfacer las expectativas de los seguidores de Tolkien, entre otras cosas porque nosotros somos los primeros seguidores de su obra», explica Mark Ordesky, productor ejecutivo. «Peter leyó los libros cuando tenía 18 años. Fran y Philippa también los conocieron desde jóvenes. Yo los leí a los 12 años. Entre nosotros nunca hubo la más mínima duda de la capacidad de Peter para triunfar en su empeño. Por lo menos yo no dudé».
Con el estreno de Las dos torres la leyenda continúa. «Son tres películas, pero una sola historia», explica Wood. «La gente está esperando el capítulo siguiente, porque la acción se incrementa muchísimo y, en mi opinión, resulta mucho más interesante. Hay más batallas y aparece Gollum, que es uno de mis personajes literarios favoritos ».
«No todos los personajes de Las dos torres están interpretados por seres humanos», señala Jackson. En la segunda parte de la trilogía aparecen dos memorables personajes digitales creados en los estudios Weta Digital (Wellington, Nueva Zelanda): Gollum, basado en los movimientos y la interpretación del actor Andy Serkis pero articulado por medio de avanzadas técnicas de “motion capture” (captura y réplica de movimientos); y Bárbol, un personaje que camina y habla, algo absolutamente normal si no fuera porque es un árbol tan real como cualquiera de los que podemos ver a diario en nuestro entorno cotidiano.
La colosal batalla del Abismo de Helm, donde miles de soldados Uruk-hai invaden la fortaleza de Rohan, está recreada por medio de una compleja mezcla de imágenes reales, miniaturas y “Massive”, el programa informático exclusivo de Weta Digital que permite dotar de inteligencia y voluntad propia a cada uno de los seres digitales que intervienen en la feroz contienda. «En La Comunidad del Anillo comenzamos a utilizar el programa “Massive”, pero en esta segunda entrega hemos aprovechado de lleno su potencia, especialmente en las escena de la batalla del Abismo de Helm, donde diez mil Uruk-hai digitales atraviesan el valle hacia la fortaleza de Rohan», cuenta Jackson.
Richard Taylor, ganador de un Oscar a los Efectos Visuales por su trabajo en La Comunidad del Anillo, explica que en la segunda parte ha aumentado la calidad narrativa y visual del producto: «Estoy deseando ver la reacción del público ante Las dos torres. Que se preparen los que estaban de acuerdo en que la primera parte era una epopeya visual extraordinaria, porque no es nada comparado con lo que viene ahora».
La comunidad disuelta: historia de Las dos torres
En la Tierra Media se ha roto el equilibrio de poder. Dos torres –Barad-dûr, fortaleza del Señor Oscuro Sauron en Mordor y Orthanc, baluarte del poder de Saruman en Insergard- han establecido una alianza para declarar la guerra a los pueblos libres que habitan la Tierra Media y acabar con la raza humana.
«El título, Las dos torres, alude a la torre de Orthanc, centro de poder de Saruman, y la torre de Barad-dûr, fortaleza de Sauron, y las dos se han aliado», señala el director, guionista y productor Peter Jackson. «En cierto modo es la historia de un genocidio, de dos fuerzas malignas que han decidido que la raza del hombre, la humanidad, debe ser erradicada de la faz de la tierra. Y se proponen encargarse de ello».
El influjo maléfico del Anillo Único, creado por Sauron, ha atacado al corazón de la Comunidad que se formó para destruirlo. La misión ya se ha cobrado la vida del mago Gandalf el Gris (Ian McKellen) y del humano Boromir (Sean Bean). Sólo el hobbit Frodo Bolsón (Elijah Wood) ha demostrado poseer suficiente fortaleza para resistir a la influencia del Anillo, virtud que le convierte en el único ser cualificado para ser su portador.
Frodo debe enfrentarse solo a su destino. Acompañado únicamente por su fiel amigo Sam, se aventura en territorio enemigo, sin saber que tras sus pasos viene una criatura misteriosa que tuvo una amarga experiencia con el Anillo: Gollum.
