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Historia del periodismo

Índice de Artículos
Historia del periodismo
El periodismo en radio y televisión
Evolución del periódico
Grandes figuras de la prensa
Todas las páginas

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En un mundo cambiante, el periodismo ha sido, es y será una actividad en perpetua evolución. Durante la mayor parte de la historia del medio, el soporte fundamental de los periódicos fue el papel. A lo largo del siglo XX, la actividad periodística encontró acomodo en el cine, la televisión y la radio. A partir de los años ochenta, se generalizó el teletexto, y con la implantación de Internet, surgió la prensa digital, cuyo desarrollo abre un formidable campo de posibilidades. Ya ven que el panorama es lo suficientemente amplio como para que la historia del periodismo sea mucho más que una simple crónica.

Antes de entrar de lleno en la historia del periodismo, conviene subrayar algún que otro detalle en torno a la profesión periodística. Esto último tiene su importancia, dado que son los periodistas, con su renovada actividad individual, quienes marcan el signo de una trayectoria que arranca en los avissi de los comerciantes venecianos, las crónicas cívicas de los siglos XII y XIII, las cartas-diario redactadas por agentes comerciales, los price-currents relativos a los negocios portuarios, y desde luego, los almanaques, repletos de informaciones, anécdotas y referencias variadas.

En los albores de la prensa, el periodista era simplemente un escritor que daba cuenta de notas y opiniones. Las primeras especialidades del periodismo se implantan a finales del siglo XIX y comienzos del XX, cuando empiezan a ser comunes algunas secciones específicas en los diarios. En España, son los casos de las páginas dedicadas a los toros, el deporte y el teatro. Más adelante, con la diversificación, cada redactor jefe, a partir del trabajo de sus redactores, corresponsales y colaboradores, podrá establecer un alzado de las páginas, fijando a través de la maquetación las prioridades informativas del día.

Es entonces cuando el periódico adquiere una estructura departamental, que varía en función de las posibilidades empresariales. Se generalizan secciones como internacional, nacional, local, cultura, deporte, campo (información agroalimentaria), toros, ciencia, sociedad, educación, universidad, ocio, motor, salud, economía y, más recientemente, ecología y medio ambiente.

Cada área específica requiere la formación de sus profesionales, que se especializan en la materia que más frecuentemente abordan.

Esta especialización no necesariamente corresponde a un departamento, ya que en ocasiones toda la publicación está orientada hacia unos determinados contenidos. Este tipo de formato también tiene sus raíces en el siglo XIX, cuando surgen diarios políticos como The Mirror (1822) y revistas femeninas como Vogue (1892).

Con el tiempo, esa división por secciones y especialidades será idéntica en la radio y en la televisión, cuya estructura básica imita la que es propia de los periódicos.

En este sentido, la especialidad determina al periodista y encauza su futuro. Pero además hay otra clasificación profesional que escapa a los temas que se tratan, centrándose exclusivamente en el género que el informador elige para desarrollar su labor.

Un editorialista será el redactor especializado en redactar las páginas de opinión y, más concretamente, los editoriales. El columnista analizará la actualidad desde una perspectiva más personal, pues sus escritos, publicados bajo un epígrafe o título habitual, tienen una fuerte carga ideológica y una mayor libertad en el tratamiento literario de la redacción.

Frente al redactor, que escribe habitualmente en las instalaciones del medio, se sitúan el reportero o enviado especial y también el corresponsal, que se desplazan para informar y, en el segundo caso, viven de forma habitual en el lugar desde el que remiten sus crónicas.

Otra distinción importante es la establecida entre los periodistas que redactan sus informaciones y aquellos que reflejan la realidad a través de la fotografía o la grabación videográfica.

El fotoperiodismo tiene su origen en 1880, cuando el periódico inglés Daily Herald publica en sus páginas, por vez primera en la prensa, fotografías. Un reportero gráfico acompaña siempre a los redactores que salen al encuentro de los hechos. Del mismo modo, es habitual la presencia de un operador de cámara junto a los periodistas televisivos que cumplen su tarea fuera de los estudios desde donde habitualmente se transmite la programación.

Historia universal del periodismo

Aunque los antecedentes de la prensa escrita se remontan a los tiempos del Imperio Romano, no cabe hablar de periodismo propiamente dicho hasta que el desarrollo postal permite la distribución eficaz de informaciones y los avances de la impresión posibilitan reproducir en serie un determinado texto.

En este sentido, los servicios de correos estatales contribuyen decisivamente a difundir las noticias en la Europa de mediados del siglo XV. Por las mismas fechas, la imprenta de Gutenberg permite ya la reproducción de textos, lo que significa el nacimiento de la cultura de masas. En este panorama surge en Alemania el pionero Nurenberg Zeitung (1547).

Las antiguas noticias manuscritas, llamadas avvisi o avisos, pasan a imprimirse, con lo que empiezan a llamarse hojas volantes. Estas primitivas publicaciones informativas reciben en Francia el nombre de occasionnels y en Italia gazzetas.

