
Mika dice que su música puede ser definida con facilidad: "Los principios básicos son que sea alegre e inspiradora, y que no se rinda ante modas o convenciones". Ni que decir tiene que esto trae a colación un concepto antiguo y casi olvidado en el pop: la individualidad.
Su álbum de debut, Life In Cartoon Motion, era una llamada descarada al individualismo. Su nuevo disco, The Boy Who Knew Too Much, refleja cómo madura un sonido pop de una personalidad sin complejos.
Su voz de amplio registro, su virtuosismo al piano, sus contagiosos ritmos y sus explosivos finales, su manera de narrar historias llegando al meollo de la inseguridad humana y las producciones en technicolor están nuevamente presentes. "Mi mayor intención –dice– cuando me preparaba para afrontar el nuevo disco era no ser reactivo. Tenía que volver de nuevo al principio, antes de que la gente me hubiese dado sus opiniones sobre lo que hago de forma natural".
Hay una palabra que define esta segunda incursión en ese sueño pop caleidoscópico: la palabra es audacia.
Mika comenzó su carrera con un single definitorio: "Grace Kelly". Pasó a vender casi tres millones de copias en todo el mundo. Las ventas totales de todos los singles de Life In Cartoon Motion sobrepasan los seis millones. Del álbum se vendieron cinco millones de copias.
Mika fue nominado y galardonado con los premios más importantes de la industria: Brits Awards, Grammys, Ivor Novello, Capital Radio, Q magazine, The World Music Awards, BT y Vodaphone, Virgin Media y MTV Europa, Asia, Australia y Japón, entre otros.
Antes de fichar con Casablanca/Island, a Mika le rechazaron las grandes compañías discográficas, una tras otra –una historia bien documentada en la letra de "Grace Kelly"–. Su actual triunfo es la consecuencia de su visión de futuro y de su consistencia como artista. No en vano, Mika supo mantenerse firme en sus propias convicciones, en vez de satisfacer expectativas que resultaran gratificantes de inmediato.
Esa actitud permanece en el nuevo álbum. Desde la inmediatez coral de "We Are Golden" hasta la nostalgia de las producciones Disney de los cuarenta ("Toyboy"), pasando por una emocionante revisión del power-pop de los 80 ("Touches You"), hay una amplitud de miras digna de competir con los clásicos.
Desde el himno disco de "Rain" hasta las reflexiones melancólicas de un trauma personal en "Dr John", su música se sustenta en un sentimiento abierto de aceptación de lo que vivir en el siglo XXI significa.
Cuando los logros personales que le habían llevado a alcanzar la notoriedad con su álbum de debut comenzaron a desvanecerse, Mika empezó a buscar un apartamento en Los Ángeles para dar forma a las composiciones de su segundo trabajo.
Encontró un bonito lugar para salir de su sótano en Londres, para trabajar con su productor y cómplice Greg Wells.
Después su madre apareció. "Me dijo que no me acomodase", recuerda. Sabias palabras que un hijo no puede ignorar.
Así que se trasladó al hotel barato que puso de moda con su debut. Cuando llegamos a la fascinante segunda parte del cuento de Mika, él decidió olvidarse de todo lo que el brillo de los dos últimos años de gloria significaba. "Esto sigue siendo música íntima. Es sentarse al piano y decir lo que tengo que decir".
"El primer álbum trataba sobre la infancia. Tenía inocencia. En este hemos avanzado diez años hasta la adolescencia. La adolescencia es uno de los mejores momentos de tu vida. Cuando todas las experiencias vitales, el sexo, las drogas y las relaciones son todavía algo nuevo y virgen. Si tenía que plantear esas cosas a través de canciones, debía ser más personal".
Mika se ha separado del personaje narrador de Life In Cartoon Motion para realizar este segundo álbum. "Todavía creo en el misterio y no pienso que tenga que justificar nada sobre mi vida. Todo está en mis canciones, componer es una manera de ponerme al día conmigo mismo".
La realidad es que le aterraba escribir en primera persona. "La alegría tiene un riesgo implícito. Por eso resulta tan tentador y peligroso olvidar la primera vez que algo sucede. Tenía que afrontar el hecho de componer un tema sobre mí, y era algo que me espantaba. Si no quería colocarme en la posición de ser un cantante que revisara los 40, era algo que debía hacer."
Además de esta sensación también estaba el viejo principio de Mika de no tener miedo a la crítica. "Como compositor popular, la miopía es algo que no te permite salirte de ese esquema hacia el que supuestamente deben encauzarse los temas pop. De lo contrario, serás objeto de burlas. A mi modo de ver, una canción pop perfecta es como probarse la chaqueta que siempre has soñado tener".
Parte del atractivo de Mika reside en su intento de trazar una relación entre sus propias inseguridades personales o sus bloqueos y la elección de los personajes sobre los que canta. Habitualmente se revelan o luchan por defender su propia individualidad, algo que él mismo lleva haciendo desde niño. Una llamada a las armas para que la gente no camufle sus diferencias y las celebre a través de la música.
Mika regresa también esta vez con su genuina oscuridad, especialmente en la densa melodía de ‘Dr John’ y en el dilema que plantea en "Blame It On The Girls".
Había una recomendación personal del jefe de su sello para que no hubiese interferencias en su proceso creativo. "Me han protegido y me han dejado totalmente a mi aire".
Aunque al principio Mika tuvo dificultades a la hora de afrontar la soledad, la superó de la forma más inusual. "La disciplina fue la solución. Llegaba al estudio todos los días a las diez de la mañana, comía en el mismo sitio a diario y, a las siete, iba siempre al mismo pub, todas las tardes".
"Hay un compromiso de todas las personas con las que trabajo para que se sumerjan en mi mundo de forma exclusiva. No escuchamos otra música. Nos perdemos en ese mundo".
Durante el proceso de realización de este segundo disco, Mika ha experimentado un avance: "Me siento liberado. Estoy en el siguiente nivel. Necesitaba hacerlo y he completado un proceso que me va ayudar de cara al tercer y al cuarto disco. Finalmente, he aceptado que mis grabaciones personales ya no son sólo eso. Ahora soy un compositor".
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