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"Luces de Bohemia", de Valle-Inclán, en el Teatro María Guerrero

luces-de-bohemia

Del 20 de enero al 25 de marzo de 2012, el Centro Dramático Nacional presenta en el Teatro María Guerrero, de Madrid, esta obra de Valle-Inclán, dirigida por Lluís Homar. Luces de Bohemia se publicó en 1920 y fue revisada y reeditada en 1924. Transcurrieron casi cincuenta años hasta su estreno: en febrero de 1968 la presentó el grupo no profesional Palestra de Sabadell. En 1970 tuvo lugar el estreno de la celebrada puesta en escena de José Tamayo.

"El esperpento –escribe Alonso Zamora Vicente– tiene mucho de amargo y cruel (aunque nunca le falten luminosos puntos de ternura). Pero la visión esperpéntica casi no deforma nada, sino que deja al desnudo, en toda su miseria, la realidad misma (o cierta zona suya). La bohemia literaria (la «golfemia», como decían los castizos), la del aguardiente, los sueños sin salida y la vergonzante pobreza, fue tal como se pinta. Y verdaderas parece que fueron las sustancias elementales, a menudo grotescas, de que estaba constituida aquella indeseada España. Hacerla mejor, regenerarla, es lo que quisiera Valle-Inclán. Y esa es la lección que nos deja el esperpento".

Asedio a Luces de Bohemia

Luces-de-bohemia2«... el esperpento –continúa Zamora Vicente–. Palabra traída de una zona del habla cotidiana, familiar, que, de pronto, pasa a designar una actitud artística, una ladera de accidentados escarpes, y asciende a esa vaga comarca de los conceptos abstractos: esperpento, una nueva maquinaria en la aventura artística.

Es Luces de Bohemia la primera producción llamada de esa manera. Apareció en la revista España, en entregas semanales, entre el 31 de julio y el 23 de octubre de 1920. En libro (con notorias e importantísimas variantes) salió en 1924. Para el lector acostumbrado a Valle Inclán, el nuevo libro suponía una clara profundización en algunos rasgos exagerados y, a primera vista, caricaturescos, que ya se habían hecho presentes en algunas obras anteriores (La pipa de kif, 1919; Farsa de la enamorada del Rey, de 1920; Farsa de la Reina Castiza, también publicada en entregas en La Pluma, agosto y octubre, 1920).

Ante los ojos del lector, quizá nostálgico del Valle comedido y refinado de las Sonatas, se aguzaban las muecas desorbitadas de los nuevos personajes, moviéndose en violentos esguinces, resolviéndose muchas veces en muñequería triste y gesticulante.

Ante la curiosidad en carne viva, se ofrecía la palabreja nueva, desazonadora: esperpento.

En Luces de bohemia, los personajes hablan tumultuosamente, todos a la vez, en ocasiones chillando, gesticulando. Es la «deformación» correspondiente a la pausada entonación recitativa de las Sonatas, convertida en interjecciones, sobreentendidos, blasfemias, balbuceos, alaridos. Y, correlativamente, colocamos al lado de este idioma torrencial el aspaviento oportuno. Inevitablemente se nos viene a la memoria el cine primerizo, hecho a base de gesticulación exagerada y veloz.

Habrá que contar ya para siempre con el cine, de una u otra forma. Las películas rancias, caídas, carreras, sustos, muertes grotescas, guiños apresurados y torpones, tolvaneras de inesperada emoción, etcétera, logran tangible corporeidad en las páginas del esperpento. El entierro triste, la huelga callejera, los vidrios rotos, la gritería, los contrastes de luz y de sombra, de amargura y de burla, recuerdan al cine del tiempo.

