
Michel Petrucciani era un hombre sorprendente y original, tanto por la naturaleza de su condición física, como por su talento musical. Esta es la historia de cómo logró fama y fortuna gracias a una voluntad indomable y a la fuerza de su personalidad.
Si la definición de grandeza es la consecución de algo que parece estar por encima de cualquier aspiración humana, entonces Michel Petrucciani la encarnaba.
Nacido con osteogénesis imperfecta y con una altura de apenas un metro al alcanzar la edad adulta, Michel Petrucciani superó grandes obstáculos para convertirse en un artista de jazz de fama internacional.
Tras dar su primer concierto a la edad de 13 años, vivió un ascenso meteórico, llegando a tocar con los mejores músicos de jazz del mundo. A lo largo de su vida vendió más de 1,5 millones de álbumes en todo el mundo y dio cientos de conciertos en las ciudades más importantes del planeta.
Sirviéndose de las numerosas entrevistas que dio y enlazando material de archivo, Michel Petrucciani cuenta la sorprendente historia de un hombre impulsado por unas insaciables y devoradoras ansias de vivir y de disfrutar de todo lo que la vida puede ofrecer: viajes, mujeres, arte... Una fuerza de la naturaleza de extraordinario talento que venció una minusvalía devastadora para convertirse en un auténtico gigante de la música.
Notas de Alexandre Petrucciani
Para mí es mi padre, mi héroe, mi modelo a seguir, mi orgullo y mi fuente de coraje, pero ¿y para el resto de la gente? Quizá esperanza, un sentimiento, una emoción compartida o lo que llamamos “talento”. Entonces yo era demasiado joven para entender quién era realmente.
Me preguntaba por qué tocaba él solo ante miles de personas y por qué teníamos que permanecer sentados durante dos horas. Estaba acostumbrado a verle sentado al piano, y lo único que tenía que hacer era jugar en el suelo del salón, donde solía componer, para oír un recital. Hoy entiendo lo afortunado que era por tener un padre con semejante talento. Su música no se limita al jazz.
Es una música abierta, abierta a todo y a todos. Para apreciar un determinado estilo musical, debes entenderlo: las frases, el ritmo, la melodía. En el jazz este principio es incluso más importante dada la arquitectura codificada de llamada y respuesta entre los músicos. En la manera de tocar de mi padre esta complejidad se desvanece. Dejamos de escuchar jazz para escuchar una música completa. No notamos los años de duro trabajo que le llevó llegar ahí, todo parece fluido y sencillo.
Sin embargo, mi padre no se consideraba un pianista consumado. Nunca estaba satisfecho, a pesar de que algunos consideraran que había alcanzado un nivel prácticamente inalcanzable, como un lejano faro.
Nunca creyó haber alcanzado el puerto. Para mí, ese era su mayor talento: siempre intentó llegar más lejos, seguir mejorando. Siempre trabajó para acercarse más y más a una meta situada en el infinito.
Cuando me piden que hable de mi padre hoy, sigo viéndolo con los ojos de un niño. Era alegre, muy tranquilo y con una perpetua sonrisa. La vida no le reservó la mejor baza para triunfar, pero su coraje y su optimismo hicieron que nunca se diera por vencido. Se las apañó para extraer de la vida el buen humor y la alegría cadenciosa que oímos en la mayoría de sus composiciones.
La música es un lenguaje, una infinidad de palabras y matices que nos permiten compartir, hacer saber al mundo lo que alberga nuestro espíritu y nuestro corazón. Nos permite conocer mejor a una persona porque es la expresión de sus sentimientos, de sus anhelos más profundos.
Cuando escucho la música de mi padre hoy en día, siento su felicidad, pero también un pasado repleto de melancolía y esperanza, una batalla entre la alegría y la tristeza, una batalla que todos compartimos. Creo que el mensaje que mi padre quería transmitir era de coraje y esperanza. Todo es posible si buscas la manera de hacerlo, y el ser humano no tiene límites. No importa si naces alto, bajo, guapo o feo, uno puede conseguir lo que quiera con voluntad y trabajo.
Michel es el ejemplo perfecto de ello. Si de mí dependiera, esa es la lección por la que me gustaría que el público le recordara, más incluso que por la belleza e intensidad de su música. Pero para el resto de gente, ¿quién fue Michel Petrucciani?
Extraído de "Michel Petrucciani", de Benjamin Halay
Entrevista con el director Michael Radford
¿Cómo se te ocurrió la idea de hacer un documental sobre Michel Petrucciani?
No se me ocurrió. Me lo planteó Bruce Marks hace unos cuatro años, y después Les Films d'ici a través de Serge Lalou, que pensó en mí para hacer un documental sobre Michel Petrucciani. Aunque no lo conocí en persona y nunca había oído hablar de él, cuando empecé a documentarme me pareció un hombre excepcional. No solo porque medía menos de un metro y poseía un gran talento, lo cual es algo que creo que la gente encuentra muy interesante, sino porque representa de forma exagerada la lucha humana: por sacar el máximo partido a lo que se te ha dado, sin lamentaciones, sin remordimientos, y por vivir la vida al máximo.
¿Qué tipo de investigación llevó a cabo?
