
El argentino Damián Szifrón, director de El fondo del mar (2003) y creador de formidables teleseries como Los simuladores (2002) y Hermanos y Detectives (2006), relata sus impresiones acerca de su película Tiempo de valientes (2005), una inteligente y admirable comedia policial.
Nací en 1975 y fui chico en la década del 80. Desde los tres años mi papá, un vendedor de materiales eléctricos y cinéfilo de barrio, me llevó a ver dos o tres películas por semana.
Eran los primeros años del video (recuerdo estar con fiebre y que él llegara con bolsas de quince o veinte películas) y los últimos del Súper 8 (esperaba con ansiedad la proyección de los 17 minutos de "escenas escogidas" de Superman y La Guerra de las Galaxias cada fin de semana).
Rogaba que lloviera y que se suspendiese el deporte de turno para que me llevaran al cine, y todo lo relativo al universo de las películas me cautivaba, desde los Sábados de Super Acción, El Mundo del Espectáculo, el Kenia Sharp club o Trasnoche Aurora Grundig, hasta las extensas conversaciones con los dueños de los video clubes.
Ya caminar por Lavalle, sencillamente mirando los afiches de los futuros estrenos, era un mejor programa que visitar un parque de diversiones o salón de videojuegos.
El cine fue una parte fundamental en mi educación y se convirtió en la lente a través de la que veo, sueño, imagino y recuerdo las cosas.
Mientras esa lente se formaba, "El cine", para mí, con excepción de Crin Blanca y El Globo Rojo, era más bien el cine americano de aquella década y las dos décadas anteriores: Coppola, Spielberg, Friedkin, De Palma, Scorsese, Cameron y Carpenter. Woody Allen, Hitchcock y Leone.
Pero también estaban las de James Bond, las buddy movies de Bud Spencer y Terence Hill, o Franco Nero arrastrando su ataúd en Django.
Circulaban esos nombres tan agradables de pronunciar, como Sam Peckinpah, Ernest Borgnine, Lee Marvin o Steve McQueen, y mi origen hebreo me llevaba a tener héroes de lo más disímiles: por un lado estaba Harry, "el Sucio" y por el otro Tevye, "el Lechero", interpretado por Topol en la versión de Norman Jewison de El violinista en el tejado.
Recuerdo la excitación al ver en el diario cualquier afiche dibujado por (o con el estilo de) Drew Struzan -que ya prometían universos fascinantes (Volver al Futuro, Los Goonies y los Gremlins, Viaje Insólito, El Secreto de la Pirámide)- o la alegría de leer que en los créditos figuraban John Williams, Ennio Morricone, o Carlo Rambaldi en el diseño de las criaturas.
Las comedias románticas, las bíblicas, las de baile, las del espacio, las más perturbadoras (desde Los Aventureros del Tiempo hasta Cuenta Conmigo), las de juicios, las de espías, las prohibidas para menores de 18, las de policías: Axel Foley, Riggs y Murtaugh, John McClane, 48 horas, Midnight Run, y tantas otras que no ganaron premios, ni se usan para dar clases, ni revolucionaron el lenguaje del cine, pero se encargaron de mantenerlo vivo.
Con el correr del tiempo crecí, viajé, leí, estudié cine, y el contacto con otros compañeros y profesores me llevó a conocer y disfrutar también de otras cinematografías.
Sin embargo, sigo teniendo una particular devoción por aquellas películas que, aun cuando reflejan las ideas, las opiniones o la visión del mundo de sus directores, lo hacen siempre a través del espectáculo.
Y después, más allá del cine, está la vida real, con toda su intensidad y sus complejidades.
Ahora que la película está terminada, noto que lo que naturalmente surgió de mí fue trabajar sobre la línea que separa ese mundo real -aquel del trabajo, el país en que uno vive, la pareja, y los demás aspectos de la vida adulta- del universo del cine.