Los libelos son distribuidos durante el siglo XVI. Son hojas volantes de contenido polémico, por lo general relativo a asuntos religiosos. El paso de las hojas volantes a los primeros periódicos se da por las mismas fechas, con la aparición en Francia de las Chronologies novennaires (1589-1598), muy anteriores al bisemanal que Abraham Verhoeve publicó en Amberes entre 1605 y 1607: el Nieuwe Tijdinghen.

Desde España, esta tendencia encuentra su reflejo en Sevilla donde, en 1625, se publican los Avisos de Italia, Flandes, Roma, Portugal y otras partes desde 28 de julio hasta 3 de agosto, deste año de 1625. Darse cuenta de cómo en el Palacio de Londres dixo missa de pontifical el obispo que acompañó a la Reyna hermana del Rey de Francia, a cuyo acto asistieron y comulgaron más de 600 católicos. Lunes 28 de julio. Una gaceta similar es lanzada en Barcelona por Jaume Romeu en 1641.

En 1631, el francés Louis Vendosme publica en París las Nouvelles ordinaires de divers endroits, que pronto se convertirán en la Gazette. Otro francés, Théophraste Renaudot, pasará a lanzar su Gazette poco después, gracias a un privilegio político concedido por el cardenal Richelieu.

Éste es el primer paso en dirección hacia el control gubernamental de la prensa. En 1632 Renaudot empieza a editar una publicación publicitaria, la Feuille du Bureau d'Adresse. Las hojas de anuncios, como así se llamaron este tipo de publicaciones, pronto se extienden por toda Europa.

Salen de imprenta el Frankfurten Journal alemán (1615) y el Stanford Mercury inglés (1695),

El control político tiende a detener la proliferación caótica de periódicos. La Licensing Act británica, de 1662, impone la autorización previa y la censura. Es la primera ley de las muchas que desautorizarán la prensa libre. En 1665 es publicado en Inglaterra un periódico gubernamental, London Gazette, que compite con los libelos editados por librepensadores como el novelista Daniel Defoe. Este escritor será el primer folletinista, pues publicará por entregas su Robinson Crusoe en The Daily Post.

La Gaceta de Madrid es el primer periódico español, una primitiva versión aparece en 1663. A partir de 1663 ésta se modifica definitivamente. El responsable de su edición, Francisco Fabro Bremundan, pasa por ser el primer hombre de prensa de la historia de España. Siguiendo su ejemplo, surgirán nuevos editores en toda España.

Las colonias británicas en Norteamérica viven una temprana aparición de la prensa. The Public Occurrence es publicado en Boston a partir de 1690. No obstante, la calidad de los periódicos de esta etapa es bastante pobre, y sus contenidos suelen ser muy tendenciosos.

En la Iberoamérica colonial se publica una primera hoja informativa en México, “Relación del espantable terremoto de Guatemala” (1541). Pasará más de un siglo antes de que se estabilicen comercialmente ciertas ediciones, como la Gaceta de MéxicoGaceta de Lima (1743), la Gaceta de Guatemala (1729), el Diario de Lima (1790), la Gaceta de La Habana (1764) y la Gaceta de Buenos Aires (1764). (1728), la

Mientras tanto, en Europa prosigue la renovación de cabeceras. En 1665 aparece en Francia el primer número de Le Journal des Savants. Su contenido científico es del interés de un número creciente de lectores. La modernización de la prensa francesa llega en 1777, cuando se publica el Journal de Paris, considerado por los especialistas el primer diario francés.

En Alemania los periódicos más difundidos a lo largo del siglo XVIII son el Vossische Zeitung (1722), el Berliner Nachrichten (1740) y el Kölnische Zeitung (1763), que consiguen tiradas importantes y la fidelidad de los compradores. El caso alemán es de alto interés, por cuanto demuestra desde sus inicios un alto grado de profesionalidad y un notable sentido de la empresa periodística.

El español Mariano Nipho edita a partir de 1758 el primer diario español, el Diario Noticioso, más tarde llamado Diario de Madrid. Nipho es una de las figuras más notables de la prensa española y es considerado uno de los principales pioneros del periodismo hispano.

La Revolución Francesa supuso un extraordinario avance para la prensa. Las cabeceras multiplicaron su número y los partidismos políticos marcaron las tendencias ideológicas, muchas veces enfrentadas. Entre los periódicos revolucionarios, destacan el Patriote Français, L'Ami du Peuple y el Courrier de Paris.

Este florecimiento de nuevas publicaciones tendrá su contrapartida con la llegada al poder de Napoleón Bonaparte, que decreta en 1800 la autorización previa para cualquier edición de periódicos. Asimismo, instaura un sistema de propaganda altamente eficaz, que tendrá su ejemplo más destacado en el diario Le Moniteur.

El inglés John Walter funda The Times en 1785, lo que convierte a este periódico en uno de los más veteranos de la prensa europea. Como ocurre en otros países, los editores británicos se verán favorecidos por una serie de circunstancias que permitirán un precio de venta inferior.

