
Primera sorpresa: la financiación del cine iberoamericano dispone de una zona confortable, a la cual ya han tenido acceso más de medio millar de proyectos fílmicos, tan variados en su contenido y estilo como puedan serlo las culturas que aquéllos traducen por medio del celuloide.
Como es natural, si hablamos de desahogo en un medio como el cine, hemos de referirnos a facilidades —mejor dicho: felicidades— financieras. Justamente es acá donde se filtra una segunda sorpresa: esta vez, los recursos de producción encuentran su forma y su ritmo por medio de un excelente entramado institucional, el Fondo Ibermedia, cuyo reciente quinto aniversario festejamos a través de estas líneas.
Con razón, la imagen de este fondo se asocia a las relaciones de amistad entre España, Portugal y las Repúblicas americanas. Lo confirma el protocolo: si bien fue aprobado en la Cumbre de Jefes de Estado de Isla Margarita en 1997, su germen figuraba ya en aquel Convenio de Integración de la Cinematografía Iberoamericano cuyo diseño y aprobación cobraron sentido en la ciudad de Caracas el 11 de octubre de 1989. Lo cierto es que el 29 de noviembre de 1997 ya se dispensaron las primeras subvenciones, reunidas fundamentalmente a partir de lo aportado por los países de la Conferencia de Autoridades Cinematográfica de Iberoamérica. En todo caso, si se pretende leer entre líneas el formulismo de Ibermedia, podemos encontrar un inventario de los problemas que pretendía solucionar en su origen. Así, el fondo se dispuso para fomentar las coproducciones, crecientes en número a partir de aquella fecha, y asimismo para animar la distribución y promoción de largometrajes hablados en español y portugués. En una medida menor pero no insignificante, los gestores iniciales del fondo también deseaban mejorar la formación de nuestros profesionales y premiar el desarrollo de un ingrediente fundamental en la industria: los guiones.
Sobre esta base, cabe hacer balance de los logros obtenidos hasta el momento. En octubre de 2003, un acto organizado en el Ministerio de Asuntos Exteriores con la presencia del presidente del Gobierno y de otras autoridades institucionales, servía para presentar las cuentas de Ibermedia a través de la experiencia de los profesionales que participaron en la ceremonia. Destacaban entre ellos Gerardo Herrero, Arturo Ripstein, Marcelo Piñeyro, Silvio Caiozzi y Francisco Lombardi, cuya mención nos sirve para resumir la importancia de esa cofradía de cineastas, muy activa en eso que cabría llamar filmación transfronteriza.
Invertir capital y crear historias son dos actividades indivisibles de la industria cinematográfica, según dejaron de manifiesto los directores que ponderaron el mecenazgo.
"Nosotros, los cineastas —dijo Ripstein—, hemos cumplido haciendo siempre la mejor película posible. Ese es nuestro compromiso. Queremos que esto se sepa. Queremos estar cada vez más en las pantallas de todo formato, grandes y chicas. España y el Programa Ibermedia han sido importantes para que esto ocurra, o empiece a ocurrir. Nosotros, desde el otro lado de la cámara, seguimos con nuestro compromiso, les toca a ustedes hacer que este programa sea más grande aún, más firme, más importante. A cambio les daremos sueños y pesadillas que nunca se han imaginado".
Colocado en el dominio iberoamericano, este plan institucional parece haber catalizado la inspiración de los mejores lanzamientos, facilitando de paso su comercio y disfrute internacional.
"Al igual que Kamchatka —confirmó Piñeyro—, decenas de proyectos en América Latina han sido posibles gracias al apoyo de Ibermedia. Y estoy seguro de que no es casualidad que estos cinco años de existencia de Ibermedia coincidan con uno de los momentos más brillantes de nuestras cinematografías. (Nota para lectores curiosos: ambos discursos, más el de Marisa Paredes, fueron recogidos bajo el título «Ibermedia llega a su quinto aniversario con 530 proyectos», en Academia. Noticias del cine español, Boletín Oficial de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, 95 [noviembre de 2003], pp. 10-11).
Ya han pasado unos años desde que estas palabras fueron pronunciadas, y las noticias que circulan en torno al fondo aún promueven el optimismo. Más allá de las crisis, de la eventualidad y de los sinsabores, bien puede decirse que nuestras cinematografías, a menudo en la inquietud, han encontrado una fórmula idónea para aliviar sus problemas. Y aún hay otra lectura posible en dicho campo: la colaboración obliga a pensar en ceñir todavía más estos lazos.
Esta es una versión expandida de un artículo que escribí en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas.
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