
La actividad periodística consiste, básicamente, en informar sobre hechos noticiosos, analizando sus pormenores y consecuencias, a través de los distintos medios de comunicación de masas: prensa escrita, radio, televisión y redes informáticas. No obstante, el periodismo, aparte de la divulgación pública de la noticia, tiene una relevancia añadida que deriva de su posición privilegiada ante la opinión de los ciudadanos. Las complejas y estrechas relaciones del periodismo con el poder político son una consecuencia de la influencia que la información tiene en las sociedades modernas.
La opción de hacer propaganda, siempre tentadora, subyace tras el afán de objetividad que todos los profesionales de la información acreditan.
En este sentido, la comunicación de la noticia precisa de la confianza del receptor, que ha de otorgar un cierto grado de credibilidad a esos comunicadores que, día a día, le informan de los acontecimientos de mayor relevancia, actuando muchas veces como un contrapoder que denuncia los excesos de los mandatarios políticos y económicos.
El modelo comunicativo esencial define el mensaje como el contenido que un emisor o fuente de comunicación transmite a un destinatario o receptor. El emisor quiere llevar un conjunto de significados al receptor, y cumple esa misión a través de medios que conducen la señal. A su vez, el receptor participa activamente, interpretando el mensaje según su criterio.
Este proceso es fundamental en la cultura humana. Los teóricos de la información, los lingüistas y los semiólogos han analizado este intercambio de informaciones, atendiendo a diversas perspectivas científicas del mismo.
La especificidad del mensaje periodístico tiene que ver, en primer lugar, con las particularidades de los medios de masas, que han extendido el discurso informativo con unas normas ajenas a la neutralidad.
Una noticia, por definición, ha de ser novedosa e interesante. A ello se une la posible exclusividad de su difusión y las posteriores interpretaciones o discusiones sobre su relevancia. Los grupos comunicativos, en el ámbito de la cultura masiva, tratarán de conducir su mensaje de un modo seductor, ganándose así la atención de los receptores.
La trasmisión de noticias se remonta a los albores de la civilización. Los correos, cada vez más perfeccionados, se encargaban de llevar las informaciones a puntos lejanos. Con la aparición de la imprenta, el hombre europeo pudo disfrutar de hojas de avisos que, reproducidas en gran número, difundían novedades comerciales y sociales.
Los nuevos hallazgos tecnológicos, como la telegrafía sin hilos y el teléfono, favorecieron aún más esa difusión de la noticia, que es la esencia del periodismo. Contar la novedad antes y mejor que los competidores se convirtió en el objetivo fundamental de los primeros periódicos modernos.
Más tarde, radio y televisión llevaron a sus últimas consecuencias este proceso, posibilitando la narración de los acontecimientos al tiempo que éstos se producen.
Esta capacidad de conocer sin dilaciones aquello que sucede en cualquier parte del mundo llevó al teórico Marshall McLuhan a formular su teoría de "la aldea global". A fines del siglo XX, ningún acontecimiento, por lejano que sea el lugar donde se produzca, es ajeno al periodismo y, por extensión, a la humanidad que recibe su mensaje.
Sin embargo, el mensaje periodístico no es simplemente una traducción de hechos reales. Aunque los medios de comunicación de todo el mundo suelen promocionar sus servicios informativos aludiendo a la objetividad de sus profesionales, un mensaje periodístico nunca puede ser objetivo, por cuanto está filtrado por la subjetividad del periodista, por la ideología de la empresa para la cual trabaja y por los condicionantes socioculturales del lugar donde ejerce su labor.
Todo mensaje periodístico es una construcción de la realidad. Los hechos suceden sin mediaciones, pero al ser contados, se suceden los filtros que cambian su naturaleza. Un periódico gubernamental de Pekín (China) nunca narrará un escándalo político acontecido en su país con el mismo criterio que lo haría un semanario sensacionalista británico. El solo hecho de ordenar los detalles de una forma determinada ya los desnaturaliza de forma interesada. Esta circunstancia, sin embargo, no relativiza la efectividad del mensaje en la opinión pública, puesto que en los medios existe una clara segmentación de audiencias.
El público se acerca a aquellos informadores con quienes se identifica por ideología, edad, circunstancias culturales o simple empatía. Un comprador de periódicos, un espectador televisivo o un oyente radiofónico no son, pues, sujetos pacientes del mensaje periodístico. Ellos tienen una labor activa en este proceso comunicativo, reinterpretando y completando aquello que se les cuenta a través del ejercicio periodístico. Por otro lado, confían en quien les comunica el mensaje, aceptando su credibilidad sin discusión.
Dadas estas circunstancias, la manipulación del mensaje periodístico es algo inevitable, puesto que en la naturaleza humana está el descodificar a partir de la experiencia personal los datos que se le ofrecen. Sin embargo, la diversidad y complejidad sólo será captada por aquellos receptores que reciban los mensajes a partir de fuentes diversas. La fidelidad constante a una sola fuente induce a la uniformidad del criterio, práctica manipuladora que suele ser ejercida por los medios de comunicación en los países totalitarios, donde los informativos no confrontan ni valoran la realidad desde diversas perspectivas.
El mensaje periodístico es necesariamente incompleto, puesto que es imposible narrar la totalidad de detalles que forman un acontecimiento dado. Esa omisión de ciertas perspectivas puede conducir a la información sesgada, ya que, por ejemplo, un informativo televisivo partidario del Gobierno de un país disminuirá la atención sobre aquellos matices más desfavorables para éste. No hará lo mismo, en este ejemplo, un diario antigubernamental a ultranza, que resaltará los detalles acusatorios, ofreciendo de este modo un nuevo mensaje que, finalmente, muestra una versión totalmente divergente de esa realidad.
Los medios de comunicación cuentan con diversos mecanismos sugestivos a la hora de divulgar el mensaje periodístico. Cabe llamar la atención con los titulares, con el tono de lectura, con imágenes de impacto, según el medio sea escrito o audiovisual. Esta riqueza de posibilidades en la presentación diversifica aún más el aspecto y la textura del mensaje. Esta transmisión de significados se convierte, por tanto, en una gama casi inacabable de posibilidades, coincidente con otras tantas perspectivas de la realidad.
Ciudadano Kane (Citizen Kane, 1941) © Warner Home Video. Reservados todos los derechos.
Esta es una versión expandida de varios estudios anteriores. En particular, incluye citas de varios artículos que escribí entre 1996 y 2001 para la Enciclopedia Universal Multimedia, de Micronet. Asimismo, contiene algunas reflexiones y referencias que publiqué en los libros Perspectivas de la comunicación audiovisual (2000) y La cultura de la imagen (2006).
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