En el año 1987, ante la necesidad de contar con personal especializado en la persecución de los delitos relacionados con el patrimonio histórico español, se creó un Grupo integrado en la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil dedicado con carácter exclusivo a la investigación y persecución de las infracciones en este ámbito. La actividad principal de esta Unidad es la investigación de aquellos delitos que afecten al Patrimonio Cultural y que por su complejidad no puedan ser realizadas por otras unidades o porque exceda su ámbito de actuación. En los últimos cinco años, el Grupo ha intervenido más de quinientos mil objetos arqueológicos y cerca de setecientas obras de arte.
El Grupo de Patrimonio Histórico de la Guardia Civil centraliza toda la información de otras unidades de la Guardia Civil referidas a los robos de obras de arte, expolios arqueológicos, contrabando de bienes culturales, daños a esta clase de bienes, falsificaciones y estafas con obras de arte, entre otros, así como de los detenidos e implicados en estos hechos y su modus operandi.
Entre otras instituciones y autoridades, se relaciona con el Ministerio de Cultura, las Comunidades Autónomas, los delegados diocesanos para el Patrimonio Eclesiástico y las asociaciones de anticuarios, así como con profesores universitarios y revistas especializadas.
Está coordinado con las unidades especializadas de las Policías de otros países, debido a la frecuencia son descubiertas en el extranjero obras robadas en España. De ahí que sea necesario un intercambio ágil de información que permita resolver las diferencias entre países, tanto las relativas a su legislación y como las procedimentales.
En este aspecto, son especialmente intensas las relaciones con la Policía Judiciaria Portuguesa, el Comando para la Tutela del Patrimonio Artístico de los Carabinieri Italianos y la Unidad Central del Tráfico Ilícito de Bienes Culturales de la Policía Nacional Francesa. Con todos ellos ha sido posible la culminación de importantes servicios.
Un integrante del Grupo de Patrimonio Histórico asiste a las reuniones del Consejo de Patrimonio Histórico, organismo en el que están representados los Directores Generales de Cultura de cada Comunidad Autónoma y el Director General de Bellas Artes y Bienes Culturales del Ministerio de Cultura.
La Guardia Civil y la defensa del patrimonio histórico
La Brigada de Patrimonio Histórico de la Policía Nacional, adscrita a la Comisaría General de Policía Judicial, desarrolla día a día un incansable esfuerzo por preservar y proteger nuestro rico patrimonio cultural. Merecen destacarse sus importantes actuaciones contra el robo de obras de arte, las falsificaciones o la lucha contra el tráfico ilícito de bienes culturales, que en la actualidad trasciende las fronteras nacionales y nos obliga a una estrecha colaboración internacional con las fuerzas policiales de otros países.
Por su parte, el Grupo de Patrimonio Histórico de la Guardia Civil cubre todo el territorio nacional, y por su despliegue disperso, constituye un instrumento especialmente idóneo para atender a la protección de un patrimonio igualmente disperso y, por consiguiente, sometido a graves riesgos de expoliación.
Los méritos de este Grupo especializado quedaron oficialmente reconocidos con la Medalla de Oro de Bellas Artes. La medalla fue concedida por el Consejo de Ministros del 9 de mayo de 2008, a propuesta del Ministro de Cultura, en reconocimiento a la labor desarrollada a favor de la protección del patrimonio histórico español. El acto de entrega tuvo lugar el 15 de octubre de 2008, en A Coruña, en un acto presidido por S.M. el Rey. La medalla fue recogida por el Capitán Jefe del Grupo, en representación de la Guardia Civil.
En los últimos cinco años, el Grupo de Patrimonio Histórico de la Guardia Civil ha detenido a ciento cincuenta personas y ha intervenido más de quinientos mil objetos arqueológicos y cerca de setecientas obras de arte diversas, como esculturas, pintura, relieves o retablos.
Además, ha hallado unos quinientos libros, incunables, documentos y manuscritos, entre los que destaca el Códice del Apocalipsis del Beato de Liébana del siglo IX.
Por otra parte, la Guardia Civil ha llevado a cabo en Aragón la “Operación Luna”, en la que fue recuperado el cráneo del Papa Benedicto XIII, más conocido como Papa Luna, que fue robado en el interior del Palacio de los condes de Argillo, en Saviñán (Zaragoza).
Igualmente, cabe destacar la operación “Cosmografía”, que permitió recuperar los mapas de Ptolomeo sustraídos de la Biblioteca Nacional.