Gollum era un hobbit normal, pero quinientos años de posesión del Anillo deformaron su cuerpo y corrompieron su mente. Cuando Frodo y Sam le descubren siguiéndoles, Gollum propone, a cambio de su libertad, conducirlos a Mordor a través de las abruptas colinas de Emyl Muil. «Cuando Frodo conoce a Gollum en gran parte se reconoce a sí mismo», explica Andy Serkis, el actor que aporta su voz, sus movimientos y en definitiva -gracias a la intervención de Weta Digital- la esencia de Gollum. «Frodo presiente que no podrá seguir adelante sin Gollum», sentencia Serkis.
Gollum colabora con los hobbits para estar cerca de su “tesoro”, el Anillo, y así poder robarlo. Pero como comparte con Frodo la condición de Portador del Anillo, el hobbit consigue hacerle confesar la historia de su verdadera identidad: antes de sufrir el poder corrosivo del Anillo se llamaba Sméagol y era un hobbit de la rama de los Fuertes que se adueñó del Anillo por la fuerza.
Para Frodo estar con Gollum es como mirarse en un espejo oscuro. «Es como ver a una persona que padece una enfermedad terminal que el propio Frodo está empezando a incubar», señala Serkis.
Recobrada la lucidez, Sméagol empieza a desprenderse de Gollum y su relación con Frodo abre una brecha entre él y Sam. «La incorporación de Gollum cambia mucho la relación entre Frodo y Sam», explica Elijah Wood, «supondrá una prueba para su amistad porque Frodo se apoya cada vez más en el Anillo y su influjo alterará poco a poco su personalidad a lo largo del trayecto. Sam tiene que asumir más responsabilidades para proteger a Frodo, quien empieza a perder su sensibilidad, su pureza y su objetivo».
«Cuanto más tiempo tiene el Anillo en su poder, más sufre Frodo», asegura Sean Astin, el actor que interpreta a Sam, el fiel amigo de Frodo. «Sam tiene plena confianza en Frodo y entiende lo que le está ocurriendo».
A lo largo de su viaje a través de las colinas de Emyn Muil y las Ciénagas de los Muertos en pos de Gollum, esa confianza mutua que tan importante ha sido para los dos amigos en su misión, empieza a quebrarse. La capacidad y la voluntad de Gollum para conducirles a Mordor son más que dudosas.
«Cuando empiezas a pensar que la cosa no puede ponerse más difícil para los pequeños hobbits en su viaje a través de las vastas llanuras, los desiertos y las regiones volcánicas de la Tierra Media, la situación empeora todavía más», apunta Astin.
La acción de Las dos torres arranca cuando Aragorn (Viggo Mortensen), el arquero Elfo Legolas (Orlando Bloom) y el guerrero Enano Gimli (John Rhys-Davies) persiguen a un grupo de Uruk-hai. Los Uruks han secuestrado a los hobbits Merry (Dominic Monaghan) y Pippin (Billy Boyd), creyendo que son los portadores del Anillo, Frodo y Sam. Si los Uruks consiguen entregarlos a Saruman, el mago descubrirá que no son los Hobbits que buscan y los matará.
En las llanuras Aragorn, Legolas y Gimli se encuentran con una patrulla de jinetes de Rohan. Éomer (Karl Urban) informa a Aragorn de que Théoden, el Rey de Rohan (Bernard Hill), ha sido embrujado por Saruman y traicionado por su consejero de confianza, Grima Lengua de Serpiente (Brad Dourif). «Prácticamente se ha convertido en un zombi», cuenta el actor británico Bernard Hill, que se incorpora a la trilogía en el papel del Rey Théoden, «se ha dejado consumir por el veneno de Saruman que le ha inoculado Lengua de Serpiente ».