En el siglo XIX, surgen nuevos hallazgos tecnológicos y químicos, como la tinta de imprenta desarrollada por Lorilleux, la estereotipia de Nicolas Serrières y la prensa mecánica diseñada por Friedrich Koenig para el citado The Times, con la cual será posible imprimir por las dos caras de cada pliego de papel. Todos ellos, unidos a los avances en la litografía y las nuevas posibilidades en el mundo del transporte llevan a la prensa hacia la revolución industrial que habrá de configurar el periodismo moderno.

Las nuevas necesidades de información favorecen también nuevas formas de organizar el trabajo periodístico. Dado lo caro que es mantener una corresponsalía internacional, algunos periodistas empiezan a organizarse en agencias, que sirven noticias a diversas publicaciones. Charles Auguste Havas es el creador de la primera de estas agencias de prensa, la Agencia Havas (1835). Tiempo después aparecen en Alemania la Agencia Wolff (1849), en Estados Unidos la Associated Press (1848) y en Inglaterra la Agencia Reuter (1851).

El independentismo iberoamericano permite el nacimiento de una prensa de signo político, muy pujante. Son las fechas en que se publican periódicos como El Peruano, de Lima (Perú), cuyo primer numero se imprime en 1826. Algunos de estos diarios llegarán a superar la barrera del nuevo siglo; son los casos de La Prensa (1869) y La Nación (1870), de Buenos Aires, y de El Imparcial (1896), de México. Todos ellos se convertirán en instituciones de la prensa hispanoamericana, donde colaborarán algunas de las firmas más importantes del periodismo del continente.

Por toda Europa y Estados Unidos aparecen diarios que irán consolidando su posición empresarial con el paso de los años y que prolongarán su vida hasta el siglo XX. El francés Hippolyte de Villemesant funda Le Figaro en 1854. The Sun aparece en Inglaterra hacia 1833. También en Inglaterra se editan el Financial Times (1888) y The Economist (1843).

En Nueva York comienza a publicarse el New York Herald en 1835. En la misma ciudad estadounidense nace el New York Tribune en 1841.

En la España de fines del XIX, periódicos como El Imparcial alcanzan enormes tiradas, en firme competencia con otros como El Liberal, La Vanguardia o El Heraldo de Madrid. Se trata de unos diarios escritos por autores de talento que, en más de un caso, llegan a ser literatos de prestigio.

Las novedades técnicas continúan, favoreciendo nuevas posibilidades en el mundo de la prensa. Ottman Mergenthaler inventa la linotipia en 1884. El huecograbado es perfeccionado una década después. Este tipo de avances permite que los periódicos perfeccionen su reproducción, aumentando además el número de páginas pese a un bajo precio de venta.

El periodismo se convierte en un negocio, como lo demuestran los imperios económicos creados por dos magnates de la prensa norteamericana, Joseph Pulitzer y William Randolph Hearst. Ambos recurrirán al sensacionalismo para vender más diarios y ganar a la competencia. Asimismo, manipularán las informaciones, dejando a un lado cualquier ética y llegando a lo que luego se llamará “amarillismo”.

Este fenómeno se pondrá en evidencia durante la guerra de Estados Unidos con España en 1898. Durante la contienda, las informaciones propagandísticas, las exageraciones y las falsedades dictarán la pauta de lo que luego será la prensa manipuladora.

En 1876 se funda el periódico italiano Corriere della Sera, publicado en Milán. El editor, Luigi Albertini, se fija en las novedades técnicas y formales de los diarios anglosajones para modernizar su diario, que vivirá una nueva etapa de esplendor en el siglo siguiente, tras la Segunda Guerra Mundial. Otros periódicos italianos de fama son Il Manifesto, L'Unita, La Stampa, Il Giorno y La Reppublica.

Gran Bretaña, país pionero en la modernización tecnológica, pronto contará con nuevas cabeceras que irán compitiendo por el favor de los lectores con aquellos periódicos más veteranos. Frente a The Times o The Observer se sitúan The Guardian, The Daily Mirror y The Evening Times.

En 1903 sale a la calle en España el primer número del diario ABC, que supondrá una importante renovación por sus contenidos y su formato. El responsable de este nuevo diario es Torcuato Luca de Tena. En 1910 se edita El Debate, uno de cuyos directores será Ángel Herrera Oria, que mantendrá la cabecera de este periódico conservador hasta 1933.

En la Unión Soviética, el diario Pravda, que comienza su andadura en 1912, se convierte tras la revolución bolchevique en publicación oficial del Partido Comunista. Otro diario, Izvestia, se suma al anterior en la difusión de las noticias aceptadas por el régimen totalitario.

La Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial marcarán un período en el que las fidelidades políticas condicionarán los contenidos de la prensa. Llegados los años cincuenta, los regímenes autoritarios de uno y otro signo promulgarán leyes de prensa a fin de controlar la información. Sólo en los países democráticos se desarrollarán periódicos con libertad de criterio empresarial e informativa.

En Alemania, una vez liberada del nazismo y recuperada económicamente, proliferan los diarios de gran calidad. En un mercado dinámico, con un muy elevado número de lectores, los principales periódicos serán Die Welt, Die Zeit, Frankfurter Allgemeine y Bild Zeitung.