He aquí el ángulo de modernidad más sangrante del esperpento. Todo el arte del siglo XIX hablaba de elementos mucho más tranquilizadores que el nuestro: se hablaba, con aplomo, de progreso, de fluidez, de evolución. Artísticamente, el matiz era decisivo. Pero el siglo XX nos ha enseñado un mundo en el que no tienen cabida tan seguras actitudes, sino que resulta el dominio total del absurdo, una complicada máquina en la que nexos y concatenaciones son imprevisibles, azarosos, ilógicos: Vivimos en el imperio de lo discontinuo, lo revolucionario. (...)

Vemos ahora en el esperpento primerizo el alarido de una libertad recién conquistada. Ramón del Valle Inclán ha saltado la verja que ceñía su arte, verja de peligrosas lanzas, con interiores de biblioteca y de horizontes de ensueño, y descubre, ya en la calle, la luz de los atardeceres en la esquina con taberna, con solares sucios, con gentes desgreñadas esperando el milagro de cada amanecida. Es la vida desciñéndose caudalosa, redondo azar inesquivable.

(...) palabras verdaderas, unas pocas, sí, pero humildes y dolidas como la indecible pesadumbre que acarrean, nos parece hoy Luces de bohemia. Toda esa porfiada protesta se nos desnuda hoy, ascendida a la cumbre de una corriente literaria y como manifestación suprema de un espacio humano que, por los cambios naturales de la sensibilidad o de las metas literarias, estaba a punto de hacerse ininteligible. Como ocurre en el arte de Quevedo, las alusiones, los juegos de palabras, en muchas ocasiones, estaban abocados a convertirse en oscuros malabarismos, avaramente plagados de secretos. Entretejida con ellos, yacía la realidad de una vida difícil, empobrecida y soñadora, que, en el cruce de los siglos XIX y XX, arrastró su desencanto y sus ratos de entusiasmo por los cafés, las callejas y las comisarías madrileñas.

Ramón del Valle Inclán nos lo cuenta con el escalofrío de lo irreparable, con la brutal simplicidad con que desearíamos dejar para siempre los recuerdos ingratos. No hablemos más de «deformación». En todo caso, de lección avisadora. Asistimos a la génesis de un penoso «episodio nacional» fascinante vestidura de un parsimonioso desfile de sombras, cuerpo de humo fugitivo y transitorio, detrás del que una mirada

disculpadora vislumbra el mejor y más puro invento del hombre: la esperanza. Esperanza, donde apoyará su cara, en qué muro enhiesto, impracticable, rebotará su risa. Pero tengámosla. Que la noche de Max Estrella no sea más que un viento último, volandera ceniza, pero esperanza, sí, esperanza por un mundo más cordial y desprendido, donde haya siempre tendida una mano al infortunio.»

(«Asedio a Luces de Bohemia, primer esperpento de Ramón del Valle Inclán». Discurso leído el 28 de mayo de 1967 ante la Real Academia Española de la Lengua.)

Ramón María del Valle-Inclán

Nacido en Villanueva de Arosa en 1866, Valle-Inclán está considerado el mayor renovador del teatro español del siglo XX. Dramaturgo, cuentista y poeta, provocativo y extravagante, su estilo literario evolucionó desde un exuberante modernismo y un maduro expresionismo hasta la creación del esperpento.

En 1906, tras el estreno de El marqués de Bradomín, Valle inicia una fecunda etapa de producción teatral y novelística, definida por las farsas sentimentales y grotescas, con frecuentes inspiraciones en la mitología gallega.

Valle-Inclán renovó así el género teatral español del primer tercio de siglo, anticipándose a las venideras tendencias de la paradoja y el absurdo.

Viaja a Argentina y otros países latinoamericanos en 1910 con la compañía de teatro de García Ortega, en la que figuraba Josefina Blanco, y pronuncia algunas conferencias sobre la literatura española.

De regreso a España, sigue estrenando obras de teatro: Voces de gesta, en 1912, y La marquesa Rosalinda, en 1913.

