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La seducción de la cultura de masas
Bowie y Warhol reúnen con perfección singular los datos antropológicos de ese fenómeno desbordante que llamanos éxito mediático. A imagen suya, Alaska quiso bien pronto ser un bote de Colón / y salir anunciada por la televisión. Claro que a la publicidad televisiva no se accede por puro afán, pero es posible –hoy más posible que entonces– atraer su interés: si ofrecemos escándalo, transgresión o alguno de sus síntomas, nos proveerá a cambio de un seguimiento plebiscitario.
Como los héroes del glam, la joven cantante muy pronto entendió que su colorista presencia, en contraste con unas maneras muy mesuradas, hacían de ella un fenómeno catódico con muchos argumentos a su favor. Síntesis de los prestigios masivos, esa gloria de Alaska fue el coronamiento de una carrera que, antes de llegar a la pequeña pantalla, avanzó en la prensa y en la radio, dos medios fundamentales para potenciar la fama de cuantos hallaron en Madrid la lógica de la modernidad.
Desde luego, aquella fiesta libertaria dispuso de boletines oficiosos y también oficiales. Entre las publicaciones que registraron las mudanzas de la movida destaca la revista musical Disco Express (1968–1980), donde escribieron Jesús Ordovás, los hermanos Auserón y Fernando Márquez.
Por las mismas fechas, este último publicaba un fanzine, MMMUA, cuyo ánimo desobediente lo emparentaba con otras publicaciones irregulares, como Lollipop, Ediciones Moulinsart, Editorial del Futuro Método, La Pluma Eléctrica y 96 lágrimas, distribuidas en los principales enclaves de la innovación madrileña, entre ellos la Galería Moriarty, cuya fundación se debe a Borja Casani, Lola y Marta Moriarty.
A partir de noviembre de 1983, los gerentes de la citada galería siguieron el esquema del Village Voice neoyorquino, y presentaron en sociedad una revista, La Luna de Madrid, que pasó a dirigir Casani en clave snob. Entre los colaboradores, figuraban varios de los contertulios que se reunían cada jueves en Moriarty: Pedro Almodóvar, Ouka Lele, Ceesepe, Alberto García Alix y El Hortelano.
Distinguiéndose en ese juego mundano, Ouka Lele, Alaska y Ceesepe ya habían aparecido en el primer número del fanzine Dezine, publicado en mayo de 1980. A su lado, otros creadores fueron mimetizándose con esa vanguardia popular que primero se denominó Nueva Ola y más tarde admitió el nombre de movida.
Observada en el tiempo, parece claro que la etapa de apoyo institucional coincidió con el Gobierno municipal de Tierno Galván, personaje clave en la difusión y patrocinio de aquella novedad madrileña. En última instancia, dos de las revistas que aparecieron durante ese periodo definen la progresiva estilización y decadencia de esta corriente, sobre todo en ámbitos como el articulismo, el cómic y la fotografía. Nos referimos a Madrid me mata, editada entre el verano de 1984 y mayo de 1986, y Madriz, que llegó a los lectores desde enero de 1984 hasta el invierno de 1987.
El altavoz más eficaz de la movida fue la radio. Desde 1977, la emisora Onda Dos apoyaba las nuevas tendencias musicales de la capital gracias a locutores como Rafael Abitbol, Jesús Ordovás, Gonzalo Garrido, Mario Armero y Juan de Pablos. A partir de 1979, Radio 3 (RNE) acogió a muchos profesionales de Onda Dos, los cuales siguieron promoviendo la oferta capitalina.
Programas como Esto no es Hawai, de Jesús Ordovás, Aeropuerto Internacional, de Diego Manrique, y Tiempos modernos, de Manuel Ferreras y Fernando Poblet, fueron perfilando una rejuvenecida identidad madrileña. Identidad que también bosquejaron Paco Pérez Bryan (El Búho Musical, Radiocadena Española) y Moncho Alpuente (Las calles de Babilonia, Antena 3 Radio).
Cuando algunos de ellos pasaron a trabajar en televisión, la movida era ya un fenómeno ampliamente divulgado. Así, los espacios televisivos de Carlos Tena, Ángel Casas, Moncho Alpuente y Diego Manrique contribuyeron a moldear definitivamente aquella confluencia de mundanidad y talento.
El martes 17 de mayo de 1983, el segundo canal de Televisión Española comenzó a emitir La Edad de Oro, un programa diseñado por Paloma Chamorro y producido por José Luis Gracia. A lo largo de hora y media, músicos, cineastas y pintores catalogables en la posmodernidad daban muestras de sus habilidades, asociando de ese modo a Madrid con las nuevas tendencias del arte.
Al difundir ese modelo para destacar lo que significaba la movida, Chamorro tuvo la posibilidad de descifrar un fenómeno que muchos ignoraban.
Por medio de su programa, dio minutos de fama a grupos como Radio Futura, Aviador DRO, Gabinete Caligari, Golpes Bajos y Kaka de Luxe; y asimismo produjo y emitió dos mediometrajes: Amor Apache, de Ceesepe y Alberto García Alix, y Trailer para amantes de lo prohibido, de Almodóvar.
No faltan en la obra de este último referencias a la pequeña pantalla. Puesto a involucrar cine y televisión en un mismo plano, el director suele incluir espacios televisivos en sus películas, si bien caricaturizados con fin humorístico.
El último ejemplo de esta costumbre figura en Hable con ella (2001), donde la actriz Loles León interpreta a la presentadora de un programa sensacionalista. Como sucede en otros films del mismo cineasta, los espectadores ven la secuencia enmarcada por la carcasa de un monitor.







































