No obstante, el número de cabeceras, a nivel local y nacional, resulta espectacular si se compara con la situación en los países mediterráneos. Así, cabe citar el Hamburger Morgenpost, Mannheimer Morgen, Express, Passauer Neue Presse, Der Tagesspiegel y Nürnberger Nachrichten. En la vecina Austria destacan Kleine Zeitung, Wiener Zeitung y Wirtschaftwoche.

Francia también se sitúa en la vanguardia europea de la prensa con publicaciones de prestigio, como Le Monde, que más tarde se escinde en una edición dedicada al análisis de la realidad internacional, Le Monde Diplomatique. En la segunda mitad del siglo XX, destacan los diarios franceses Libération y los locales La Voix du Nord y La Dépêche du Midi.

Por la misma época, en el resto de Europa la prensa alcanza, asimismo, un importante nivel. En Bélgica, cabe resaltar De Standaard y Het Volk. En los Países Bajos, Eindhoven Dagblad, Rotterdams Dagblad, De Volkskrant, De Limburger y De Telegraaf.

En Polonia, Donosy, Gazeta w Krakovie y Zycie Warszawy. En Grecia, Express y Ta Nea. En Noruega, Aftenposten, Fjiordingen, Morgenbladet y Bergensavisen.

Este auge de la prensa continental contemporánea tiene que ver con la vitalidad cultural europea, con el interés de los lectores y, lógicamente, con un bienestar económico que es muy saludable para la industria de la información.

Sin embargo, la circulación de los periódicos europeos no siempre es mayor en la prensa de prestigio. Antes al contrario, los diarios sensacionalistas consiguen cifras de venta mucho más espectaculares.

Por su parte, Latinoamérica, sometida a constante vaivenes políticos, conserva gran número de periódicos de alta calidad, que en muchos casos sirven de contrapeso a los excesos del poder. En Chile siguen publicándose El Mercurio, La Nación y El Siglo. Los lectores colombianos pueden adquirir diarios como El Tiempo. Entre los diarios de Perú destacan La Prensa y El Comercio.

En el Lejano Oriente, destaca por su tiraje un diario de la República Popular China, Jen Min Jih Pao, que cumple en ese país asiático una labor semejante a la ejercida por Pravda en la URSS. Se trata de un periódico cuyas informaciones vienen corroboradas por los responsables del partido comunista.

Algo muy distinto sucede en el vecino Japón, donde el régimen democrático ha favorecido la consolidación de las empresas periodísticas. El nivel de lectura de prensa en el archipiélago alcanza unas cotas difícilmente imaginables en otras latitudes. Los dos diarios nacionales con mayor implantación son el Asahi Shimbun y el Yomiuri Shimbun.

En el mundo árabe también se da una pujanza de la prensa tras la guerra, una vez estabilizadas políticamente las zonas en conflicto. En Egipto llegan hasta los lectores los periódicos Al Ahram, Al Gomhouia y Al Akhbar. Los argelinos compran El Chaab y los tunecinos, Al Amal. Todos los países con un pasado colonial reciente cuentan con ediciones en las lenguas locales y en aquéllas de las potencias ocupantes de su territorio.

Los países africanos que habían estado bajo dominación colonial británica cuentan con publicaciones en inglés que siguen, en cuanto a formato, criterios muy semejantes a los establecidos por la prensa de Londres. Sin embargo, la precariedad de medios es la nota habitual en muchos casos, a pesar del buen nivel profesional demostrado por numerosos periodistas locales.

En Kenia se edita el East African Standard. El Times of Zambia y el Zambia Mail son las principales cabeceras de Zambia. Y los lectores angloparlantes de la República Sudafricana compran The Star, el Rand Daily Mail y el World, periódicos que compiten con Die Burger, escrito en idioma afrikaans.

A partir de los años setenta, la globalización del mercado permitirá la entrada de capital internacional en el accionariado de numerosos periódicos. Los imperios de la comunicación ampliarán su influencia a la televisión y la radio, creando estructuras empresariales con tendencias monopolísticas.

En España, desde los años ochenta, se produce una paulatina concentración del mercado alrededor de pocas cabeceras. Destacan por su tirada el veterano ABC, El País (1976) y El Mundo del Siglo XXI (1989), parte de cuyo equipo redactor procede de otro periódico, Diario 16.

La Agencia EFE, nacida tras la Guerra Civil, aumenta su influencia en Iberoamérica y el mundo árabe, convirtiéndose en la agencia de prensa más importante del mundo de habla hispana.

Los nuevos rumbos del periódico parecen dirigirse hacia el campo de las autopistas de la información. A través de la red Internet es posible leer los contenidos de los periódicos más importantes del mundo. Sin embargo, este nuevo formato, que amplía enormemente la difusión, no ha variado la estructura esencial de los diarios en su versión on-line, divididos también por secciones y páginas.

En el comienzo del nuevo milenio, las posibilidades tecnológicas del entorno digital modifican el hábito de la compra cotidiana de la prensa. De hecho, ell manejo de los pliegos de papel se ve amenazado por la lectura de los mismos textos en la pantalla de un ordenador.

