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Claves de Razón Práctica: Entrevista con Nuria Claver

ClavesLa filóloga Nuria Claver es coordinadora editorial de Claves de Razón Práctica, una de las revistas de cultura y pensamiento más prestigiosas de nuestro entorno. Gracias a ella, conoceremos más de cerca esta imprescindible publicación.

Nuria, ¿cómo se sitúa Claves en el panorama de las revistas culturales en español?

No es posible ofrecer un análisis detallado del sector de las revistas culturales sin antes reconocer las peculiaridades de nuestra historia reciente. Según lo concibo, el carácter global de ese tránsito parece obvio: el cambio profundo que supone la transición democrática establece una frontera, un antes y un después que afecta decisivamente a este sector, permitiéndole desgranar nuevas fórmulas, ya en libertad.

En este sentido, conviene resaltar que cuando hace una década aparece Claves, el umbral ya ha sido superado, y la revista llega al público con esa alegría que contagia el hecho de vivir en democracia.

De este modo, una vez llevada a cabo la transición, es posible expresar las ideas con total frescura y libertad de criterio, y ello permite establecer los objetivos de nuestra cabecera: plantear las claves sobre todas aquellas preguntas que se pueda hacer el lector. Con todo, si se considera el proceso en su conjunto, es oportuno recordar el espíritu de esas revistas que en los tiempos más duros hicieron un gran esfuerzo por decir cuanto era preciso.

Claro está, no somos ajenos a los puntos críticos de esta evolución de la sociedad española y por esa razón, ya libres de presiones políticas, hemos presentado textos en los cuales nuestra reciente trayectoria es sometida a examen por parte de grandes historiadores.

También a la hora de proponer estos análisis hemos procurado que el rigor los gobierne. En una revista como Claves tal propósito es fundamental: el gran ejercicio consiste en que el artículo que aborde este tipo de cuestiones histórico–sociales resulte riguroso y, si se quiere, academicista, obedeciendo al modelo clásico.

¿Qué modelo de crítica se plantea en la revista?

Por su talante, Claves persigue un tipo de crítica constructiva que se manifiesta en nuestras exigencias a la hora de dar un artículo a la imprenta: desde el instante en que su autor se plantea exponer algo acerca de un determinado problema, solicitamos que el escrito se cierre con una conclusión que, de algún modo, explique soluciones.

Y ese procedimiento queda vinculado a nuestra demanda de ideas, pues, no se olvide, definimos Claves como una revista de ideas, libros y cultura, ordenando en esa línea las materias que nos parecen fundamentales.

Como es obvio, no se trata aquí de incorporar la crítica fácil, la contradicción o el reproche indiscriminado, y claro es que tampoco basta el ejercicio crítico profundo si éste no va respaldado en su línea directriz por ese despliegue final de soluciones.

Me imagino que también el debate cumple un papel decisivo.

Desde luego, y aunque en principio existía una intención clara en esa línea, no ha sido fácil conseguir que la revista sirva de marco para la controversia intelectual.

De acuerdo con una de nuestras consignas originales, pretendíamos hacer una revista en la cual fuera posible añadir datos a las razones y razones a los datos.

Pero, al menos en lo que concierne al debate, no fue fácil llevar a la práctica ese fundamento, ya que resulta complicado que lectores y autores tomen parte en una determinada polémica. En más de una oportunidad, alguien habrá leído un artículo y pensado en contestarlo, pero no se habrá decidido a poner por escrito sus objeciones.

De hecho, este proceso comenzó muy quedamente, con una tímida polémica sobre poesía. A partir de ahí, fueron surgiendo nuevas posibilidades de diálogo y litigio, hasta el punto de alcanzar suficiente relevancia en nuestras páginas como para merecer una sección específica, titulada Objeciones, donde se publican comentarios y respuestas de este orden.

Al repasar los últimos debates, me viene a la memoria el suscitado por el caso Sokal, acerca del cual opinaron autores como Ignacio Sánchez Cuenca y Cayetano López, y que luego quedó engarzado con un artículo de Antonio Escohotado en torno a su ensayo Caos y Orden.

¿Cómo definirías al lector típico de Claves?

Parece responder al perfil del intelectual clásico. No obstante, es posible dilatar los márgenes de ese perfil, puesto que el abanico de seguidores de la revista es bastante amplio.

Para explicar este encuentro con otro tipo de lectores, mencionaré mi contacto con muchas personas del ámbito universitario que llaman a la redacción solicitando un determinado tema, o que buscan un artículo que han visto citado en El País.

Obviamente, se trata de jóvenes que no están suscritos a nuestra publicación, pero que la siguen con interés.

Fernando Savater, uno de nuestros directores, suele resaltar la frecuencia con que las tesis doctorales citan textos aparecidos en Claves.

Y pensemos que no sólo se trata de una fuente documental para estudiantes de licenciatura y doctorandos: también los educadores se envuelven en este proyecto. Eso explica, por ejemplo, por qué llega a nuestra dirección tan elevado número de artículos escritos por profesores de universidad. De todos esos materiales, llega a publicarse alrededor de un cincuenta por ciento, lo cual da una medida de nuestros lazos con el mundo académico. Fuera de ese campo, la revista procura satisfacer curiosidades muy heterogéneas, acordes con lectores de muy variada circunstancia, atraidos por materias tan dispares como la economía, la música, la religión o el teatro.

