Quizá hablar de la banda sonora de "El Rey León" sin incidir en las excelencias de su reparto, encabezado por actores como James Earl Jones, Jeremy Irons, Matthew Broderick o Whoopi Goldberg, o sin apuntar la calidad del equipo de dibujantes que animaron a los personajes que interpretan sus canciones suponga una propuesta poco prudente, pero la ocasión, sinceramente, lo merece.
La música es el signo característico que marca el rumbo de las producciones animadas del sello Disney a lo largo de los noventa.
La música, además, define esa condición de opereta moderna que imponen los ejecutivos de la Compañía a sus animadores y, por tanto, a todos aquellos que se suman a la aventura de crear un éxito que rebase la oscuridad de la pantalla para llegar a las tiendas de discos y a las emisoras de radio.
Hablamos en este punto de compositores, orquestadores, cantantes... Sin ellos y su trabajo, la sensación de disfrutar de un clásico intemporal como La Bella y la Bestia, por poner un ejemplo, no sería tan intensa, y tampoco su romanticismo hubiera prendido con igual fuerza en el corazón de los espectadores.
Dicho lo cual, hay que abordar la música de El Rey León con la cautela que imponen sentimientos como los ya mencionados.
También se hace preciso señalar que los decanos de la Disney veían con no poco recelo la intervención del cantante británico Elton John en la banda sonora de esta película, un hecho que no arredró a Jeffrey Katzenberg, el mayor propulsor del proyecto, decidido a saltarse por una vez las normas del clasicismo de su empresa para imponer aires de modernidad en la factura del largometraje que nos ocupa.
Si atendemos a los rumores, la primera banda sonora que crearon Elton John y Tim Rice "sonaba" demasiado a Elton John.
De otro modo, no se explica la inmediata entrada de Hans Zimmer como arreglista en el proyecto, dejando casi irreconocibles para su autor temas como "Circle of Life".
Tan brillante debió ser la intervención musical de Zimmer que el estudio le contrató para componer en apenas tres semanas los 65 minutos de música incidental que suenan en la película.
Pero todo tiene un límite y el del orgullo de Elton John no debe de ser muy estrecho.
El cantante apenas sí logró que el tema de amor, "Can You Feel The Love Tonight", fuera respetado.
Por lo demás, basta comparar en la BSO comercializada las distintas versiones que de los temas más importantes recrean el propio músico y los actores de la película para entender el antagonismo creativo existente entre Hans Zimmer y Elton John.
El resultado final tiene momentos muy brillantes, pero en otros no termina de dar la sensación de unidad compositiva lograda en los trabajos de Howard Ashman y Alan Menken para La Sirenita o La Bella y la Bestia.
En otras palabras, Elton John supone un condicionante demasiado personal, para lo bueno y para lo malo.
De cualquier modo, las voces protagonistas son espléndidas.
Jeremy Irons rememora en su papel de "Scar" los tiempos en que interpretó Godspell en Londres o su grabación de My Fair Lady junto a Kiri Te Kanawa.
Igualmente adecuados están Jason Weaver, Rowan Atkinson y Laura Williams, especialmente cuando juntos cantan I Just Can't Wait to Be King, sin duda, la mejor pieza del disco.
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