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Cómo ser periodista

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Las definiciones no siempre resultan sencillas, y en la prensa, aún menos. Podríamos empezar por decir que periodista es aquel profesional de la información dedicado a divulgar y analizar las noticias en los medios de comunicación de masas. En teoría, el periodista debe acudir a las fuentes de la noticia, evitando presiones y censuras políticas y empresariales, comunicando finalmente el mensaje informativo a la opinión pública. La realidad es que la actividad del periodista está sometida a una intensa y no siempre leal competencia. Una competencia que, dicho sea de paso, tiene que ver con un objetivo: la consecución de informaciones contrastadas con la máxima inmediatez posible.

Aunque a partir de los años 60 los analistas de los medios discuten una posible desconfianza crítica de las audiencias con relación al periodismo, esa hipotética crisis de credibilidad parece compensarse a través de la globalización de las comunicaciones, que acrecienta de modo constante la demanda de noticias. Ante este cambio social, el reto profesional de los periodistas pasa por una intensa especialización y, asimismo, por la investigación de nuevos formatos que vuelvan atractiva su propuesta comunicativa y fomenten la fidelidad del público.

Por otro lado, el periodista, mediante su trabajo, resalta los detalles característicos de la comunidad a la que se dirige, estableciendo un foro activo, donde la opinión pública local discute las peculiaridades de su identidad ideológica y social, así como sus particulares tendencias de cambio. Todo medio de comunicación es, por tanto, espejo de la sociedad a la que alude, a la vez que partícipe de sus aspiraciones. El periodista forma culturalmente al público con la aportación de nuevos datos, suscitando el pensamiento crítico, enfocando la actualidad intelectual e incluso el debate de ideas sobre todos los extremos de la realidad contemporánea.

Los periodistas, además, están integrados en la poderosa industria del entretenimiento. Sin embargo, ello no supone frivolizar en su tarea, pues el profesional de los medios de comunicación de masas debe ser, desde un punto de vista ético, uno de los máximos promotores de la mejora político-social, a través de su constante denuncia de aquellos comportamientos que considere condenables y su defensa de los derechos fundamentales. Por esa razón, el ejercicio profesional del periodista sirve de indicador del grado de libertad y pluralidad que goza la comunidad donde desarrolla su tarea. Los regímenes totalitarios buscan siempre la eliminación de aquellos informadores que sigan esa premisa de trasladar con independencia su visión de la realidad al público, sustituyéndolos por meros propagandistas, portadores de una versión única y sesgada de los hechos.

Opciones y oportunidades profesionales

La gama de posibilidades de la profesión periodística es cada vez mayor, lo cual exige una continua redefinición del ámbito profesional del informador. Hay periodistas locutores de radio, reporteros gráficos en zonas de guerra, animadores de debates televisivos, jefes de gabinetes de prensa ministeriales e incluso caricaturistas que, a través de su tira cómica, definen con rigor la línea editorial del periódico que la publica.

En el caso de las agencias de prensa, el matiz que diferencia el trabajo de sus periodistas viene dado por el producto informativo más habitual en estos centros de información, el teletipo, ahora transmitido por vía informática.

Por lo general, se trata de informaciones en estado puro, exentas de opinión, escritas con la mayor sencillez posible. La agencia de prensa se mantiene gracias a los suscriptores que pagan por conectarse a la línea a través de la cual surte sus informaciones.

No obstante, muchas agencias cuentan asimismo con un departamento de reportajes, en el que colaboran periodistas ajenos a la empresa, que se sirven de ella para distribuir los trabajos que realizan independientemente.

El periodista que no se encuentra en la nómina de ninguna empresa periodística concreta recibe el nombre inglés de freelance. Su trabajo, generalmente reportajes de actualidad, es sometido a las leyes de la oferta y la demanda informativa, vendiéndose al mejor postor. La prensa dedicada a temas de sociedad se ha popularizado en extremo durante los años ochenta y noventa, lo que ha favorecido la aparición de un reportero gráfico independiente, conocido con el nombre italiano de paparazzi, que sigue a los personajes famosos para obtener alguna imagen o declaración exclusiva que luego pueda vender a los medios de comunicación dedicados a esos contenidos.