Realicé una investigación exhaustiva porque no me interesa la información, sino la humanidad. Resultaba difícil encontrar material que fuera natural y no meramente informativo. Así que tuve que investigar mucho. Pregunté a todos los que intervienen en la película si tenían imágenes de archivo, películas caseras, cualquier cosa. Gran parte del material me lo proporcionaron ellos. También me documenté a través de Internet. El proceso continuó durante la fase de rodaje y montaje, es decir, a lo largo de seis o siete meses.
¿Cómo seleccionó a los entrevistados que vemos en la película?
Como he dicho, lo que me interesa es la humanidad. Esta película trata tanto sobre las personas entrevistadas como sobre Michel. No tuve la oportunidad de filmarle cuando estaba vivo, si no, habría sido una película totalmente distinta. Había mucha gente que no quería hablar de él, o no podía por un motivo u otro, pero no importa. En la película hay 35 personas dispuestas a expresarse. No los nombro porque al final es irrelevante.
en ningún momento es crítico. se muestra comprensivo pero sin ocultar las partes más oscuras de petrucciani. ¿qué perspectiva le dio al material?
Michel nació con una discapacidad grave, pero también con dos formidables talentos para la música y para la vida. Cuando empecé no tenía una perspectiva concreta. No quería formarme ideas preconcebidas. En los defectos de una persona encuentras sus auténticas cualidades humanas, y Michel tenía defectos, por supuesto.
Al principio, los familiares más cercanos de petrucciani dicen que “no veían la discapacidad de Michel”. Esto parece marcar el tono de la película, ¿no?
Nunca le conocí, pero todo el mundo decía que hechizaba. A mí también me hechizó, aunque estoy seguro de que habría sido en mayor medida de haberle conocido en persona.
Otra afirmación clave de Michel parece ser: “no quiero perder tiempo”, como si fuera siempre consciente del hecho de que tenía que vivir al máximo, mucho más que el resto de la gente. ¿En qué medida forma esto parte de la película?
Está justo en el núcleo. También explica la velocidad del montaje. Creo que todos tenemos un reloj biológico interno que subconscientemente nos dice el tiempo que vamos a vivir y regula nuestra energía de acuerdo a eso.
Lo que más llama la atención de él es su pasión por la vida y su contagioso entusiasmo. ¿Fue eso lo que le guió?
Lo que me guió fue mantener la mente abierta. Si hubiera vivido solo en Montelimar toda la vida, habría sido igual de interesante, pero de otra manera. Sin duda eso hizo que la película tomara una dirección muy inspiradora para el público a nivel introspectivo.
Petrucciani parece tener una personalidad vibrante y radiante, y la gente que le conocía alberga un fuerte sentimiento de camaradería y aprecio. ¿Lo notó cuando entrevistaba a los que le rodeaban?
Creo que es cierto. También había personas a las que no les caía bien, por supuesto, pero no creo que tuviera muchos enemigos. Reñía con la gente (lo muestro en la película), pero igual le querían. A menudo sentían que les pertenecía y cuando conocían a alguien que sentía lo mismo, no les gustaba.
Petrucciani tuvo que estar constantemente combatiendo su enfermedad. ¿Cree que su mensaje era que a veces uno puede vencer al destino?
Sí. Aunque no todo el mundo tenga las mismas habilidades, uno puede hacer que su vida funcione. Una persona así es una inspiración para los discapacitados y a los que no lo son, les hace preguntarse: “¿Y yo de qué me quejo?”.
¿Cómo enfocó su particular relación con las mujeres? ¿Cómo eran de importantes en su vida?
Muy importantes. Su sueño era ser normal y eso, para un cacou del Mediodía francés, no solo implicaba estar con mujeres, sino traicionarlas constantemente. Me parece muy humano. Pero, de nuevo, es importante no juzgarle y mostrarle como era, con afecto.
Cuando su hijo dice: “en lugar de ser raro, pretendo ser excepcional”, resulta muy conmovedor. ¿Qué supuso la paternidad para petrucciani?
La decisión de tener un hijo y su actitud con él forman parte de su vida como estrella y como persona con una terrible enfermedad. Su dilema era perfectamente comprensible: no quieres negar el valor de tu propia existencia, pero al mismo tiempo corres un riesgo tremendo. Y después la existencia de la persona misma invalida todo eso. Me cae muy bien Alexandre. Tengo un hijo de 20 años y se parecen mucho. Alex está más oprimido por su padre que por su enfermedad. Le venera, pero nunca le veía y cuando lo hacía, todo era pura diversión y después desaparecía durante un par de años.
¿Cómo fue el montaje?
Fue un proceso largo. Solo puedo decir que no habría podido hacerlo sin Yves Deschamps. En el cine documental la figura del montador es mucho más importante que en el de ficción, porque no hay un diseño estructural (la relación habitual entre montador y director). Solo con el material y lo que le dije, Yves vio lo que intentaba expresar. También tenemos el mismo sentido del humor.
¿Cómo seleccionó la música de la película?
De forma instintiva. Elegí lo que creía que sería más apropiado para plasmar el alma de la película en todo momento.
Copyright de texto e imágenes © Les Films d’Ici (Serge Lalou – Annick Colomes), Liaison Films LLC (Bruce Marks), Looks Films (Gunnar Dedio - Martina Haubrich), Partner Media Investment (Andrea Stucovitz), ARTE. Cortesía de Avalon Productions. Reservados todos los derechos.
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