La diversificación de los medios se ve impulsada por una nueva figura: el llamado periodismo ciudadano. La blogosfera, compuesta por multitud de blogs que dinamizan noticias y rumores, convierte la información en un asunto plebiscitario. Así, lo noticiable ya no es algo que decide un consejo de redacción, sino el conjunto de las webs que deciden posicionar éste o aquel asunto en buscadores como Google.

Este fenómeno, con derivaciones aún por estudiar, influye en el modelo periodístico tradicional. Por esa misma razón, los periódicos empiezan a publicar textos más breves, más llamativos y más accesibles para un lector de atención dispersa. Se persigue con ello el dinamismo propio de los weblogs, sin perder el rigor que debiera caracterizar siempre a la prensa.

El periodismo televisivo y el radiofónico, inmersos en la misma competencia, favorecen los formatos mixtos, en los que la noticia, el debate, la curiosidad y el espectáculo se sitúan en el mismo plano.



El periodismo en radio y televisión

Desde su nacimiento, la prensa escrita ha dependido de la tecnología. Tras las constantes renovaciones en materia de impresión, el primer momento de cambio radical vino dado por los avances en la telegrafía sin hilos, que permitieron el establecimiento de corresponsalías en lugares distantes y, sobre todo, la inmediata distribución del mensaje informativo. Generalizados en los años 20, el teletipo y teléfono acrecentaron esta posibilidad, dotando a los periodistas de instrumentos técnicos para llegar antes a la noticia y darla a conocer de inmediato.

Sin embargo, dos nuevos medios de comunicación, la radio y la televisión, plantearon un nuevo reto con su nacimiento, pues en principio se pensó que podían ocupar el espacio informativo que hasta entonces era exclusivo de la prensa escrita. Sin embargo, la práctica iba a demostrar que los tres cauces eran compatibles y, lo que es más importante, interdependientes.

Aunque los experimentos técnicos acerca de la radiofonía se remontan a fines del siglo XIX, hasta los años veinte del siglo XX no se extiende el uso de receptores de radio entre la población.

La práctica del periodismo en el nuevo medio tiene un primer género, el diario hablado, que se da en España por vez primera en 1925, a través de la emisora Unión Radio.

El diario hablado, que apenas ha cambiado en su concepción fundamental, organiza las informaciones siguiendo las mismas pautas que el periódico. En cierto sentido, es un periódico sonoro, distribuido por secciones (internacional, nacional, deporte, cultura, sociedad, etc.), igual que su antecedente impreso. Asimismo, tiene titulares, al modo de la prensa escrita, e incluso columnistas, que en este caso son firmas invitadas que leen su participación ante los micrófonos. De todo ello se deduce que el periódico, lejos de desaparecer, traduce todas sus posibilidades al nuevo medio.

Asimismo, la evolución de la radio ha ido pareja a las novedades en la prensa escrita. Del mismo modo que los periódicos especializan sus contenidos, la radio también lo hace, organizando su programación en grandes bloques o segmentos temáticos. A tal extremo llegan las semejanzas, que los diarios hablados también cuentan con su edición de fin de semana, equivalente a los suplementos dominicales de los periódicos.

Por otro lado, la necesidad constante de noticias por parte de la audiencia ha permitido la aparición de emisoras cuya programación es íntegramente informativa. Uno de los canales de Radio Nacional de España, Radio 5, emite desde comienzos de los años noventa un diario hablado ininterrumpido, que hace un seguimiento constante de todas las novedades que ocurren dentro y fuera de España.

En el caso de la televisión sucede algo muy semejante. La cadena británica BBC (British Broadcasting Corporation) emite su programación desde 1936 y ha adquirido un notable prestigio internacional por la calidad e independencia de sus servicios informativos.

En el caso de España, Televisión Española (TVE) emite sus programas de forma regular desde 1956. Los diarios audiovisuales de esta televisión estatal recibieron desde su creación el nombre de "Telediario", con el que se han popularizado estos espacios, incluso los correspondientes a las cadenas privadas fundadas varias décadas después. Siguiendo la pauta de la prensa escrita, los programas informativos de televisión cuentan con una redacción organizada, editores y, sobre todo, una estructura por áreas, a imagen de los periódicos.

La cadena de televisión por cable vía satélite CNN (Cable News Network), creada en Estados Unidos, revolucionó el modelo al establecer una programación constante con noticieros sucesivos, apoyada por un equipo internacional dotado con los más modernos adelantos tecnológicos.

La inmediatez con que un canal de estas características puede servir la información resulta extraordinaria, lo que le convierte en el medio más poderoso del mundo, en lo que a difusión de noticias se refiere.

Como ya les comentaba previamente, la última relación del periódico con los medios audiovisuales llega a través de la red Internet, a la que se conectan usuarios de todo el mundo a través de un módem instalado en su ordenador.



Evolución del periódico

A decir verdad, hasta que en 1777 Didot inventa el cícero, no existe una medida unificada para la impresión de periódicos y, por tanto, para la industria informativa. La adopción internacional del cícero como unidad de medida en la maquetación de diarios permitirá el ahorro de papel y la fijación de un criterio fijo para los formatos, ajustado además a la maquinaria de impresión disponible.