Igualmente ajetreada es la tarea de los periodistas ocupados en gabinetes de prensa, que tienen por misión difundir públicamente la imagen de una institución o empresa. Entre sus labores habituales, figuran la organización de ruedas de prensa, la redacción de comunicados, la preparación de resúmenes de prensa y el contacto periódico con los distintos medios de comunicación.

Los periodistas radiofónicos son los informadores que emplean la voz en lugar de la escritura para divulgar las noticias. Los servicios informativos de las emisoras quedan deslindados de otros departamentos de este tipo de empresas, dedicados en esencia al entretenimiento, a través de diversas fórmulas no necesariamente periodísticas, como la programación de música. No obstante, cabe hablar de un solapamiento entre lo informativo y el resto de contenidos. Por ejemplo, una revista radiofónica, aunque cuente con secciones puramente lúdicas, también puede tener un espacio de tertulia que, al modo de los columnistas de los periódicos, opine sobre la actualidad. La entrevista, género radiofónico por excelencia, es otro ejercicio clásico de periodismo.

Durante un cierto tiempo, se pretendió establecer una diferenciación entre el periodista radiofónico que redactaba sus textos informativos y el locutor que sólo los leía, al modo de un actor. Este criterio ha quedado obsoleto en los modernos formatos de radio, que precisan el concurso de profesionales de formación integral, capaces de crear opinión, atractivos para el público y dotados de un sentido de la improvisación de la que, por lógica, carecería un locutor que sólo leyera guiones preestablecidos. Por otro lado, la redacción estructural también funciona en la radio moderna, lo que sirve para establecer una tipología periodística bastante cercana a la propia de los diarios.

En el caso de la televisión, también es válida esa norma. Los servicios informativos televisivos cuentan con sus analistas, redactores y especialistas. Los reporteros se sitúan ante las cámaras allí donde se produce el hecho de interés. Menos riguroso, sin embargo, es el cometido de otros periodistas televisivos que, forzados por la guerra de audiencias, buscan convertirse en estrellas que, por encima de la información, atraigan al público. Este tipo de periodista surge en los Estados Unidos a partir de los años setenta, fundamentalmente en el formato llamado talk-show, o programas de entrevistas y coloquios. Para las cadenas, contar con un periodista estrella equivale a asegurarse la fidelidad de los anunciantes, ya que los índices de público garantizan la eficacia de la publicidad. En la televisión estadounidense, los periodistas que se convierten en líderes de opinión, capaces de influir a los espectadores gracias a su poder de convicción, reciben el nombre de anchorman. Por lo general, la estructura de los medios informativos de una cadena televisiva gira a su alrededor.

Formación académica del periodista

Todos los periodistas anteriores al siglo XX eran autodidactos. En todo caso, cabe hablar de escritores, pues la literatura siempre estuvo presente en los diarios y fenómenos como el costumbrismo literario se difundieron precisamente a través de los periódicos. A causa del posible descrédito social del periodista por esa preparación improvisada, Joseph Pulitzer, magnate de la prensa norteamericana, decidió establecer una escuela de formación para los futuros informadores.

Fue Pulitzer el primero en convertir el periodismo en disciplina universitaria, aunque para conseguirlo tuviera primero que litigar varios años con las autoridades académicas de la Universidad de Columbia, que fue la primera en albergar en sus aulas cursos para profesionales de la noticia.

Siguiendo el ejemplo de Columbia, otras universidades norteamericanas instituyen sus escuelas de periodismo.

Poco a poco, al incrementarse las enseñanzas en los programas de estudios, se logra la consideración de carrera universitaria para las Ciencias de la Información, que es como finalmente se llamará en varios países. No obstante, aunque numerosas facultades de todo el mundo imparten estas materias, los grandes centros de estudio norteamericanos siguen siendo los más prestigiosos en lo relativo a esta titulación académica.

Tal es el caso de la Universidad Estatal de California, en Los Ángeles, o de la Universidad del Sur de Florida, entre otras.

