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El grabado calcográfico ha dado lugar a técnicas muy precisas y ampliamente estudiadas: la xilografía, la calcografía, el monotipo, la litografía y la serigrafía. Pero, ¿qué es un grabado?
¿Qué es una estampa? ¿Cuál es su historia y a qué se debe su importancia artística? El contenido de las siguientes líneas resultará de utilidad a quienes deseen aproximarse a uno de los procesos más atractivos y relevantes dentro de las artes plásticas.
A lo largo de la Historia del Arte, la idea de reproducir imágenes para su disfrute y uso colectivo ha sido un deseo permanente. Gracias a las nuevas técnicas, la singularidad de la obra artística fue dando paso a la duplicación y, con el tiempo, a la facturación múltiple. Con ello, el arte dejaba de situarse en ambientes exclusivos y burgueses para acercarse a la sociedad en su conjunto.
La accesibilidad propició el consumo. No cabe la menor duda que, para que se produjera este tránsito, hubo de pasar mucho tiempo. Nuestra historia comienza en el fin de la Edad Media. Es en ese momento cuando se desarrolla uno de los vehículos de comunicación más importantes de la Humanidad: la impresión de imágenes.
La estampa o grabado supuso una notable revolución icónica, sobre todo porque divulgó el arte pictórico mediante reproducciones, accesibles para la clase selecta y también para todo aquel que quisiera disponer de un “recuerdo” de su paso por una ciudad o de un artista famoso.
Pero no adelantemos acontecimientos. Antes conviene clarificar algún que otro detalle. Rosa Vives, gran estudiosa de la historia y la teoría del grabado, ha dedicado varias monografías a la divulgación de esta técnica. A ella recurrimos para establecer una primera distinción entre estampa y grabado.
“Son dos términos –dice– que todavía hoy, muy a menudo, se confunden o se les da un sentido equivocado, ya por extensión de la palabra, ya por desconocimiento o por aplicación incorrecta. (…) Hay que matizar primeramente que, con la palabra grabado, sólo se designa una parte del proceso para obtener una estampa. Grabar es dibujar sobre una madera dura con incisiones, mediante una punta, buril, cincel, etc. Se graba sobre una plancha de metal o de madera, que se transformará en la matriz para una reproducción múltiple, sobre el papel, de la imagen incidida. Así se entiende que un grabado es la matriz, el taco de madera, la plancha de metal o todo material incidido o tallado, susceptible de recibir tinta y que permite transmitir la imagen al papel, a través del proceso de estampación o impresión, tantas veces como sea necesario”Del cobre al papel. La imagen multiplicada. El conocimiento de las estampas, Icaria Editorial, Barcelona, 2000, p. 19). (Vives, Rosa.
En un sentido anecdótico, sorprende que el desarrollo de la estampa como una nueva técnica comunicativa propiciara en los siglos XVIII y XIX la aparición de la piratería. Así, proliferaron las copias de grabados famosos: un detalle que, salvando las distancias, podemos vincular a otras falsificaciones e imitaciones mucho más modernas. Sin ir más lejos, el desarrollo de la electrónica de consumo –cine, video, videojuegos, programas multimedia, CD’s, etc.– también ha elevado mucho el grado de piratería en los productos que se ponen a la venta.
Hacia las primeras estampas
Lo he repetido varias veces: el grabado es un elemento clave el desarrollo de la historia de la imagen. Uno de sus principales conocedores, Francisco Esteve Botey, también insistió mucho en esa idea. “A consecuencia del grabado de signos en piedras, masas arcillosas, láminas metálicas, cortezas de árboles y tabletas enceradas, surgió el libro manuscrito, en rollo, disposición hasta que el ateniense Philatus se le ocurrió darle el aspecto actual. Y a las hojas vegetales, a los pergaminos y vitelas obtenidas de la piel de ternera y empleados como materiales de escritura, sucedió la fabricación del papel, que debe su nombre al papiro, bien entendido que la utilización del papel propiamente dicho tuvo tal importancia ya en el reinado de Tolomeo V (205-181 a. de C). (…)
Como los pergaminos manuscritos eran de gran belleza y duración, el papel que había de reemplazarlos tenía que ser de buena calidad y de gran consistencia; por lo cual se fabricaba en gruesas hojas por transformación de los mejores trapos de cáñamo y de lino, encoladas con la más excelente materia para dar un producto de bondad, apreciada hasta hoy por la excelente conservación de los incunables (libros impresos desde la aparición de la imprenta hasta el 1.500).
Los antiguos libros manuscritos eran verdaderos alardes de lujo y refinamiento, que los próceres y la Iglesia cultivaban en su total decoración. (…)
Los monjes fueron los primeros obreros que dedicaron su habilidad a la fabricación de los materiales necesarios para el libro. (…)
En los antiguos monasterios, los monjes hacían los manuscritos originales y las copias de éstos y de los de más transcurrida existencia, disponiendo al efecto de instrucciones y de reglas ortográficas que facilitaban la lectura paleográfica y su trascripción, en la que los religiosos españoles de la Edad Media gozaron de justa celebridad. Los legos no intervinieron hasta el siglo XIII, constituyendo la falange de pergamineros, escribas, amanuenses o copistas, rubricadores, iluminadores y encuadernadores que hacía el manuscrito antes del comienzo de la Imprenta, sometida a los dominios de la tabla xilográfica estampada a una cara que vino dando los incunables por manuscritos hasta el año 1475, y a la que precedió el uso de las grandes iniciales en madera, estampadas y después iluminadas y adornadas, practicado en Europa en el siglo XII, según ha podido advertirse en manuscritos de la época.
Ese procedimiento tabelario, imaginado tal vez por algún iluminador ambulante de pergaminos, para adelantar en la labor que le fuera particularmente encomendada por las comunidades religiosas, resulta estar interpuesto entre el libro escrito y miniado y el que tres siglos más tarde había de dar la Imprenta por medio de la composición de los caracteres aislados y de la ilustración xilográfica” (Esteve Botey, Francisco: Historia del grabado. Barcelona. Editorial Labor. 1935, págs. 39-41. [la primera edición es de 1914]).
Desde el momento en que la imprenta de tipos móviles de Johannes Gutenberg fue un hecho (1454), se puede decir que la estampa adquirió ese protagonismo. “Aunque el número de estampas artísticas que se han realizado es muy grande, aún mucho mayor es el número de las mismas, hechas para transmitir información visual. Por ello la historia de las estampas no es, como mucha gente parece pensar, la de una forma de arte menor, sino la de un poderosísimo método de comunicación entre los hombres y la de sus efectos sobre el pensamiento y la civilización de la Europa occidental” (Ivins jr., W.M.: Imagen impresa y conocimiento. Análisis de la imagen prefotográfica. Barcelona. Gustavo Gili. 1975, pág. 215).
La estampa ha sido utilizada para ilustrar todo tipo de libros (Esteve Botey, F.: El grabado en la ilustración del libro, las gráficas artísticas y las fotomecánicas. Madrid. C.S.I.C.. 1948. 2 vols.). También ha demostrado su idoneidad en juegos de azar –naipes–, en soportes publicitarios –propaganda– y en carteles de todo tipo.







































































