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El vestuario de "Star Wars: Episodio I. La Amenaza Fantasma"

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El argumento escrito por George Lucas para Star Wars: Episodio I - La Amenaza Fantasma, que nos transporta al centro de la galaxia y a sofisticados planetas cuyos habitantes poseen majestuosas riquezas, poder, influencia política y clase, hacía necesario el diseño de una moda y un vestuario ricos y complejos. La diseñadora de vestuario Trisha Biggar y el creador de ideas Iain McCaig fueron elegidos por Lucas para dar vida a su visión del mundo de la moda y del vestuario reflejados en la película.

Los retos fundamentales fueron el monumental volumen del vestuario que exigía el argumento y el breve espacio de tiempo en que todas las ideas de Lucas tenían que convertirse físicamente en realidad. En menos de un año, Biggar y las cuarenta personas que formaban el núcleo de sus colaboradores, diseñaron concienzudamente y juntaron más de mil trajes, que incluían tanto una pléyade de barrocas, ricas y repujadas indumentarias, como las simples, aunque cuidadosamente detalladas, prendas de los esclavos. “Nuestro departamento de vestuario y attrezzo llegó al extremo de fabricar todos los accesorios, incluidos los cascos, las prendas de cabeza y las hebillas de los cinturones”, afirma Biggar, quien supervisó el proceso. “Realizaron un trabajo increíble”.

Muchas de las ideas de vestuario que tuvo Lucas se basan en la moda y en el aspecto de varios países o épocas de la Historia, así como en patrones de colores, en los que tiene un especial interés. Pueden advertirse influencias japonesas, mongolas, chinas, norteafricanas y europeas en los incontables estilos de Star Wars: Episodio I - La Amenaza Fantasma, y sin embargo, cada prenda tiene una apariencia y un estilo singulares. Así lo explica Biggar: “Cada diseño del guardarropa de Star Wars: Episodio I - La Amenaza Fantasma tiene un fundamento histórico, pero los hemos cambiado y hemos jugado con el vestuario para evitar que éste tuviera un aspecto que permitiera identificarlo fácilmente con un país o una etnia”.

McCaig comenzó a crear conceptos de trajes muy al principio de la etapa de preproducción. “Entonces ni siquiera contábamos con un guión”, recuerda. “George nos visitaba y nos describía escenas y personajes para que pudiéramos empezar a trabajar en algunos diseños”.

Si bien concedió a Biggar y McCaig una libertad considerable para que elaborasen y confeccionasen sus diseños, Lucas, a pesar de ello, participó muy activamente en la tarea de dar forma a estos universos de moda. “En realidad George es el definitivo diseñador de ropa”, dice McCaig. “Se quedó con lo que quería y nos guió hacia donde él quería llegar”.

Biggar abunda en esa opinión: “George tomó una parte muy activa en todo el proceso. De forma regular convocaba reuniones para discutir todos los aspectos relativos a los tejidos, los colores y las formas”.

Después de que McCaig hubiera completado sus bocetos y diseños, Biggar se hizo cargo del trabajo y convirtió aquellos en realidad, a la vez que aportaba sus propios bosquejos e ideas.

La riqueza, variedad y complejidad del vestuario de Star Wars: Episodio I - La Amenaza Fantasma puede apreciarse en muchos de los personajes del relato, pero en ninguno con más fuerza que en la Reina Amidala, interpretada por Natalie Portman.

Aunque dude a la hora de decidirse por un personaje o una indumentaria favorita, Biggar admite que se le presentaron muchas oportunidades en el proceso de diseño y creación de los vestidos de la Reina y sus sirvientas. “Las prendas usadas en el planeta de la Reina fueron muy interesantes de confeccionar porque estampamos unos diseños inconfundibles en los tejidos”, explica. “Utilizamos también varias técnicas de teñido que nos permitieron aunar telas muy modernas con verdaderas antigüedades”.

La Reina luce ocho vestidos. En un principio, estaban previstos muchos menos, pero el deseo de Lucas de expandir el universo de la moda de la saga provocó que el número original casi se triplicase. “George quería que la Reina llevase un vestido diferente cada vez que la viéramos”, recuerda Biggar.

Cada uno de los vestidos de la Reina tiene su aspecto y su diseño particulares. Quizá el más complejo de todos ellos es el vestido de la Reina para el Salón del Trono, que cuenta con una serie de luces que iluminan el contorno del dobladillo. El trabajo en este vestido, cuya finalización requirió casi ocho semanas, comenzó con la confección de una prenda interior que fue diseñada casi como si fuese un cucurucho de helado vuelto del revés, lo que hizo más fácil que a Natalie Portman le quedase el vestido como un guante. Dicha prenda estaba hecha de muchos pequeños paneles de lona que fueron reforzados en el contorno del bajo para mantener la forma de campana. El vestido contaba con varias capas a fin de resistir el peso de las luces y el de los hilos que salían de las pilas que encendían las luces. Aunque al principio se pensó en confeccionar el vestido en terciopelo, las exigencias de la iluminación para las cámaras hicieron necesario sustituirlo por seda. Respetando la base histórico – cultural de muchos de los vestidos, éste transmite lo que Biggar denomina como “una especie de sensación china imperial” a través de sus proporciones y su silueta.

