• PORTADA
  • CRÍTICAS
  • ENTREVISTAS
  • CINE CLÁSICO
  • LIBROS
  • TEATRO
  • CÓMIC
  • SERIES
  • EXPOSICIONES
  • MUSICALES

Sáb05262012

Last update11:37:08 PM

The-Cult-revista

José Donoso y el cine

josedonosoPocas obras literarias iberoamericanas han salido bien libradas de la promiscuidad imaginativa a la cual sus autores las han arrastrado con la cinematografía, un arte que, debido a su carácter industrial, representa necesariamente una aproximación colectiva al proceso creativo.

Gabriel García Márquez, bien lo sabemos, es uno de esos seres anfibios que respiran tanto literatura como narrativa audiovisual. Su fortaleza proviene, quizás, de la capacidad que tiene para confiar en el trabajo colectivo, como nos lo ha venido enseñando en el taller de guiones que dirige desde Cartagena de Indias.

Para el argentino Manuel Puig (1932-1990), llevar al cine su propia obra fue una paradójica forma de devolverla a sus fuentes audiovisuales primigenias. Materia y arte convergen y se difuminan en Puig. Por ello, le resultó muy expedito adaptar El beso de la mujer araña (1976), primero al teatro (1983) y posteriormente, junto con Leonard Schrader, al ritmo mecánico del celuloide (1985).

Fue Puig, y aquí comienza a desenvolverse el ovillo de nuestra historia, el primero que adaptó con críticas afortunadas una obra del escritor chileno José Donoso (Santiago, 1924-1996). Puig escribió, en 1976, el guión de El lugar sin límites, que llevó al cine, al año siguiente, el discípulo mexicano de Buñuel, Arturo Ripstein. Donoso ponía fin, de esa manera, a seis largos años en vilo a manos de Luis Buñuel. «Seis años que fueron un calvario de espera y esperanzas destrozadas», como comentó casi dos décadas más tarde el novelista. Hasta poco antes de la realización de El lugar sin límites, el cineasta aragonés había tenido en su poder los derechos intelectuales de la obra del chileno, pero nunca se decidió a rodar película alguna que se basara en sus desperdiciadas prerrogativas. Cabe mencionar que los comentarios de Donoso tienen también mucho de desborde cómico y exagerado, tan propios del humor chileno, y no deben ser tomados literalmente. Él mismo contaba, con el fin de exorcizar sus propias palabras, que su mujer colgaba en el salón de su casa de Calaceite (Aragón) un retrato de Buñuel cada vez que éste prometía llevar al cine una de sus obras, pero que al enterarse de que el director aragonés se embarcaba en el rodaje de algún otro filme, lo volvía de cara a la pared o lo retiraba.

De modo que Puig fue el puente que se tendió entre la imaginación literaria y protofílmica de Donoso y el cine concreto. Se establecía así una relación que este último asimilaría y desarrollaría con mayor exaltación a partir de 1981, año en que decide concluir su residencia de catorce años en España para volver a Santiago de Chile.

La década de los ochenta corresponde a la última etapa de la dictadura del general Augusto Pinochet, en Chile. Son días aciagos, intoxicados por la censura y la sospecha, la vigilancia permanente de la intelectualidad y del arte en general, como coincide en señalar, retrospectivamente, la crítica cultural del país. El cine era todavía una crisálida formada por las actividades de dos polos que se percibían mutuamente como antagónicos: los realizadores audiovisuales, que encontraban en el vídeo un material de bajo coste y resistente a la censura, y las escuelas de teatro que experimentaban con las posibilidades expresivas de la dramaturgia en ese mismo formato.

Es en esta época cuando Donoso establece una estrecha relación de trabajo con el director chileno Silvio Caiozzi, que acababa de ser consagrado por la crítica nacional e internacional como uno de los mejores realizadores chilenos contemporáneos por su filme de alto contenido criollista Julio comienza en Julio (1979).