Además, los soldados de Rohan explican que la noche anterior han asaltado a las tropas de los Uruks, pero no han encontrado ningún hobbit. En sus ansias de encontrar a Merry y Pippin, Aragorn se interna en el bosque encantado de Fangorn junto a Legolas y Gimli. Allí descubren con estupor que el mago Gandalf sigue vivo. Ya no va vestido de gris, como cuando se enfrentó al Balrog, sino de blanco resplandeciente. «Gandalf es inmortal», explica Ian McKellen, que fue candidato a un Oscar por su espléndida interpretación de Gandalf en La Comunidad del Anillo. «El mago ha vuelto –señala McKellen– pero es diferente, Gandalf el Gris ha cedido el lugar a Gandalf el Blanco. En el libro queda claro que ha regresado con fuerzas renovadas. Vuelve con un objetivo concreto, concentrado como un samurai, y entregado a su misión, que es otorgar a la Comunidad del mayor poder posible ».
Gandalf ha regresado pletórico de poder y sabiduría. Le dice a Aragorn que tienen que hacer cuanto esté en su mano para unir a todos los Hombres en contra de Sauron y Saruman y de esta forma ganar tiempo para que Frodo logre llevar el Anillo el Monte del Destino, donde ha de ser destruido.
«Gandalf no controla enteramente su destino ni el de la Tierra Media», explica McKellen. «Su trabajo es ayudar a los habitantes de la Tierra Media a sobrevivir y resistir a la tiranía que impondrá Sauron si adquiere el poder que ansía».
En Rivendel, Arwen (Liv Tyler), Elrond (Hugo Weaving) y los elfos viven un momento de transición. «Es un tiempo triste para los Elfos, es la hora de la despedida», explica Weaving, «porque saben que se acaba su tiempo en la Tierra Media y que tienen que dejar sitio a la ascensión de la raza del Hombre».
Arwen ha dejado claro que tiene intención de permanecer en la Tierra Media al lado de Aragorn, aunque ello suponga sacrificar su inmortalidad. «Es un conflicto entre la mortalidad y la inmortalidad», dice Liv Tyler, que encarna de nuevo a Arwen. «Ese es el problema al que deben enfrentarse Arwen y Aragorn por estar juntos, pero ellos no conciben la idea de separarse».
Lejos de Rivendel, Aragorn conoce a Éowyn (Miranda Otto), mujer de cabellos rubios y sobrina del Rey de Rohan, Théoden (Bernard Hill). «En El Señor de los Anillos hay muy pocas mujeres», señala la actriz australiana, que se incorpora a la trilogía en Las dos torres. «Éowyn es el primer personaje femenino realmente humano. Galadriel y Arwen, que son Elfas, aparecieron por primera vez en la primera película. Pero en la segunda parte entramos en el mundo de los seres humanos».
Cuando su padre y su madre murieron consecutivamente a manos de los Orcos, Éowyn quedó a cargo de Théoden, junto a su hermano Éomer (Karl Urban) y su primo Théodred. «En el libro se dice que Éowyn es hija de reyes», explica Otto. «En Rohan están pasando por un momento muy difícil y Éowyn es testigo de cómo se derrumba la casa real, cómo declina su linaje. Quiere empujar a Théoden a la acción, pero es su rey y no puede obligarle».
La presencia de Aragorn en Edoras, la capital de Rohan, da a Éowyn una nueva confianza en sus posibilidades de vencer al ejército de Saruman. «Éowyn interviene de forma muy heroica en la historia», dice el productor Barrie Osborne. «Es muy fuerte, y se nota que siente una gran pasión por Aragorn».
Aragorn siente que algo le une a Éowyn, pero su corazón permanece en Rivendel, donde selló su pacto con Arwen.