Sobresale asimismo la operación que se practicó contra el supuesto expolio arqueológico subacuático cometido por la compañía Odyssey en las costas mediterráneas y el golfo de Cádiz.
La Operación Tertis
Entre las actuaciones de la Guardia Civil, destaca asimismo la denominada “Operación Tertis” (febrero de 2007) contra redes de expolio arqueológico a nivel mundial, en la que fueron detenidas 52 personas, treinta de ellos expoliadores, trece intermediarios en la venta de los objetos y nueve coleccionistas.
Los arrestados habían expoliado en 31 yacimientos de Badajoz, Sevilla, Cádiz, Málaga, Huelva y Jaén. Se desplazaban a diario a diversos yacimientos que previamente habían localizado y disponían de sofisticados detectores de metales, planos cartográficos, manuales de excavación y otros útiles.
Para conseguir mayor impunidad, procedían a su expolio aprovechando las horas nocturnas, en algunas ocasiones durante varios días consecutivos.
En algunas ocasiones actuaban en connivencia con los guardas de las fincas donde se encontraban los yacimientos. Éstos les permitían el paso y les avisaban al advertir vehículos desconocidos en los alrededores.
Igualmente, se ha podido comprobar que evitaban expoliar en el campo, debido a la mayor presencia de patrullas de la Guardia Civil que realizaban tareas de vigilancia cinegética.
Algunos de los objetos expoliados, de una importancia menor, quedaban en su poder y los de mayor importancia eran vendidos por elevadas sumas de dinero a intermediarios –en algunos casos, comerciantes de numismática– que a su vez, los vendían a coleccionistas de Madrid, Barcelona, Cádiz y Sevilla.
En esta última capital, concretamente en las callejuelas adyacentes y en el interior de los vehículos aparcados en los alrededores de la plaza del Cabildo, se realizaba la mayor parte de las transacciones de piezas numismáticas procedentes del expolio.
Los coleccionistas evitaban trasladar en sus propios vehículos los objetos arqueológicos que adquirían, por el riesgo que suponía para ellos una hipotética actuación policial.
En otras ocasiones, recibían el material arqueológico por medio de paquetería postal. Se intervino en Barcelona uno de estos paquetes, que contenía monedas de oro.
Según se ha averiguado, algunos de los detenidos no sólo expoliaban restos arqueológicos: también falsificaban objetos similares a los expoliados para posteriormente comercializarlos a incautos o profanos en la materia.
La red “exportaba” objetos a otros países. De hecho, uno de los cabecillas detenidos, un intermediario italiano, era el encargado de mantener los contactos con coleccionistas extranjeros.
Las investigaciones se iniciaron a raíz del análisis de la documentación intervenida en la operación “Bahía” –sobre la que hablaremos a continuación– realizada entre febrero y abril de 2006, cuando la Guardia Civil procedió a la detención de diez personas y desmanteló una organización dedicada al expolio de yacimientos arqueológicos subacuáticos en las costas de Cádiz. Entre los bienes arqueológicos procedentes de expolio, cabe citar veintisiete bolas de cañón del siglo XVII, tres anclas romanas de piedra del siglo II AC, un cuello de ánfora fenicia de 68 centímetros de diámetro, una bolsa con balas de metralla de las utilizadas en la batalla de Trafalgar y un trozo de madera antigua.
El dispositivo desplegado, en el que participaron más de doscientos agentes, puso al descubierto las distintas redes que colaboraban entre sí y a la inmensa mayoría de sus componentes, algunos de los cuales fueron sorprendidos cuando intentaban retirar precipitadamente los objetos expoliados de sus domicilios.
La Guardia Civil interceptó en Ayamonte (Huelva) una partida de restos arqueológicos que tenían previsto sacar a través del aeropuerto portugués de Faro con destino Bélgica.
Debido al volumen y fragilidad de los materiales, una gran parte de estos tuvo que quedar depositado en los lugares donde se hallaban, pendiente de un posterior traslado.
La operación fue llevada a cabo por efectivos de la Guardia Civil especialistas en la investigación de delitos contra el Patrimonio Histórico, con el apoyo de las Unidades territoriales.
La dirección de las investigaciones fue realizada por el Juzgado de Instrucción nº 2 de Marchena (Sevilla) y por el Fiscal Coordinador de Medio Ambiente y Patrimonio Histórico del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía.
Durante el desarrollo de la investigación se ha contó con el asesoramiento y apoyo de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, que por medio de sus arqueólogos, realizó los informes técnicos de las zonas expoliadas.