La linotipia de Mergenthaler (1884) y, más adelante, la rotativa de Marinoni ya se guían por estos patrones de tamaño.

El formato es la primera característica que diferencia a los periódicos entre sí. Éste es muy variable. Por ejemplo, el diario económico inglés Financial Times tiene unas medidas aproximadas de 38,5 por 56 centímetros, en tanto que el periódico francés Le Monde alcanza sólo los 32 por 47 centímetros.

Mucho más reducido, el diario español ABC se limita a 23,5 por 32 centímetros. En todos los casos, el formato mantiene un equilibrio exacto entre el número de columnas y el espacio de la página que va impreso.

Tomando por ejemplo un periódico de formato tabloide típico, El Adelanto, publicado en Salamanca (España), se advierte que de sus medidas, 29 por 41 centímetros, la mancha de impresión ocupa 25 por 37 centímetros, es decir, cinco columnas de 36 centímetros de altura y 45 milímetros de anchura.

Todo cálculo de dimensiones para una maqueta habrá de ajustarse, por tanto, al espacio que desea imprimirse y las columnas que éste ha de integrar.

Evidentemente, hay razones económicas e industriales para fijar un determinado formato, pero en muchos casos el tamaño de las páginas se establece en función de la filosofía del medio. De este modo, el citado formato tabloide, de grandes dimensiones, es el más típico de la prensa, pues permite jugar en la maquetación con grandes fotos y titulares con un cuerpo de letra enorme, ocupando incluso las cinco columnas de texto.

Otro factor que diferencia a los diarios es la especialización. La llegada de la radio y, sobre todo, la popularización de la televisión a partir de los años cincuenta, obligaron a los periódicos a ofrecer, como valor añadido a su producto, mayores dosis de reflexión y análisis, así como contenidos especializados.

Algunos diarios de larga tradición llegaron a consagrarse exclusivamente a un tema. Son los casos de la prensa deportiva –en España, el As, Marca o El Mundo Deportivo– y la prensa económica –en Estados Unidos, The Wall Street Journal, en Japón, The Nikkei Weekly–. Otra opción ha sido el suplemento, o la separata, dedicado cada día de la semana a un tema diferente: cultura, economía, mercado de trabajo, ocio, deporte, ecología, vivienda, etc.

Buscando el acercamiento a los lectores locales, también se ha generalizado la práctica de realizar una edición nacional, pero diferenciada en ciertos contenidos gracias al trabajo de distintas delegaciones provinciales o regionales, y otra edición internacional, dedicada exclusivamente a su distribución en otros lugares del mundo. Con la llegada de Interner, se suma otro factor: la actualización permanente de los contenidos.

La tercera diferencia que cabe hacer entre los periódicos de papel es la hora y fecha de edición. Hay prensa matutina, publicada por la mañana, y vespertina, dedicada a los lectores de la tarde. Esta diferencia, no obstante, ha sido solapada por la práctica de las sucesivas ediciones, cuando la aceptación comercial del producto así lo permite. Las Hojas del Lunes, que tuvieron cierto auge en España y países de Latinoamérica, han ido desapareciendo a partir de los años setenta. Como su nombre indica, aparecían cada lunes y tenían las características propias de un semanario.

Otra diferenciación que puede establecerse es la existente entre prensa local y prensa nacional o capitalina. Los diarios locales atienden prioritariamente a noticias ocurridas en su área de influencia. Algunos periódicos locales españoles tienen, además de calidad periodística, una larga vida, como sucede con El Faro de Vigo (1853) y El Norte de Castilla (1856). Por oposición, la prensa nacional se ocupa de acontecimientos que suceden en todo el país, priorizando las noticias por motivos de exigencia informativa, no geográfica.

Una última tipología destacable es la que divide la prensa gubernamental, dependiente de las altas instancias del Gobierno y controlada por éste, y la prensa independiente, sometida sólo a las leyes del mercado. La prensa gubernamental es común en los países con regímenes totalitarios. Dentro de la prensa independiente cabe hablar en algún caso de prensa institucional, es decir, publicaciones que por su larga tradición y por su importancia social trascienden la condición de empresa periodística y se convierten, como indica su nombre, en instituciones de cara a la opinión pública. Por lo común, estas últimas suelen ser diarios moderados e incluso conservadores, que muy raramente siguen corrientes de opinión extremistas.



Grandes figuras de la prensa

Dada la dimensión pública de su oficio, el periodista es susceptible de convertirse con facilidad en una figura popular, digna de ser admirada por el público. En los medios audiovisuales, esa notoriedad se multiplica, las figuras televisivas alcanzan el mismo renombre que los políticos más destacados o las estrellas del espectáculo. Sin embargo, dejando al margen la fama más o menos pasajera que la pequeña pantalla concede a quienes en ella aparecen, los periodistas de mejor reputación son aquellos que, a través de años de experiencia, consiguen aportar a la sociedad una nueva perspectiva de esa realidad que también pretenden mejorar.