Cuando su pueblo se ve obligado a refugiarse del inminente ataque de los Uruk en el Abismo de Helm, Éowyn tiene claro que desea luchar. «Por lo general, en los mitos y leyendas que nos cuentan cuando somos niñas, nos hablan de la Bella Durmiente», señala Otto, «o de Cenicienta. Son historias de mujeres que tienen alguna clase de problema y que finalmente resuelven los hombres. Pero Éowyn es un personaje que tiene un problema y que debe reaccionar o lo perderá todo. Entonces se encuentra con un hombre extraordinario, Aragorn, que representa todo lo que ella desea que cambie en su reino. Por otro lado, sin embargo, sabe que las fuerzas necesarias para salvarse a sí misma y a su pueblo están en su interior».
Capturados por los Uruk-hai al final de la primera parte de La Comunidad del Anillo, Merry (Dominic Monaghan) y Pippin (Billy Boyd) agudizan el ingenio y consiguen liberarse por sus propios medios. «Los Uruk-hai tienen un aspecto aterrador», dice Dominic Monahan, el actor que da vida a Merry , «no sienten dolor, culpa ni miedo. Su único punto débil es que en grupo siempre discuten, porque todos se sienten fuertes. Merry y Pippin lo comprenden enseguida y se aprovechan de esa circunstancia para escapar».
Una vez que han huido, los dos hobbits se refugian en Fangorn, un bosque del que se dice que está encantado. «El bosque está vivo», explica Monaghan, «le rodea un aire de antigüedad y esa cualidad es lo que le ha protegido desde siempre. También esconde un misterio».
Dice la leyenda que Fangorn está poblado de viejos y enormes árboles que caminan y hablan. Los hobbits descubren que el rumor es cierto cuando conocen a Bárbol, el árbol más anciano de todos cuantos pueblan la Tierra Media. Bárbol es uno de los personajes de la película generados exclusivamente por ordenador cuya creación corrió a cargo de Weta Digital. John Rhys-Davies, que también interpreta a Gimli en la película, presta su voz a este ser extraordinario.
«Resulta muy interesante cómo influye Bárbol en Merry y Pippin y cómo influyen Merry y Pippin en Bárbol», afirma Rhys-Davies. «Yo creo que Bárbol no hubiera hecho nada extraordinario si no les hubiera conocido. Necesitaba ese estímulo. Y creo que Merry y Pippin no se hubieran convertido en seres capaces de ampliar su perspectiva del mundo si Bárbol no les hubiera dicho: “El mal gobernará pronto el mundo. Pero en un momento dado, el bien triunfará y logrará gobernar”».
En el momento en que diez mil Uruk-hai invaden las fronteras de Rohan, el Rey Théoden, liberado de su hechizo gracias a Gandalf, que le ha abierto los ojos ante traición de Grima Lengua de Serpiente, decide conducir a su pueblo al Abismo de Helm. «El Abismo de Helm es una gran fortaleza de piedra erigida en un cañón estrecho y rocoso», explica el director, Peter Jackson. «No es un castillo estratégico. En realidad es un refugio. Es donde los habitantes de Rohan se protegen en tiempos de guerra. En esta ocasión los Uruk-hai, acaudillados por Saruman, pretenden matar a todos los hombres, mujeres y niños de Rohan, y por eso envían a un vasto ejército para atacar la fortaleza del Abismo de Helm».
Théoden muestra la fortaleza a Aragorn, «sabiendo perfectamente que los efectivos con que cuentan no bastan para defenderla», comenta Bernard Hill (Rey Théoden),. «Pero ahí es donde por tradición se ha refugiado siempre su pueblo. Nadie había conseguido traspasar el Muro del Bajo –levantado para cerrar la entrada al Abismo- ni atravesar la fortaleza, llamada Cuernavilla. Después le informan de que los Uruk-hai son diez mil, un número que encuentra inconcebible. Es una cantidad que se escapa a la imaginación de cualquiera, salvo de Aragorn, que los ha visto, ha luchado contra ellos, y es consciente de su increíble fuerza».
Si sobreviven a esta batalla, la responsabilidad última de Aragorn será unir los dos reinos humanos de Rohan y Gondor contra la alianza maléfica que amenaza con destruir y esclavizar a la Tierra Media. «Es el momento en que Aragorn debe decidir si está dispuesto a asumir su destino como rey de la humanidad», señala Jackson, «porque en este momento la humanidad necesita un rey».