Cazatesoros en el mar
El 5 de mayo de 2006, en el transcurso de la “Operación Bahía II”, fueron detenidas siete personas que formaban parte de una red dedicada al expolio submarino.
Durante la operación se requisó numeroso material en las provincias de Sevilla, Madrid, Cádiz, Murcia y Ciudad Real. Por ejemplo, sofisticados dispositivos para localizar restos arqueológicos y asentamientos funerarios.
Entre los detenidos figuraban un historiador, un submarinista profesional y algunos de los contactos con las redes de expoliadores americanos implicadas en la primera fase de la operación. Estas personas eran las encargadas de abrir las distintas líneas de búsqueda de pecios en las costas españolas, así como de conseguir los permisos oficiales para encubrir los saqueos.
Para ello, la organización se apoyaba en empresas legales constituidas en terceros países, para solicitar los permisos oficiales de manera legal. En algunas ocasiones, eran solicitudes para la búsqueda de sedimentos marinos, aunque en realidad lo que estaban haciendo eran “catas” de búsqueda para futuros saqueos marinos.
Esta segunda fase del operativo era continuación de la actuación desarrollada por la Guardia Civil en Cádiz (“Operación Bahía”, realizada entre febrero y abril de 2005), durante la cual se requisaron dos barcos y distintas piezas de arqueología extraídas del fondo marino, así como abundante instrumental para realizar las inmersiones submarinas.
A raíz de esta primera actuación, la Guardia Civil abrió una segunda línea de investigación para poder localizar a los ciudadanos españoles que estaban detrás de este entramado de expolios arqueológicos submarinos.
Las investigaciones sirvieron para determinar que un grupo de ciudadanos españoles, americanos e italianos, podrían ser los cabecillas de esta organización.
En esta segunda fase de la operación, la Guardia Civil practicó cuatro registros en Madrid, uno en Sevilla, dos en Algeciras (Cádiz) y otros dos en Murcia, donde se dio con los cerebros de esta trama y con el historiador que aportaba la información sobre la ubicación de los pecios en las costas andaluzas y otros puntos del mundo.
Parte de esta información provenía de estudios históricos obtenidos en el Archivo de Indias de Sevilla, en la Biblioteca Nacional y en otros estamentos públicos.
Entre el material requisado, destacó la localización de un sofisticado dispositivo capaz de encontrar distintas materias de origen arqueológico, a través del barrido de frecuencias. Este equipo portátil se lleva en una mochila y discrimina la búsqueda en función de los parámetros aplicados por el cazatesoros.
La señal emitida puede localizar restos de calcio, como en el caso de los enterramientos, oro, bronce, plata, hierro y otros elementos propios de los yacimientos.
Por otra parte, se encontró un equipo con capacidad para situar huecos debajo de tierra, de mucho interés en el caso de búsquedas específicas de tumbas y asentamientos funerarios, dado que permite extraer ajuares funerarios de gran valor.
Con esta tecnología, los cazatesoros eligen la zona según la acotación histórica del entorno. Luego, se proveen de planos del lugar, que contrastan con información extraída de Internet y archivos de renombre. A continuación, realizan un trabajo de campo in situ. Fijan su punto de interés en el plano con el uso de un equipo GPS y archivan los datos para posibles expoliaciones.
La Operación Dionisio
Este operativo se dio a conocer el 30 de agosto de 2007. Durante la “Operación Dionisio” fue desmantelado un grupo dedicado al contrabando internacional de importantes piezas arqueológicas. Cuatro personas fueron detenidas, tres de las cuales regentaban algunos de los más prestigiosos comercios de arqueología de España.
Tres de los detenidos eran de una misma familia y propietarios de algunos de los más prestigiosos comercios de arqueología de España. El cuarto implicado era un comerciante de antigüedades húngaro, residente en Londres, detenido en el aeropuerto de Munich.
Las investigaciones se iniciaron en febrero de 2007, a raíz del análisis de la documentación intervenida en la operación Tertis. Tras un detallado análisis de esos datos, se pudo averiguar que los tres detenidos en Sevilla adquirían importantes objetos arqueológicos, algunos de ellos presumiblemente procedentes de expolio.
En algunas ocasiones, requerían la colaboración de la persona detenida en Munich, que les confeccionaba facturas falsas para simular que las piezas habían sido adquiridas en el extranjero.
