
La evolución del tratamiento de la información va ligada estrechamente al desarrollo profesional de las redacciones de los periódicos. A partir de finales del siglo XIX se produce una paulatina especialización de los colaboradores de los periódicos, de forma que se van creando áreas específicas para su trabajo.
En un periódico, al margen de los profesionales de la publicidad, la circulación y la producción, se organizan los redactores, que son quienes dan forma a los contenidos de acuerdo con el criterio de los editores. Lo mismo cabe decir con relación a otros medios, como la agencia de prensa, la radio y la televisión. Cada sector temático está dirigido por uno o varios responsables que vigilan la calidad del producto informativo y el respeto a la línea editorial respaldada por la empresa.
Todo texto periodístico informativo se organiza, primero, en razón de la importancia que la dirección del medio le otorga. Esta importancia es coyuntural, ya que es la filosofía de la empresa la que condiciona el tipo de periodismo que se practica. De este modo, un gran diario internacional no hará públicas las mismas informaciones que un noticiero de una televisión local. No obstante, existe una trama general a la hora de organizar temáticamente las noticias. Esta estructura organizativa es, asimismo, la que promueve la especialización de los periodistas.
Atendiendo a la geografía de la noticia, puede establecerse una primera pauta ordenadora de las informaciones. El periodismo local, nacional e internacional se refiere, respectivamente, a los acontecimientos que atañen a los lectores de la ciudad o región, el país o el mundo. Esta primera división de temas es susceptible de nuevos apartados temáticos.
Cabe realizar periodismo local sobre temas deportivos, sucesos e incluso información taurina. Lo mismo puede hacerse con el periodismo internacional, ejercido por profesionales especializados en el reporterismo de guerra, la política internacional o, entre otras materias, la defensa estratégica. Esta subdivisión viene marcada por los departamentos respectivos de la empresa periodística, cuyos responsables se encargan de distribuir a su personal.
El periodismo político fue uno de los más importantes a partir del siglo XIX. Sus antecedentes son los libelos y otras publicaciones periódicas de marcada ideología, destinadas a difundir propaganda entre los lectores a favor de una determinada causa partidaria.
Con el paso del tiempo, la tendencia ha sido atenuar el compromiso del redactor, deslindando lo informativo de lo propagandístico. Este tipo de periodismo exige conocimientos históricos y políticos, ya que suele incluir una notable carga de análisis. Dentro del periodismo político, la especialidad más conocida es la información parlamentaria, que se ocupa de atender las novedades ocurridas en las cámaras de representación democrática.
En España, hay incluso escritores de prestigio, como José Martínez Ruiz "Azorín", que llevaron a cabo este oficio informativo en los diarios de su época. No obstante, también los países con regímenes políticos no representativos ofrecen información política, aunque en estos casos la tendencia suele ser claramente propagandística a favor de la autoridad dominante. Son los casos del diario ruso Pravda en la época del comunismo soviético y del periódico cubano Gramma, publicado con la supervisión del gobierno revolucionario de Fidel Castro.
Otro asunto que el periodismo ha tratado con el favor popular son las noticias de sucesos. Estas informaciones se refieren a los acontecimientos más dramáticos de la vida cotidiana: malos tratos, crímenes, desapariciones y abandonos familiares. El margen que separa este tipo de informaciones del sensacionalismo es muy estrecho, por lo que los profesionales han de tener claro el tono con que abordan estos hechos. El periodismo de sucesos es antiguo.
Son especialmente famosos los diarios ingleses Police News y Famous Crimes, que obtuvieron sus mayores cifras de venta hacia 1888, cuando uno de los asesinos más populares de todos los tiempos, "Jack el Destripador", acabó con la vida de cinco mujeres en las calles de Londres.
Siguiendo esa línea y ya en el siglo XX, cabe destacar una publicación española, El Caso, que resalta por su espectacular seguimiento de los asuntos delictivos. El progreso de la tecnología, particularmente en el medio televisivo, ha hecho del periodismo de sucesos uno de los más dinámicos. De este modo, las cámaras de vídeo portátiles y los modernos sistemas de transmisión permiten ejercicios periodísticos tan complicados como la grabación de misiones policíacas en tiempo real.
Frente a especialidades más restringidas y necesitadas de una formación previa y extensa –como el periodismo agrario, el gastronómico, el económico o el científico–, el periodismo de sociedad pasa por ser uno de los más exitosos y, a la vez, menos exigentes para el profesional, dejando a un lado sus dotes de comunicador.