«Al igual que en el resto de los miembros de la Comunidad, en esta segunda entrega cae más responsabilidad sobre Aragorn», explica Viggo Mortensen, que en Las dos torres encarna de nuevo a este personaje. «Sabe que tiene que alzarse y no hacer sólo lo que Boromir esperaba de él, sino lo que Elrond, que ha sido como un padre para él, y Arwen esperan de él; y sobre todo sabe que tiene que hacer aquello a lo que está llamado».
Aunque Aragorn es consciente de que puede fracasar, está tan resuelto a intentarlo como el resto de sus compañeros de la Comunidad. «Todo el mundo está dispuesto a perseverar en ese esfuerzo colectivo», afirma Mortensen, «no hay un héroe único. Es un grupo de personas con dudas individuales que deben disipar. Sam y Frodo podrían no llegar al Monte del Destino. Gandalf podría no tener éxito en lo que tiene que hacer. Merry y Pippin podrían no salir de su aprieto. Todos tienen que encontrar una forma de sacrificarse por el grupo».
El resto de la película es el relato de los esfuerzos heroicos de Aragorn por ayudar al pueblo de Rohan a defenderse del poder maléfico de Saruman. Frodo y Sam tienen que enfrentarse a Gollum, a los espías del Señor Oscuro y a los soldados humanos de Gondor. El cabecilla de estos humanos, Faramir (David Wenham), tiene órdenes estrictas de escoltar a los portadores del Anillo a Gondor, donde su padre pretende apoderarse del Anillo y utilizarlo en defensa de su pueblo. Frodo tiene que convencer a Faramir de que utilizando el Anillo sólo conseguirá destruir Gondor y facilitar la victoria de Sauron.
La Comunidad se ve obligada a combatir no únicamente los peligros externos, sino que también tiene que enfrentarse a divisiones internas y a la influencia maléfica del Anillo. El curso de la Historia está ligado a la suerte de la Comunidad.
Nuevos personajes, criaturas y civilizaciones
El veterano actor Brad Dourif se incopora a la trilogía en el papel de Gríma Lengua de Serpiente, un hombre de Rohan que en realidad es espía del malvado mago Saruman mientras ejerce de consejero y confidente del Rey Théoden. Empleando su poderosa influencia contra el debilitado rey, a quien planea matar por orden de Saruman, Lengua de Serpiente perjudica gravemente al reino de Rohan. Intrigante y perverso, Lengua de Serpiente es uno de los grandes malvados de Las dos torres.
Bárbol es un Ent. Tan antiguos como los Elfos, los Ents eran pastores que moraban en los bosques y que se convirtieron en árboles habitados por espíritus cuya labor es proteger la vegetación y la flora de la Tierra Media. Cuando los hobbits Merry y Pippin se topan con ellos, los Ents se encuentran en su habitual estado de tranquilidad, pero no tardan en agitarse al escuchar rumores de guerra y de una posible usurpación de su territorio. Los Ents saben que Saruman, su antiguo aliado, les ha traicionado y ha destruido gran parte de sus bosques. Merry y Pippin le suplican a Bárbol y al resto de los Ents que se unan en la lucha para salvar la Tierra Media de las fuerzas del mal.
Uglúk, jefe Uruk-hai, se pone al mando de una tropa de guerreros enviados a capturar a los hobbits. Los Uruk-hai son una raza diabólica que el malvado Saruman ha reproducido en las profundidades de su fortaleza en Isengard. Este poderoso ejército sale a la luz en Las dos torres. Saruman también ha creado otra aterradora variedad de Uruks llamada Berzerker Uruk-hai. Son guerreros gigantescos que no llevan armadura. Su único propósito es sembrar el terror en las líneas enemigas.