En el caso de España, la antigua Escuela Oficial de Periodismo dio paso a la Facultad de Ciencias de la Información, ubicada en Madrid, que luego fue secundada por las universidades de otros puntos del país. En el mundo hispanohablante, destacan centros de formación periodística como la Universidad Católica de Valparaíso, en Chile, o la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales de Buenos Aires, en Argentina.

La consideración universitaria del periodismo plantea cierta polémica. En primer lugar, por la exclusividad que se pretende en el ejercicio profesional, de modo que sólo los licenciados tengan acceso a puestos de trabajo informativos. El programa de estudios más común en las facultades de periodismo se centra en las humanidades, con insistencia en materias como la historia, la teoría de la comunicación, el derecho de la información, el lenguaje, la literatura y la economía. Sin embargo, la norma de la exclusividad no es seguida internacionalmente y, aunque los periodistas de carrera tienen una formación adecuada, profesionales de otras áreas pueden llegar a ser periodistas de renombre, siempre que acrediten el talento necesario para ello. Por otro lado, cada vez son más frecuentes los cursos de postgrado sobre comunicación, que permiten a alumnos de otras licenciaturas obtener una educación periodística sumaria.

Con independencia de la mayor o menor idoneidad de los diversos programas académicos, una dimensión primordial en la formación del futuro periodista es la práctica de la profesión.

Son varios los caminos que pueden seguirse para lograr ese objetivo. El primero son los gabinetes de prácticas de diversas facultades, donde es posible publicar un periódico universitario, grabar programas radiofónicos informativos e incluso ensayar emisiones televisivas. La segunda posibilidad es el establecimiento de convenios de colaboración entre las facultades y diversos medios de comunicación, de forma que los alumnos puedan seguir un aprendizaje de la mano de los profesionales más experimentados. Una labor semejante cumplen las becas de formación instituidas por los propios medios, que suelen otorgarse por un período de tiempo, de cara a la búsqueda de jóvenes profesionales que, quizá en un futuro próximo, puedan incorporarse a la plantilla de esas empresas de comunicación.

El progreso en la experiencia profesional de un periodista suele conducirlo desde empresas minoritarias, locales, hasta otras de mayor trascendencia. El redactor de un periódico provincial pasará luego a otro más importante, de mayor circulación. Un locutor de radio se iniciará en una delegación de la emisora, pasando luego a la central y, llegado el caso, dará el salto al formato televisivo. Todo buen periodista se considera formado tras una larga trayectoria práctica, pero esa preparación nunca acaba del todo, pues el carácter del oficio informativo obliga a quien lo ejerce a un constante reciclaje, con más estudio y documentación.

Cada medio exige, por otro lado, un tipo de formación suplementaria. Los jóvenes periodistas radiofónicos, por ejemplo, han de realizar constantes ejercicios de lectura, atendiendo a la ortofonía y la vocalización.

El periodista televisivo novel deberá aprender a dramatizar debidamente, pues habrá de comunicarse a través de las cámaras con su voz y su gestualidad.

Popularmente, se reconoce como periodista experimentado, con oficio, a aquel capaz de improvisar en directo el discurso periodístico con criterio, sin necesidad de un guión previo, y también a aquél capaz de dominar el género de la entrevista, aparte de completar un buen artículo con los escasos márgenes de tiempo que la actualidad informativa permite. Tanto la velocidad como la seguridad son cualidades que sólo cabe adquirir a través de la experiencia.

Esta es una versión expandida de varios estudios anteriores. En particular, incluye citas de varios artículos que escribí entre 1996 y 2001 para la Enciclopedia Universal Multimedia, de Micronet. Asimismo, contiene algunas reflexiones y referencias que publiqué en los libros Perspectivas de la comunicación audiovisual (2000) y La cultura de la imagen (2006).

Imágenes: Buenas noches, y buena suerte (Good Night, and Good Luck, 2005) © Warner Independent Pictures. Cortesía del Departamento de Prensa de Manga Films. Reservados todos los derechos.


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