Acusado con frecuencia de frivolizar la vida pública, el periodismo de sociedad es una derivación de la antigua crónica social, que ya tuvo amplio eco en publicaciones femeninas como Cosmopolitan (1886), y pronto encontró acomodo en los periódicos. La explicación sociológica de su creciente repercusión a partir de los años ochenta del siglo XX se relaciona con hechos tan diversos como el cansancio de los lectores, saturados de información política, o la necesidad de historias melodramáticas para satisfacer la imaginación colectiva.
Por desgracia, la prensa rosa ha derivado hacia el amarillismo, lo cual ha ido en detrimento del prestigio que en otro tiempo tuvo este género.
Dejando a un lado las posibles causas de su mejor acogida, este tipo de periodismo, conocido popularmente en España como prensa del corazón, se ha convertido en un fenómeno empresarial de primera magnitud. Las revistas especializadas en este tema tienen mayor tirada que muchos periódicos de información general. Se multiplica el número de programas televisivos y radiofónicos sobre la materia, e incluso los formatos más conservadores, como el noticiario televisivo, empieza a incluir noticias de sociedad entre sus contenidos.
El fenómeno de las "exclusivas" (la compra de reportajes exclusivos a determinados personajes) y la polémica sobre la intromisión de los reporteros en la vida privada de los famosos han sido dos factores muy negativos para la imagen pública de este tipo de periodismo.
El periodismo cultural se diversifica en varias especialidades, entre las que destacan la crítica de cine, la información literaria, la crónica teatral y la información artística. Es un periodismo que precisa la capacitación del profesional, que en numerosas ocasiones no es un periodista de carrera, sino un estudioso de estos temas que pasa a ejercer el periodismo.
Pese a que una tendencia en los años noventa es popularizar en exceso estos contenidos, confundiendo la divulgación con la desnaturalización populista del fenómeno artístico, el periodismo cultural más riguroso todavía tiene una importancia esencial en la prensa y los medios audiovisuales. Además, la cultura supone un mercado de gran importancia, y ello exige la atención de los informadores, que han de dar cuenta de las novedades al respecto.
Los periodistas dedicados a la información deportiva tienen uno de sus primeros antecedentes en los informadores que, a fines del siglo XIX, detallaban en los periódicos los resultados de las competiciones hípicas y las regatas. La prensa deportiva adquiere un definitivo desarrollo con el auge del béisbol en Estados Unidos y del fútbol en Europa y América Latina.
La llegada de la radio significa la posibilidad de retransmisiones en directo, que también se realizarán luego a través de la televisión. Los periódicos deportivos tienen una gran tirada en todo el mundo, dada la repercusión social de los deportes de masas. Ello convierte a este tipo de publicaciones en importantes proyectos empresariales. Canales de televisión por satélite como "Eurosport" amplían esta consideración al mundo audiovisual.
Aunque magnates de la prensa como William Randolph Hearst y Joseph Pulitzer plantearon en sus periódicos una denuncia sensacionalista de la corrupción política, no fue hasta principios de los años setenta cuando nació el auténtico periodismo de investigación. Uno de los periodistas más populares en este ámbito es el norteamericano Bob Woodward, descubridor del escándalo "Watergate" en 1974, que costó la presidencia a Richard Nixon. Woodward, autor de obras de gran difusión, como Todos los hombres del presidente y The final days, define a través de su trabajo las notas esenciales del buen periodismo de investigación: perspicacia, búsqueda de las fuentes, respaldo documental y capacidad deductiva.
En los años sesenta, el estadounidense Tom Wolfe planteó una renovada práctica de la crónica periodística en publicaciones como Rolling Stone. Esta corriente, llamada "Nuevo Periodismo", promovió un mayor compromiso del periodista en su relato, calidad literaria e interés humano.
Otra corriente renovadora, en este caso en la televisión, fueron los talk-shows, o espacios de entrevistas, donde todo el programa gira en torno al diálogo con los invitados.
Desde Internet, los weblogs han favorecido la personalización de los contenidos, la búsqueda de asuntos originales y un dinamismo que tiene que ver con ese contacto inmediato con el lector. El rigor y el contraste de las informaciones, necesario en esa ecuación periodística, es el elemento que no siempre hallamos en dicho formato.
Esta es una versión expandida de varios estudios anteriores. En particular, incluye citas de varios artículos que escribí entre 1996 y 2001 para la Enciclopedia Universal Multimedia, de Micronet. Asimismo, contiene algunas reflexiones y referencias que publiqué en los libros Perspectivas de la comunicación audiovisual (2000) y La cultura de la imagen (2006).
Imagen superior: Luna nueva (His Girl Friday, 1940) © Columbia Pictures Corporation. Reservados todos los derechos.
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