En la espectacular acción de Las dos torres destacan los terroríficos Orcos y entre ellos su capitán, Grishnákh, un Orco maquinador que se une a los soldados Uruk-hai que han secuestrado a Merry y a Pippin. Sharku, otro Orco anciano y espantosamente desfigurado, encabeza una cruel tropa que a lomos de sus wargos combate contra el pueblo de Rohan.
Los Wargos son unas gigantescas y deformes criaturas cruce entre oso, lobo y hiena. Con sus cabezas inclinadas y sus dientes afilados, los wargos participan en la batalla mordiendo las patas de los caballos de los Jinetes de Rohan.
Numerosas especies humanas componen los ejércitos de Sauron, una de ellas es la de los Hombres del Este, que son violentos y salvajes. Llegados de distantes tierras orientales, forman hordas de guerreros ricamente ataviados que esperan ante las Puertas Negras.
Cuando Gandalf el Blanco hace su aparición en Las dos torres, Sombragris, el caballo mágico, se convierte en su inseparable compañero. Curiosamente el caballo elegido para interpretarlo es de raza andaluza.
Los olifantes son bestias de guerra gigantescas y con forma de elefante que portan en sus lomos torres de guerra y asustan a los caballos. Los soldados de Rohan también los llaman Mumalik. Tienden a desbocarse y sólo se los puede matar de un disparándoles a los ojos.
Alan Lee, John Howe y El Señor de los Anillos
Desde los primeros bocetos hasta el resultado final, los esfuerzos de Peter Jackson y su equipo por recrear el mundo de Tolkien con el mayor realismo posible condicionaron todos los aspectos de la superproducción.
En los primeros meses de preproducción Peter Jackson contrató al dibujante Alan Lee –autor de la premiada edición ilustrada de El Señor de los Anillos publicada por Harper Collins- para que colaborara con el diseñador de producción Grant Major en la tarea de recrear el mundo de Tolkien. John Howe, considerado otro de los mejores ilustradores del mundo de Tolkien, también colaboró con el equipo de diseñadores desde el primer momento.
La obra de Lee y Howe fue una guía para el trabajo de los diseñadores y marcó profundamente la imagen de la Tierra Media que presenta la trilogía de Peter Jackson. «La Tierra Media tiene que ser un lugar muy real», explica Lee, «no es ninguna fantasía. Tiene que parecer lo más real posible, y cuando ilustraba los libros intentaba tener esto en cuenta al máximo, concentrándome muy especialmente en los paisajes».
Lee estuvo presente en los platós a lo largo de todo el rodaje aportando ideas e incluso echando mano del pincel para retocar algún decorado.
Grant Major (candidato al Oscar de la Academia) supervisó la creación de algunos decorados de tamaño natural: Edoras, por ejemplo, la capital de Rohan, situada en lo alto de una colina y rodeada de vastas llanuras y de una espléndida cordillera. Realismo y minuciosidad exquisita eran las consignas claves, desde el emblema de los jinetes de Rohan hasta las hojas de los árboles vivos del bosque de Fangorn.
Desde Weta Digital, Richard Taylor y Tania Rodger, dos veces ganadores del Oscar y colaboradores de Jackson en películas como Meet the Feebles y Criaturas celestiales, continúan supervisando aspectos de la producción de El Señor de los Anillos, concretamente todo lo referente a criaturas, miniaturas, armaduras y efectos especiales de maquillaje.
Antes de construir y dar forma a los grandiosos castillos, imponentes fortalezas y civilizaciones enteras que pueblan el mundo de la Tierra Media, el dibujante Christian Rivers confeccionó los storyboard de las tres películas. Más tarde estas ilustraciones y storyboards se adaptaron a una visualización animada de Las dos torres que sirvió de guía a todos los departamentos (diseño de producción, fotografía, e incluso los revolucionarios efectos especiales y visuales realizados por Weta).
A continuación, Weta construyó en miniatura todos los edificios y paisajes de la Tierra Media y Peter Jackson recorrió esta maqueta con una mini cámara para así poder visualizar la acción que más tarde filmaría en decorados de tamaño natural. Cuando empezó a rodar fue como si ya hubiera estado allí.