Noto que, aun sin proponérmelo, me ocupé de volver esa línea más difusa. Por un lado, para cruzar el umbral de la vida doméstica y, de la mano de personajes más bien cercanos (de esos que uno podría llegar a ser o conocer), visitar aquellos escenarios de grandes aventuras propios de las películas que tanto me cautivaron de chico.
Y, por otro, para incursionar en el procedimiento inverso: el de introducir en la vida adulta y cotidiana algunos elementos que solían ser más frecuentes en aquel cine.
Y no me refiero sólo a determinados ingredientes fantásticos o a las secuencias de acción, sino a valores tan sencillos como la valentía, la honestidad, y la camaradería.
Sinopsis
Mariano Silverstein (Diego Peretti) es un psicoanalista que a raíz de un accidente de tránsito está involucrado en un juicio penal. Aconsejado por su abogado solicita al juez una probation, figura legal por la que un juicio se suspende y el acusado, en lugar de recibir una condena, se compromete a realizar tareas comunitarias dentro de su actividad.
La tarea que el juez asigna a Silverstein es la de atender a Alfredo Díaz (Luis Luque), un inspector de la Policía Federal anímicamente devastado por la infidelidad de su mujer.
Así es como Silverstein debe improvisar una itinerante sesión de psicoanálisis mientras acompaña a Díaz en la investigación de un crimen, sumergiéndose progresivamente en el universo policial.
Pero eventos fuera de programa dispararán la trama hacia zonas inesperadas, obligando a nuestros héroes a enfrentarse a grandes peligros, físicos y emocionales, para los que, por supuesto, no estarán preparados.
Ficha técnica
Director: DAMIAN SZIFRÓN
Guión: DAMIAN SZIFRÓN
Con la colaboración de AGUSTÍN ROLANDELLI y NICOLAS SMUDT
Productores: OSCAR KRAMER y HUGO SIGMAN
Productor Asociado: CHEMO
Dirección de Producción:JAVIER LEOZ
Coord. de Producción: ALEJANDRA DIXON
Dirección de Fotografía: LUCIO BONELLI
Edición: ALBERTO PONCE
Sonido: FERNANDO SOLDEVILA
Dirección de Arte: JUAN MARIO ROUST y JORGE FERRARI
Vestuario: JULIO SUAREZ
Maquillaje: MARISA AMENTA
Efectos Especiales: FX STUNT TEAM
Ficha artística
Silverstein: Diego Peretti
Díaz: Luis Luque
Lebonian: Oscar Ferreiro
Diana: Gabriela Izcovich
Comisario: Martín Adjemián
Arias: Tony Lestingi
Lomianto: Ernesto Claudio
Villegas: Carlos Portaluppi
Gauto: Hilario Quinteros
Pontrémoli: Daniel Valenzuela
Farina: Marcelo Sein
Cardinalli: Antonio Ugo
Radames: Duilio Orso
Nigro: Claudio Martinez Bel
Zubizarreta: Harry Havilio
Custodio hall: Miguel Angel Porro
Custodio puerta: Claudio Torres
Morales: Javier Van de Couter
Guardia 1: Horacio Nittalo
Guardia 2: Mariano Musó
Ordenanza: Osky Guzman
Liniers: Esteban Lamothe
Forense: Jorge Ochoa
Mujer mostrador: Cristina Fridman
Puma: Juan Manuel Alari
Nacho: Luciano Marsicovetere
Tonga: Gustavo Kamenetzky
Entrenador: Angel Gallardo
Boxeador: Menno José
General: Alberto Suárez
Secretaria General: Bea Saullé
Sambi: Victor Hugo Carrizo
Molinari: Luis Alí
Cabo Ledesma: Ruben Blanco
Ingeniero: Roberto Saiz
Hombre: Alejandro Rius
Fotógrafo: Juan Pablo Miller
Conductor paragolpe: Alexis Lopez Costa
Mujer auto: Alejandra Dixon
Copyright de texto e imágenes © 2005 Oscar Kramer y Hugo Sigman, Shok Films Argentina. Cortesía de Notro Films. Reservados todos los derechos.
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