Sea por su perspicacia o por el talento demostrado al contar los hechos, los periodistas ilustres son aquellos que despiertan la confianza en los lectores o espectadores. Su credibilidad, unida a los rasgos personales de su tarea, hacen de ellos figuras clave a la hora de encauzar las corrientes de opinión. Otro modo de alcanzar ese renombre deriva de su pericia narrativa, sea como buenos escritores o, a través de la expresión hablada, como presentadores televisivos o radiofónicos.

El recuento de los periodistas de importancia en España comienza por Francisco Mariano Nipho, el más insigne informador del siglo XVIII. También gozaron de gran popularidad dos escritores periodísticos del siglo XIX, Mariano José de Larra y José María Blanco White.

Esa doble condición de literato y periodista cabe asimismo aplicársela a Pío Baroja, que fue corresponsal, y a Emilia Pardo Bazán. Ya en el siglo XX, redactores como Julio Camba o César González Ruano alcanzaron una calidad sobresaliente en sus crónicas. Asimismo, pasaron del periodismo a la literatura Ramón J. Sender, Juan Goytisolo, Juan Ignacio Luca de Tena, Torcuato Luca de Tena, Néstor Luján, Juan Marsé, Daniel Sueiro, Arturo Pérez Reverte y Antonio Muñoz Molina, entre otros.

Álvaro Cunqueiro, extraordinario narrador en los idiomas gallego y español, dirigió El Faro de Vigo, donde escribió páginas periodísticas memorables. También destacado escritor, Rafael Dieste fue secretario de redacción de El Pueblo Gallego y fundó La Hora de España en 1938.

Josep Pla escribe en los diarios Las Noticias, La Publicidad y El Sol, donde también colabora, como firma invitada, el filósofo José Ortega y Gasset.

El novelista Miguel Delibes dirige El Norte de Castilla y Emilio Romero, autor teatral, ensayista y narrador, es director de la Escuela Oficial de Periodismo, aparte de máximo responsable de los periódicos Pueblo y El Imparcial.

Pertenecientes a una generación más joven, Juan Luis Cebrián, director de El País, y Luis María Ansón, ex-director de la Agencia EFE y también del diario ABC, culminarán sus respectivas carreras ingresando en la Real Academia de la Lengua.

Por lo que se refiere a periodistas de radio y televisión, destacan nombres como los de Victoriano Fernández Asís, Matías Prats, Joaquín Soler Serrano y Luis del Olmo. Entre los periodistas televisivos que desarrollaron una parte fundamental de sus carreras en la etapa de la transición democrática, a mediados de los setenta, sobresalen Manuel Martín Ferrand, Jesús Hermida y Eduardo Sotillos.

A partir de esa etapa, la radio española se renueva gracias al talento de profesionales como Alejo García, Encarna Sánchez, Antonio Jiménez, José María García, Antonio Herrero, Iñaki Gabilondo, Luis Herrero, Carlos Herrera, Federico Jiménez Losantos y Carlos Alsina.

Otra especialidad profesional donde los periodistas españoles han destacado en especial, el reporterismo, se enriquece gracias a profesionales como Manuel Leguineche, Arturo Pérez-Reverte y Miguel de la Quadra Salcedo.

En los países de habla hispana, hay numerosos ejemplos de periodistas de acreditado prestigio, que en algún caso han llegado a dar la vida cumpliendo con su misión informativa. Uno de los más conocidos periodistas de principios de siglo, el guatemalteco Enrique Gómez Carrillo, desarrolló parte de su carrera en España.

Entre los peruanos, cabe nombrar a José Carlos Mariátegui, que comenzó como auxiliar de linotipista en el diario La Prensa y acabó sus días siendo uno de los ensayistas más importantes del continente.

Un compatriota suyo, Augusto Tamayo Vargas, cuenta asimismo con una importante carrera en la prensa. El también peruano Alfredo Barnechea, además de político y ensayista, cuenta con una larga trayectoria como periodista televisivo, en la que cabe destacar su programa Contacto directo, muy importante en la etapa de la transición política de su país, en los años setenta.

De Cuba puede citarse a Mario Parajón Díaz, Mirta Aguirre y César Leante, que fue redactor de La Revolución y luego jefe de servicios especiales de la agencia Prensa Latina. Uruguayos como Carlos Martínez Moreno y Alfredo Gravina, venezolanos como Orlando Araujo y puertorriqueños como Nilita Vientós Gascón, también han entrado con merecimientos en la historia del periodismo iberoamericano.

El escritor brasileño Hipólito da Costa tuvo una intensa relación profesional con el diario Correio Braziliense. Otros periodistas brasileños, que por otro lado también escriben literatura, son Jorge de Lima, Orígenes Lessa, Guilherme de Almeida, el novelista Jorge Amado, Carlos Drummond de Andrade, Afranio dos Santos Coutinho y Dias Gomes, este último guionista radiofónico, locutor e importante autor teatral en su país.