En Weta Workshop, Taylor y su equipo crearon más de 48.000 artículos distintos: prótesis, espadas labradas a mano, 2.000 armas, 1.600 pares de pies Hobbits, 200 máscaras de orcos creadas a mano. Weta también se ocupó del diseño, construcción y funcionamiento de la ingeniería animatrónica.
En el momento de mayor actividad de rodaje el equipo de producción estuvo compuesto por 148 personas, a las que había que añadir otros 45 técnicos encargados de vestir a 500 actores con el vestuario creado por Weta y a 200 figurantes que portaban las distintas prótesis de atrezzo.
Para Weta Workshop una de las tareas más monumentales fue la creación de armaduras envejecidas, efectivas y realistas que al tiempo resultaran cómodas y seguras para los actores. «Weta procuró hacer a mano todos los elementos de la Tierra Media», explica Taylor, «batimos a mano las láminas de acero de las armaduras igual que se hacía en la Edad Media; las espadas de acero también están forjadas a mano; las barras y empuñaduras se sacaron de moldes de cera. Intentamos que el procedimiento de fabricación se asemejara lo más posible a lo que se hacía hace quinientos años».
Weta montó una fundición con dos armeros, Stu Johnson y Warren Green, para batir a mano el acero de las armaduras. De estas primeras planchas se hicieron moldes que sirvieron de base para fabricar las nada menos que 48.000 armaduras necesarias para equipar a todas las civilizaciones de la Tierra Media (Elfos, Orcos, Uruk-hai, Rohirrim y Gondorianos).
Con ayuda de los diseños de John Howe, Taylor pretendía crear armaduras que resultaran originales y parecieran reales. Weta creó cota de malla falsa mediante tubos de goma pintados imitando metal. Un equipo de cuatro técnicos especializados ensamblaron las más de doce millones de anillas que componen los trajes de cota de malla que podemos ver a lo largo de toda la trilogía.
Como cada par de pies sólo duraba dos sesiones de rodaje, a lo largo del rodaje se construyeron mil seiscientos pares de pies Hobbit. Se tardaba una hora en colocar las prótesis a los actores correspondientes (Elijah Wood, Sean Astin, Dominic Monaghan y Billy Boyd). «La verdad es que son como las zapatillas de tenis más cómodas del mundo», asegura Astin.
Todas las espadas que Weta Workshop creó para El Señor de los Anillos llevan inscripciones en los diferentes idiomas inventados por J. R. R. Tolkien.
Como el mundo de la Tierra Media nunca había sido mostrado en una pantalla de cine, todos los elementos de atrezzo fueron creados desde cero. El Anillo Único lo hizo Jens Hansen, un prestigioso diseñador de joyas que tiene su estudio en Nelson, Nueva Zelanda. Hansen falleció poco antes del comienzo del rodaje, pero su hijo, Thorkild Hansen, se hizo cargo de su trabajo durante el resto de la filmación.
Para el vestuario, Ngila Dickson (candidata al Oscar de la Academia) y su equipo necesitaban crear prendas nuevas para los habitantes de Rohan, para el siniestro Gríma Lengua de Serpiente, para Faramir y para su grupo de soldados. «Desde el punto de vista del vestuario, es una película completamente distinta. De repente nos vimos creando un mundo nuevo, una estética completamente nueva. Siempre estamos intentando definir detalladamente cada civilización, para que el público no olvide de dónde es cada personaje, o cuál es su función durante su periplo por la Tierra Media».
En el caso de Éowyn (Miranda Otto), Dickson hizo algunos cambios en su vestuario para reflejar las transformaciones que vive su cultura. «En su personaje siempre hay una dicotomía», explica Dickson, «es entusiasta por naturaleza y siente pasión por su pueblo, pero vive presa de las estrictas normas de una sociedad que le exige llevar ropas de mujer y comportarse como una dama».