Caiozzi venía estudiando la fisonomía del criollo, la atmósfera dramática de una aristocracia terrateniente que había basado su riqueza por demasiado tiempo en la explotación agrícola de sus dominios y se había convertido, sin siquiera advertirlo, en una especie en peligro de extinción, un fósil social en el contexto de los diversos proyectos desarrollistas que imperaron en la escena económica de América latina desde mediados del siglo XX. Una clase que, pese a su desintegración inexorable, aún era capaz de marcar los valores de la parte de tributarios que no había sucumbido, acaso por la edad, a los encantos igualadores de la cultura de masas. Su preocupación era, por tanto, la misma que había inspirado la mayor parte de la obra de Donoso y no sin razón: nuestro autor provenía precisamente de una de esas antiguas familias fundacionales chilenas, de cuyo seno habían salido presidentes, políticos, intelectuales y, como él mismo solía decir, hasta más de algún loco.

El primer trabajo conjunto fue todo un fracaso. Se trataba de Historia de un roble solo (1982), un vídeo que se basó en un relato de Donoso. Curiosamente, la cinta atrajo más espectadores fuera que dentro de Chile, especialmente en los círculos universitarios estadounidenses que aún recordaban el paso de Donoso, en calidad de profesor huésped, por la Universidad de Iowa. A continuación, ambos escribieron una adaptación (aunque Caiozzi prefiere llamarlas «apropiaciones») de Sueños de mala muerte, una de las novelas breves de nuestro autor contenidas en Cuatro para Delfina, una colección de relatos dedicada a su entrañable amiga de la adolescencia, Delfina Guzmán, actriz que en aquel tiempo pertenecía a la actualmente casi disuelta compañía de teatro Ictus, de marcada tendencia absurdista y epítome de los cultivadores chilenos de la creación colectiva.

Ictus no sólo trabajó con Donoso en adaptaciones teatrales de su obra, sino que colaboró activamente en la producción de los vídeos. Fue Delfina Guzmán la actriz que representó a esa dama de «medio pelo», obsesionada por alcanzar algún título de propiedad en la vida, que decide casarse finalmente con su compañero de pensión sólo porque éste recibe en herencia, de un pariente lejano pero de prosapia, un oscuro nicho en un mausoleo familiar. El vídeo, que debe considerarse como un trabajo experimental de Caiozzi, Donoso y parte del grupo Ictus, circuló sin pena ni gloria por los festivales de videoarte que se organizaban profusamente en el país. Sin embargo, sirvió de ensayo para encontrar la voz intimista de estos personajes, representantes todos de una clase media caída en menos, despojada, esperpéntica y servil, dispuesta a medrar incluso en símbolos tan banales como el derecho de propiedad en un camposanto.

Ese es, exactamente, el registro que Donoso y Caiozzi emplean en la comedia La luna en el espejo (1990). El guión, escrito por los dos, está lleno de susurros y murmullos que vinculan las voces de los personajes con la atmósfera laberíntica de las casas y calles del puerto de Valparaíso, una ciudad que condensa metafóricamente tanto la superposición de elementos narrativos y descriptivos como la decadencia de una clase media que no quiso o no supo emigrar a la gran capital, y que lucha cotidiana y poéticamente, como si de una empresa proustiana se tratase, por encontrar y recuperar inútilmente el tiempo perdido. Hay también claves porteñas en el filme, verbigracia: el tictac de los relojes, verdaderas piezas de anticuario, cuyo ritmo trasunta los planos supinos; el aparecer y desaparecer de gatos pardos, marca inconfundible del primer puerto chileno; y el movimiento constante de los ascensores que transportan a estos seres casi fantasmales entre el plano y los barrios enclavados en los cerros.