Algunos de los vestidos de la Reina sirvieron de estímulo a Biggar y a su equipo en su búsqueda de tejidos del mundo entero. Incluso llegaron a crear algunos de su propia cosecha. “Hicimos tejer, pintar y teñir las telas: hicimos todo lo que se le puede hacer a un trozo de paño”, rememora Biggar.

El primer vestido de viaje de la Reina fue elaborado completamente a mano y en él se usa una clase de género parecido a una tela de araña, cuya confección tardó más de un mes y requirió el trabajo de una persona en jornadas de diez horas diarias durante cinco días a la semana. El primer paso en la fabricación del vestido fue coserlo sobre una tela especial de soporte muy delgada. Ésta fue entonces sumergida en agua, lo que provocó que el soporte se deshiciera, quedando sólo los pespuntes que habían sido colocados sobre él. Cada una de las piezas del vestido fue hecha de modo que fuera posible coserlas sobre otra pieza sin costura alguna. Resultado: una pieza delicada y compleja se añade al universo de la moda de Star Wars: Episodio I - La Amenaza Fantasma.

Biggar y su equipo se sirvieron igualmente de varias piezas de anticuario. Para el segundo vestido que luce la Reina fuera de su palacio, Biggar empleó una prenda de alrededor de 1910, pero de cuyo origen no está segura. “Nos parecía que fuera un vestido”, observa la diseñadora, “pero estaba en tantos pedazos que no podíamos asegurar lo que era”. Biggar transformó los motivos de la tela en unos intrincados bordados.

El uniforme de combate de la Reina también exigió el empleo de una gran cantidad de trabajo y de tiempo: la persona que lo confeccionó tardó más de un mes en finalizarlo. El vestido estaba hecho de capullos de gusanos de seda procedentes de la India, que fueron luego entretejidos en una malla de seda. Los capullos fueron después quitados de la parte alta del vestido y, a continuación, fueron vueltos a coser uno a uno a fin de crear la adecuada forma del hombro.

El vestido que luce la Reina en el Senado, con sus tres capas, resulta todavía más enrevesado. La prenda interior, que esta hecho de seda tornasolada de color naranja y verde (una tela de setenta años de antigüedad), está tableada; estos pliegues atrapan la luz de los colores del vestido cada vez que el personaje se mueve.

Una gran variedad de piezas de encaje bordado con cuentas decoran la prenda interior. La capa media del vestido está hecha de terciopelo tornasolado verde y rojo, bordado en bronce. Por medio de una técnica especial se añadió textura e intensidad de color al tejido. El cuello y los puños están decorados con filigrana metálica de oro, utilizando un método de costura denominado trapunto, mediante el cual unos tubos pequeños son cosidos formado un diseño en el que introducen hilo para conseguir un leve efecto de acolchado. También esto fue un proceso que consumió mucho tiempo, pues una persona empleó toda una semana en confeccionar los bordados y el trapunto. Sobre la túnica va una capa de piel falsa con hombros muy acolchados a los que se dio forma de pirámide. La capa lleva además un forro de seda roja.

Este vestido, al igual que todos los demás, va acompañado de un elaboradísimo tocado. El que la Reina luce en el Senado, que tiene un aire Mongol, era el de más peso. La prenda fue chapada en oro para conseguir un color de la calidad adecuada; y a continuación, decorada con pequeñas joyas. “Nos pareció que este tocado era digno del esfuerzo, el peso y el gasto que suponía emplear oro auténtico”, subraya Biggar.

Otra de las prendas de cabeza fue creada usando una antigua pieza de puntilla con cuentas, proveniente de la falda de una bailarina exótica de alrededor de 1920. Parte de la tiara desciende sobre la frente de Portman; luego, los abalorios son dispuestos en pliegues sobre el resto de la toca, lo que produce un aspecto parecido al de un flequillo. El vestido que completa el conjunto está inspirado en el aspecto de un kimono japonés, y Biggar añadió algunos diseños exclusivos de su propia cosecha. Realzó en bastante medida las mangas y las bautizó “mangas de pingüino” porque eran tan redondeadas que se asemejaban un tanto a dicha ave. En esta creación tan compleja se utilizaron bordados hechos a mano y a máquina.

El vestuario presentaba varios retos singulares no sólo a Biggar y a su equipo, sino también a Natalie Portman. Para cada uno de los tocados se sacó un molde de la cabeza de la actriz, a partir del cual se confeccionaron ésta y todas las demás prendas de cabeza de la Reina.