Dickson quiso que el vestuario de los cuatro hobbits protagonistas reflejara los retos a los que se enfrentan. Frodo va vestido de castaño y granate, reflejo de cierta cualidad principesca a tono con su condición de Portador del Anillo. Sam lleva tonos terrosos que indican que es digno de confianza.
La ropa de los hobbits también estaba diseñada para acentuar su escasa estatura. Así, se elevó el bajo de los pantalones, se pusieron cinturas altas y bolsillos situados a la altura de las caderas. Dickson empleó tejidos naturales que al envejecerlos adquirían un aspecto gastado y realista, e hizo dos copias de todo, para los dobles de muchos de los personajes de Las dos torres, sobre todo de los hobbits. En conjunto, el departamento de vestuario produjo entre treinta y cuarenta trajes por actor.
Los elfos llevan vestiduras vaporosas y luminiscentes, como la que luce Galadriel. Llevan tejidos delicados, varias capas de tela y finos bordados.
En Las dos torres, Arwen se cambia varias veces de vestuario. Todos sus trajes son de diseño único y están hechos de seda y terciopelo. «Se diría que tengo manía por las chicas que llevan vestidos muy pesados», bromea la actriz, «y muchos de los colores forman parte de la gama de Arwen, azules oscuros, diversos tonos de morado y lila».
Desde Wellington (Nueva Zelanda), Jasmine Watson suministró las joyas que adornan la ropa.
La música y el diseño de sonido
Christopher Boyes, Michael Semanick, Gethin Creagh y Hammond Peek fueron candidatos al Oscar por el sonido de El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo. El sonido de Las dos torres presentó dificultades similares en cuestión de localizaciones, personajes y acción.
«El principio seguido ha sido que éste es un lugar imaginario, pero que ha existido en el mundo real», explica Ethan Van Der Ryn, supervisor y codiseñador de montaje de sonido, «como si la Tierra Media hubiera existido en algún recodo oculto de la historia y nosotros lo hubiéramos redescubierto».
Tolkien incluyó en sus libros descripciones muy detalladas de ciertos sonidos, y los guionistas hicieron lo propio antes de que los técnicos de sonido empezaran a trabajar en la dimensión sonora de la Tierra Media. El equipo de sonido, al igual que otros departamentos, pudo trabajar sobre las imágenes de la segunda película.
El equipo de sonido recorrió las distintas regiones de Nueva Zelanda en busca de esa especialísima combinación de elementos que componen el paisaje sonoro de la Tierra Media. En un momento dado, Jackson y su equipo de sonido pidieron a una muchedumbre de 25.000 aficionados al cricket, reunidos en el estadio de Wellington, que les ayudaran a crear los sonidos de la épica batalla del Abismo de Helm. Armado de ocho micrófonos, Jackson pidió una serie de sonidos multitudinarios: coros, gritos, pisotadas y susurros (para el bosque de Fangorn).
En las secuencias bélicas más intensas hubo que dividir los sonidos en elementos diversos: estocadas en primer término, espadas silbantes, impactos sobre cuerpos y escudos.
Para sonorizar otros personajes, que aparecen por primera vez en Las dos torres, el equipo de sonido recurrió a la naturaleza. «El wargo está basado en el lobo», explica Van Der Ryn, «empezamos con un lobo y lo mitigamos con sonidos de otros animales, gruñidos, gemidos y rugidos».
Conscientes de que el bosque de Fargorn es un lugar vivo, los técnicos de sonido grabaron el ulular del viento y del rumor de los árboles, y combinaron estos ruidos con los susurros registrados en el estadio de Wellington.
El músico Howard Shore ganó un Oscar por la banda sonora de La Comunidad del Anillo. La música es, como en la primera parte de la trilogía, el único elemento de la película que no fue creado en Nueva Zelanda. Shore convocó a la London Philharmonic Orchestra y compuso su partitura en Londres, adonde Jackson viajaba periódicamente para reunirse con su compositor.
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