Coronación es la primera novela que escribió Donoso y fue, en el año 2000, la última «apropiación» de Caiozzi, esta vez en ausencia del novelista. Donoso creía que la adaptación cinematográfica de una obra literaria pasaba necesariamente por la interpretación propia. «La violación de la novela por parte del cineasta es algo básico para realizar una verdadera película y no una mera adaptación que no le interesa a nadie», comentó el autor en una oportunidad. Y sin embargo, en Coronación, encontramos al mejor Donoso: la atmósfera del ritual burgués, decadente, desprovisto de sentido práctico; progenitores piadosos pero soberbios en su lecho de muerte, e hijos inútiles que habitan caserones otoñales, desvaídos.

Al igual que Eisenstein, Donoso creía que en el montaje, en la yuxtaposición de planos, se encontraban la verdadera creatividad y libertad artísticas del cine. No llegó nunca a manejar la moviola en una sala de compaginación, pero aun así, su herencia cinematográfica alcanza resonancia en toda Iberoamérica y el mundo.

Esta es una versión expandida de un artículo que escribí en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas.


¿Quieres saber más?
Los perros románticos. Poemas 1980-1998, Roberto Bolaño, presentación de Pere Gimferrer, El Acantilado, Barcelona, 2006, 88 pp.

46 días atrás
Andrés vive en Alemania desde hace 10 años. Regresa a Chile para cerrar su pasado antes de asentarse definitivamente en Berlín. Andrés (33) ha

726 días atrás
Basada en la novela “IL figlio di due madri” de Massimo Bontempelli, la cinta cuenta la historia de Camille. Camille está a punto de cumplir nu

4378 días atrás
Dos jóvenes desconocidos (Bruno y Daniela) tienen un intenso encuentro sexual en la cama de un motel. Jamás se volverán a ver. Poco a poco abrir

2564 días atrás
Al diseñar, junto con las demás Academias, el programa del IV Congreso Internacional de la Lengua Española, propuso la Academia Colombiana homenaj

1931 días atrás
Monsieur Pain, Roberto Bolaño, Anagrama, Barcelona, 1999, 171 pp. En el relato que titula «Sensini» (Llamadas telefónicas, 1997) el escritor ch

4870 días atrás
El corazón del témpano, Francisco Coloane, Ollero & Ramos, Madrid 1999, 200 pp. Es más cierta de lo que a primera vista parece aquella definici

4871 días atrás
Hija de la fortuna, Isabel Allende, Plaza & Janés, Barcelona, 1999, 429 pp. Al leer Hija de la fortuna, se advierte la variación temática escogi

4871 días atrás
Yo amo a mi mami, Jaime Bayly, Anagrama, Barcelona, 1999, 401 pp. En la novela que comentamos, Jaime Bayly (Lima, 1965) no sólo ha logrado ampliar

4871 días atrás
En Un padre de película, Antonio Skármeta nos hace partícipes del paso del tiempo, el poder destino, el paso a la madurez y la asunción de respons

619 días atrás
Cortázar es, como tantos escritores argentinos, mejor cuentista que novelista. Tanto que su novela más notoria, Rayuela (1963) es un ejercicio de

647 días atrás
Pocas obras literarias iberoamericanas han salido bien libradas de la promiscuidad imaginativa a la cual sus autores las han arrastrado con la

1383 días atrás
Los periodos inmediatamente posteriores a los gobiernos despóticos suelen condensar un anhelo febril de la ciudadanía y de los agentes

2479 días atrás
Por complicidad con sus admiradores parisinos, el cineasta chileno Alejandro Jodorowsky elige cada semana una cafetería misteriosa,

655 días atrás

Añade tu comentario


Código de seguridad
Refescar

Banner-cineclasico

Lo más leído

Banner-television2

Lo último

Banner-comics2

El editor recomienda...

 

Cultura en Positivo

Contenidos originales

Book Review

El Ministerio de Cultura identifica a Cine y Letras (The Cult) como una revista que ofrece contenidos respetuosos con los derechos de propiedad intelectual, y por ello nos distingue con el sello "Cultura en positivo". LEER MÁS...