En Chile, el prestigioso Ricardo Latcham colabora en La Nación y El Diario Ilustrado. También chileno, Carlos Droguett cuenta en su haber con importantes páginas informativas. El periodismo boliviano tiene, entre sus firmas más conocidas, a Óscar Alfaro, Augusto Céspedes, José Fellman Velarde, Néstor Terán, Jorge Suárez y Adolfo Costa du Rels. En Guatemala, Manuel José Valladares es un considerable periodista contemporáneo.

Por lo que se refiere a Ecuador, cuenta con profesionales como Raúl Andrade, Demetrio Aguilera Malta, César Andrade y Cordero y Jorge Fernández, novelista, director de El Comercio, de Quito, y director del Centro Internacional de Estudios de Periodismo para la América Latina.

Junto a grandes periodistas televisivos, como Jacobo Zabludovsky, en México existe una larga lista de profesionales de la prensa escrita, de los que cabe citar, entre otros, a Vicente Leñero, Justo Sierra Méndez, Luis Spota y Héctor Pérez Martínez.

Como su compatriota Gabriel García Marquez, el colombiano Álvaro Mutis se dedica, durante su juventud, al periodismo, en este caso radiofónico, en la Radio Nacional de Colombia.

En Argentina la tradición periodística es igualmente notable, remontándose a los tiempos de Domingo Faustino Sarmiento, y prolongándose luego hasta llegar, entre otros muchos, al locutor radiofónico Antonio Carrizo y al periodista Osvaldo Ferrari, también profesor de Ciencias de la Comunicación y un excelente entrevistador. Otro argentino, Rodolfo Walsh, cultivador del periodismo de investigación y conocido por sus libros de reportajes, es una de las víctimas más conocidas de la represión ejercida por la dictadura militar.

Los países europeos cuentan con importantes periodistas, muy conocidos a nivel nacional, aunque son pocos quienes han logrado superar sus respectivas fronteras, dándose a conocer internacionalmente. Sin duda, Italia es uno de los países donde sí se ha dado ese fenómeno, gracias al prestigio de profesionales de la información como Oriana Fallaci, Indro Montanelli y Furio Colombo.

El caso de Francia es menos espectacular, aunque el periodismo francés de este siglo presente colaboradores tan prestigiosos como Antoine de Saint-Exupéry y, ya en la actualidad, profesionales de mérito, menos conocidos, como Alain Gresh o Monique Chemillier-Gendreau. Lo mismo cabe decir del periodismo alemán, cuya última generación profesional cuenta con redactores como Martina Fietz, Dankwart Guratzsch, Michael Lüders y Reiner Gatermann.

Tampoco trascienden a nivel mundial informadores de otras latitudes. Por ejemplo, de Japón, uno de los países del mundo con mayor circulación de periódicos y enormes audiencias televisivas, cabe citar a Hiroshi Kume, cuyo polémico programa informativo en la televisión es seguido por millones de espectadores.

No ocurre lo mismo con el periodismo norteamericano, que alcanza repercusión internacional e impone corrientes profesionales en todo el mundo. En la primera mitad de siglo, se formula una mitificación del corresponsal estadounidense, convertido casi en un héroe romántico. Las figuras más destacadas en este sentido son John Reed, testigo de la revolución mejicana y luego de la bolchevique en Rusia; Jack London, el único corresponsal aceptado por el Alto Mando japonés en la guerra ruso-japonesa; y Ernest Hemingway, que vivió la Guerra Civil española, además de otras condiendas.

Durante la Segunda Guerra Mundial, otro corresponsal, Ed Murrow, retransmite en directo para la CBS la entrada de tropas aliadas en un campo de concentración nazi. Una vez en la postguerra, Walter Cronkite y Walter Lippman ya realizan un trabajo moderno, renovador.

Continúa el prestigio de los reporteros a través de Herbert Matthew, que consigue entrevistar a Fidel Castro en Sierra Maestra, en los prolegómenos de la revolución cubana. En los años sesenta Tom Wolfe se hace famoso gracias a sus originales crónicas y reportajes.

Más tarde, a mediados de los setenta, Bob Woodward y Carl Bernstein renuevan el periodismo de investigación con su extraordinaria serie de reportajes, que desencadenó el escándalo "Watergate" y costó la presidencia al presidente Nixon. Y a partir de los años ochenta, los periodistas televisivos toman el relevo, con formatos atractivos, sorprendentes y muy populares. Encabezan la lista de figuras de la televisión norteamericana Peter Jennings, de la ABC-TV; Dan Rather, de la CBS-TV; Tom Brokaw, de la NBC-TV; y el entrevistador Larry King, de la CNN. Como en etapas anteriores, los periodistas estadounidenses se cuentan entre los más influyentes, dentro y fuera de la profesión.

Esta es una versión expandida de varios estudios anteriores. En particular, incluye citas de varios artículos que escribí entre 1996 y 2001 para la Enciclopedia Universal Multimedia, de Micronet. Asimismo, contiene algunas reflexiones y referencias que publiqué en los libros Perspectivas de la comunicación audiovisual (2000) y La cultura de la imagen (2006).

Imagen superior: Dustin Hoffman y Robert Redford en Todos los hombres del presidente (All the President's Men, 1976) © Warner Bros. Pictures, Wildwood. Reservados todos los derechos.


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