Por si eso no bastara, para vestir los complicados y pesados vestidos de la Reina hizo falta su pizca de reflexión creativa y práctica. De modo que los realizadores idearon una manera ingeniosa de que la actriz estuviese dispuesta en un mínimo de tiempo y con poquísimo esfuerzo: la vistieron por “piezas”. Se ponía la ropa interior en el camerino; acto seguido, Portman se dirigía al plató de sonido, donde le colocaban el resto de la indumentaria. Además de que a Portman le resultara más fácil moverse entre toma y toma, este procedimiento ayudaba a evitar el uso y desgaste de los vestidos.

Las cortejos de doncellas que siguen a la Reina en sus aventuras también contaban con diferentes trajes para atender a su señora. Los vestidos fueron siempre diseñados teniendo en mente los de la Reina, recibieron idéntica atención al detalle y mantenían el mismo estilo. “Lo que intentamos”, explica Biggar, “fue que las doncellas llevaran siempre vestidos de diseño vertical, mientras que la Reina lucía todo tipo de grandes ropajes de patrones diagonales, con el fin de su porte superior destacase, y sus doncellas pareciesen pequeñas e insignificantes”.

El Vestido de Viaje de las Doncellas fue realizado, en parte, utilizando una técnica especial de teñido. El abanico de colores del vestido abarca desde el amarillo pálido en los bajos, hasta un naranja fuerte en la parte alta. Para conseguir que el tinte tuviese la misma intensidad en todo el vestido, éste fue teñido por partes pequeñas.

El Vestido de las Doncellas en el Senado se compone de varios paneles; si fuera necesario meter la prenda, el número de paneles habría de ser reducido. La prenda interior correspondiente está elaborada con acero y con una tela parecida a la lona, lo que le hacía ser muy rígido y que resultara difícil caminar con él. Se le dio una forma tal que no hubiese movimiento en el tejido externo. El vestido también tiene una capucha, cada una de las cuales fue cortada para que se ajustase a la actriz que la llevara.

Una nueva oportunidad de creación de moda la brindaron los vestidos que estaban destinados a personajes que no eran humanos. También en este apartado Biggar y su equipo emplearon un tiempo considerable en el diseño y confección de las prendas. Para un traje en particular, Biggar y compañía colocaron meticulosamente piedras de verdad, que recogieron en una playa, dentro de la ropa interior (que era de goma y de una sola pieza). Pero el calor del desierto tunecino hizo que la goma se dilatase, y las piedras empezaron a descolocarse. Fue necesario mucho tiempo para volver a colocar tan fundamental accesorio.

El diseño del vestuario de los Caballeros Jedi presentó retos diferentes a Biggar y McCaig. La apariencia de los Jedi ya era familiar a innumerables incondicionales de "La Guerra de las Galaxias”. No era eso lo único, sino que un escenario principal de la nueva película es el desértico planeta Tatooine, que ya había aparecido en La Guerra de las Galaxias y en “El Retorno del Jedi”. Paisajes y personajes tan conocidos dieron a Biggar la oportunidad de mantener una cierta continuidad con respecto a la moda de las tres primeras películas, al tiempo que añadían algunos toques especiales de su propia creación.

Para establecer un enlace entre los attrezzos anteriores y el de Star Wars: Episodio I - La Amenaza Fantasma, Biggar visitó los archivos de Lucasfilms, donde estudió con detalle algunos de los viejos vestidos. Sin embargo, el argumento de Star Wars: Episodio I - La Amenaza Fantasma exigía algunas modificaciones de las telas y los diseños. Apartándose de las películas anteriores, todos los trajes de los Jedi de Star Wars: Episodio I - La Amenaza Fantasma están hechos de seda, de lino o de lana muy fina. También la ropa interior sufrió algunos cambios con respecto a los anteriores filmes: ahora era más cómoda de llevar y más adecuada para las acrobáticas luchas, para las escenas de especialistas y para los combates con las espadas de luz.

Si bien Anakin Skywalker es un personaje complejo, su atuendo es uno de los más sencillos. Biggar y McGain idearon un traje de esclavo que era virtualmente idéntico al que Luke Skywalker, el futuro hijo de Anakin, llevaba en las escenas de la primera película ambientadas en Tatooine. Para la carrera de naves, desarrollada a velocidad de vértigo, Anakin se enfunda un casco especial y unas gafas de piloto del estilo de la Primera Guerra Mundial. La prenda de cabeza está sacada de una fuente sorprendentemente terrestre y corriente: el casco de ciclista de un niño. Por supuesto, algunos nuevos accesorios fueron añadidos a lo alto del casco para otorgarle un aspecto singular.

Copyright de imágenes de Star Wars: TM & © Lucasfilm Ltd. 1999–2011. Twentieth Century Fox Film Corporation. Cortesía de Hispano Foxfilm. Reservados todos los derechos.

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