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| Fantin-Latour 1836-1904 |
| Una novedosa exposición |
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Estudios y lecturas
Estos retratos íntimos, que transmiten misterio y complicidad, se convierten en verdaderas escenas de género herederas de la austera tradición holandesa del Seiscientos. Son obras formalmente realistas, casi fotográficas, pero detrás de su aparente orden, esconden un inesperado desorden representado en la actitud de sus protagonistas, absortos y ensimismados, que parecen ocultar un misterio.
Son, de alguna forma, sugestiones de sentimientos.
Las reuniones de amigos
Henri Fantin-Latour fue autor de algunos de los más notables retratos colectivos de la historia de la pintura, retomando, a finales del siglo XIX, una lección de Rembrandt y de Frans Hals.
Buena muestra de ello es el gran lienzo Un rincón de mesa, cedido por el Musée d’Orsay de Paris y una de las cuatro grandes composiciones realizadas por el pintor como celebración de la pintura, la literatura y la música, y que son verdaderos manifiestos artísticos.
La música del futuro
Henri Fantin-Latour amaba la música casi tanto como la pintura. Lejos de suponer una competencia castradora, esta pasión enriqueció constantemente sus fuentes de inspiración pictórica, estableciendo una íntima relación entre ambas artes, imbuida aún de sentimientos románticos pero que ya anunciaba sus convicciones simbólicas.
Estas “adaptaciones” musicales en pintura constituían el único tema pictórico susceptible de hacerle abandonar temporalmente los temas realistas para dedicarse a la creación de universos imaginarios, poéticos y totalmente originales. Schumann, Brahms, Berlioz y, sobre todo, Richard Wagner alimentaron esa inspiración.
Austeros y elegantes retratos de amigos
Si durante las dos primeras décadas de su carrera Fantin-Latour estudió su propia imagen y la de sus allegados, los retratos de las décadas siguientes muestran una nueva perspectiva más distante y de mayor maestría.
En esta nueva etapa se encuentran los lienzos que reflejan a personajes de su círculo de amigos, entre los que se hallan los más conseguidos, aquellos en los que mejor sobresale su incomparable calidad de figuración realista.
El Retrato de Mr. y Mrs. Edwards (1875), gran difusor de su obra en Inglaterra, fue el primero en recibir públicos elogios durante su presentación y, junto a otros retratos de la década de 1880, como el de su cuñada Charlotte Dubourg y su amigo Léon Maître, se cuenta entre sus obras maestras.
Simbolismos
La obra de Fantin-Latour, inicialmente deudora del romanticismo, más tarde asociada al realismo y a los “pintores de la vida moderna”, conoce, a partir de 1880, una aproximación a los primeros defensores del simbolismo.
Al regresar a los “temas de imaginación” al final de su carrera, el pintor retomó su objetivo de contribuir a la “pintura del futuro”, reivindicando, también él, a través de obras motivadas por temas religiosos, mitológicos y alegorías puras, la primacía del sueño en el arte.
Últimos ramos
Las últimas representaciones de flores de Fantin-Latour, producidas a partir de 1876 en la casa de su mujer Victoria, en Buré, en la región francesa de Orne, se caracterizan por un distanciamiento de los modelos más elaborados de su juventud, influenciados por la pintura holandesa del siglo XVII.
En estos últimos ramos, que representan en su mayoría variedades tradicionales de rosas, resulta evidente su preocupación por la simplicidad de la composición y el recogimiento, algo que también refleja su propio temperamento contemplativo.







































