Una vez que los comerciantes españoles tenían en su poder las correspondientes facturas, éstos podían solicitar los permisos de importación correspondientes dándole una apariencia de legalidad a las piezas de procedencia ilícita y facilitando así su colocación en el mercado nacional e internacional.
La Guardia Civil detectó que los detenidos, a través del aeropuerto de Sevilla pretendían exportar ilícitamente y sin declarar, dos esculturas correspondientes a una Venus y una cabeza de diosa, con destino a dos compradores mejicanos que días antes se las habían adquirido en España por 100.000 euros.
Se da la circunstancia que los detenidos habían pretendido vender al Museo Arqueológico Nacional, por un millón de euros, dos importantes esculturas en mármol a tamaño real: las representaciones de un atleta desnudo y del dios Dioniso.
La estrecha colaboración entre el Museo Arqueológico Nacional y el Grupo de Patrimonio Histórico de la Guardia Civil permitió frustrar la operación de compra-venta de estas dos esculturas.
El caso del retablo saqueado
El 2 de marzo de 2009 la Guardia Civil anunció la recuperación de importantes obras de arte del siglo XVI, declaradas bienes de interés cultural. En el transcurso de la “Operación Galeno”, se recuperaron importantes obras de arte (tallas, columnas, relieves, etc.) catalogadas como bienes de interés cultural, que habían sido sustraídas de la capilla del Hospital Simón Ruiz, de Medina del Campo (Valladolid), durante diversos robos cometidos en los últimos años por el método del butrón.
Las investigaciones fueron iniciadas por el Grupo de Patrimonio Histórico de la Guardia Civil durante una inspección llevada a cabo en la última Feria Internacional de Arte y Antigüedades (Feriarte), celebrada en Madrid, en la que anticuarios nacionales e internacionales exponen y venden sus obras.
Los agentes observaron que en dos stands se exponían varias obras de arte sacro, cuya procedencia no se pudo acreditar tras fotografiarlas para su cotejo con las bases de datos de obras de arte sustraídas de las que dispone la Guardia Civil.
Un estudio más minucioso determinó que algunas de las obras expuestas procedían de varios robos cometidos durante los últimos años en la capilla del Hospital Simón Ruiz, cuyas dependencias se encuentran inhabilitadas desde hace varias décadas.
Posteriormente, se realizó un seguimiento de las obras, que fueron localizadas en manos de anticuarios de Zamora y Segovia, que las habían adquirido de buena fe, sin conocer su ilícita procedencia.
Al encontrarse el Hospital Simón Ruiz inhabilitado y en estado de abandono, los autores materiales accedían a la capilla practicando butrones en las habitaciones contiguas, que en su día fueron utilizadas por los enfermos.
Los butrones coincidían con la parte del retablo donde se encontraban las esculturas, relieves y columnas de más valor.
El edificio, gestionado en la actualidad por la Fundación Simón Ruiz, fue construido en los últimos años del siglo XVI. El retablo mayor de la iglesia era el lugar donde se exponían excepcionales obras artísticas de los mejores escultores de la época. El hospital fue declarado bien de interés cultural en el año 1991.
Entre las piezas intervenidas, destacan dieciséis columnas de los siglos XVI y XVII, cuatro relieves del siglo XVI del autor Pedro de la Cuadra, que representan alegorías a la Justicia, La Fortaleza, San Gregorio y San Jerónimo y San Agustín y San Ambrosio, dos tallas del siglo XVI que representan a San Juan y San Pablo, seis ménsulas, diversos trozos de retablo en buen estado de conservación, cabezas de ángeles y molduras.
Más información sobre este Grupo y sus actividades, puede encontrarse en la siguiente página web:
www.guardiacivil.org/patrimonio/default.jsp
Si desean aportar alguna información acerca de datos sobre obras de arte robadas, los ciudadanos pueden ponerlo en conocimiento del Grupo de Patrimonio Histórico de la Guardia Civil.
Correo electrónico: Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
Teléfonos: +34915146763
Fax: +34915146402
En caso de haber sido víctima de algún robo, independientemente de formular la correspondiente denuncia en el Cuartel de la Guardia Civil o Comisaría de Policía, se aconseja remitir las fotografías de los objetos sustraídos al Grupo de Patrimonio Histórico de la Guardia Civil para su inclusión en la base de datos.
Copyright del texto e imágenes © Gabinete de Prensa de la Guardia Civil. Reservados todos los derechos. Este artículo se ha elaborado a partir de notas de prensa difundidas por el mencionado gabinete.
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