Pese a tal seguimiento, es evidente que proyectos como Claves tienen una carrera comercial muy limitada. De hecho, la mayor parte de nuestra venta se lleva a cabo por suscripción.

En buena medida, se trata de seguidores fieles, atentos a la revista desde su primer ejemplar. Menos predecible, la venta en los quioscos depende del atractivo que ejerza cada número. Con todo, aún es posible que tuviera cabida una nueva revista de pensamiento que animara la confrontación entre cabeceras. Como es lógico, esa nueva revista tendría que asumir que, dadas las circunstancias de nuestro mercado, no es posible vender grandes cantidades.

¿Qué dificultades conlleva difundir una revista cultural?

Todos conocemos las peculiaridades del momento en que vivimos. No obstante, tengo la esperanza de que el estancamiento cederá paso a una nueva etapa.

A mi modo de ver, la gente joven está harta de frivolidades y va a querer oír verdades, pero no verdades contagiadas o verdades virtuales, sino razones contundentes.

Es un pronóstico intuitivo, basado en mi contacto con ese tipo de lector, pero mantengo la certeza de que va a haber un proceso de cambio gracias a los jóvenes. Según lo concibo, incluso es posible que esa revalorización del pensamiento repercuta en la acogida comercial de las revistas de humanidades.

Dejando a un lado esta posibilidad, estoy segura de que a lo largo de su primera década de existencia, Claves ha difundido muchas novedades.

En sus páginas se han plasmado ideas originales, en ocasiones francamente adelantadas. Ideas acerca de temas de importancia, ideas a veces sorprendentes, que vienen a justificar el interés de la revista.

Por lo demás, esa novedad siempre tiene cabida. Y es que, si un texto muestra la calidad suficiente, no vamos a constreñirnos por su contenido: abriremos esa nueva línea temática y seguiremos adelante.

¿Cómo se define día a día la línea editorial?

Somos muy fieles a los temas que ponemos en circulación, y también somos fieles al deseo de que se vayan incorporando a nuestras páginas los nuevos conceptos políticos y económicos.

Queda de manifiesto esa característica en un artículo que publicamos hace años, relativo al reparto del trabajo. Cuando ese texto apareció, yo advertí que ese nuevo proyecto esbozado por el articulista todavía estaba por llegar.

Sin duda, en esta variedad de escritos se realiza una aspiración de la revista: que sus autores no se limiten a observar el presente y procuren analizar las derivas y mudanzas del tiempo futuro.

El hecho es que Claves no pretende, ni mucho menos, ir al paso de los acontecimientos, pero tampoco desea quedar demasiado lejos de ellos. Y esa búsqueda de equilibrio se manifiesta en nuestra organización del trabajo.

En las reuniones que celebramos Javier Pradera, Fernando Savater y yo, cada uno aporta su bagaje y pone de manifiesto las cuestiones que, a su modo de ver, pertenecen a la actualidad.

A la hora de combinar las propuestas, se tiene en cuenta todo el material que llega a la redacción sin haberlo solicitado. Ese aporte ajeno es de gran relevancia, pues nos permite calibrar los intereses de cada momento y, dentro de esta política libre, conceder espacio a cuestiones novedosas, como por ejemplo la clonación o la globalización de la economía.

El Consejo de Redacción, de acuerdo con las parcelas de interés de sus componentes, lee cuantos artículos se reciben, seleccionando aquellos de mayor altura intelectual. Por supuesto, puede llegar hasta nosotros un artículo espléndido cuyo remitente nos sea desconocido, pero, como es obvio, eso no limita sus posibilidades de publicación. Al contrario: hay autores a quienes desconocíamos que luego se han convertido en colaboradores de Claves y de las tribunas de opinión de El País.

¿Qué nuevos retos se plantea la revista?

Son seguidores de la revista los intelectuales más notables de la lengua española, y es muy explicable que procuremos darles voz. Sin duda, desde las páginas de Claves atendemos con particular interés a los pensadores hispanohablantes y, en sentido contrario, los artículos y llamadas que recibimos nos dan a entender que también ellos, movidos por esa búsqueda común, siguen las novedades de la revista.

Además de nuestra presencia en Iberoamérica, que nos gustaría fortalecer, somos conscientes de la recepción de Claves en países como Italia, desde donde también atienden nuestras propuestas.

Es verdad que los cambios de la revista han obedecido a esa línea de rigor y novedad, pero desde una perspectiva formal y estética, no ha de olvidarse el modo en que se ha privilegiado el diseño gráfico de la publicación: así, la profundidad de los temas queda desarrollada en un soporte ligero y de gran formato, estructurado en grandes columnas e ilustrado por dibujantes de buen nivel.

Lógicamente, además de esa mejora del diseño, pretendemos seguir reflejando en sus rasgos decisivos el pensamiento del que se nutre nuestro presente, y para ello nos fijamos en otros modelos, otros reflejos editoriales. Por ejemplo, desearíamos que la revista tuviera un fondo más bibliográfico.

Buscando una convergencia, nuestro sueño sería llevar a cabo algo semejante a lo que hace el suplemento literario del New York Times, pero por supuesto, aún no hemos alcanzado ese punto.

Publiqué la primera versión de este artículo en la revista Cuadernos Hispanoamericanos.


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