En 1920 publicó cuatro de sus obras más importantes, Farsa italiana de la enamorada del rey, Farsa y licencia de la reina castiza, Divinas palabras y Luces de

Bohemia, con las que sienta las bases del esperpento mediante una técnica de deformación de la realidad y entremezclando lo trágico y lo cómico hasta llegar a lo grotesco.

En 1925 se establece de nuevo en Madrid. Participa en grupos de teatro experimental, como El Mirlo Blanco, que llevaba a cabo sus representaciones en el domicilio de los Baroja, en el barrio madrileño de Argüelles, y El Cántaro Roto, en el Círculo de Bellas Artes.

A finales de 1926 edita la que algunos consideran su obra maestra narrativa, la novela Tirano Banderas, en la que narra la caída del imaginario dictador Santos Banderas, personaje despótico y cruel que se mantiene en el poder mediante el terror y la opresión. En 1927 inicia la publicación de un ambicioso proyecto narrativo, El ruedo ibérico, que pretende narrar la historia de España desde el reinado de Isabel II hasta la época contemporánea al autor.

Únicamente llegó a escribir tres novelas de este proyecto: La corte de los milagros (1927), Viva mi dueño (1928) y Baza de espadas (1932).

Desde 1924 muestra su oposición a la dictadura de Primo de Rivera. En 1927 participa en la creación de la Alianza Republicana. En 1929 es encerrado en la cárcel Modelo de Madrid, por negarse a pagar una multa impuesto con motivo de unos incidentes ocurridos en el Palacio de la Música.

Apoya a la República, e incluso se presenta a diputado por La Coruña en las listas del Partido Radical de Alejandro Lerroux, aunque no sale elegido. En 1932, el gobierno de la República le nombra conservador del Patrimonio Artístico Nacional y director del Museo de Aranjuez, pero, por desavenencias con su superior, dimite al poco tiempo. Elegido presidente del Ateneo, dimite también al no atenderse sus propuestas de reorganización.

El 8 de marzo de 1933 es nombrado director de la Escuela de Bellas Artes de Roma. Se mantendrá en el cargo poco más de un año, hasta junio de 1934.

En marzo de 1935 se retiró a Santiago de Compostela, donde murió el 5 de enero de 1936, víspera de Reyes, a las 2 de la tarde, tras negarse a recibir auxilio religioso.

Fue sepultado al día siguiente, en una ceremonia civil.

Luces de Bohemia se publicó en 1920 y fue revisada y reeditada en 1924. Transcurrieron casi cincuenta años hasta su estreno: en febrero de 1968 la presentó el grupo no profesional Palestra de Sabadell. En 1970 tuvo lugar el estreno de la celebrada puesta en escena de José Tamayo.

Ficha de la representación

Fecha: Desde el 20/01/2012 hasta el 25/03/2012

Ciclo: Temporada 2011-2012 del Centro Dramático Nacional

Horario: Martes a sábados, 20.00 h.; domingos, 19.00 h. Los lunes no hay función.

Sede: Teatro María Guerrero

Lugar: Madrid

Categoría: Teatro

Institución organizadora: Centro Dramático Nacional (INAEM)

Director: Lluís Homar.

Intérpretes: Gonzalo de Castro, Enric Benavent, Isabel Ordaz, Miguel Rellán, Fernando Albizu, Jorge Bosch, Ángel Burgos, José Ángel Egido, Jorge Calvo, Javi Coll, Mariana Cordero, Gonzalo Cunill, Rubén de Eguia, Sergio Gómez, Jorge Merino, Nerea Moreno, Luis Prado, Marina Salas.

Dramaturgia y composición musical: Xavier Albertí.

Escenografía y vestuario: Lluc Castells.

Iluminación: Albert Faura.

Diseño de sonido: Roc Mateu.

Movimiento escénico: Óscar Valsecchi.

Caracterización Cécile Kretschmar.

Vídeo: José Antonio Pedraza.

Ayudantes de dirección: Raúl Fuertes y Adriana Roffi.

Producción: Centro Dramático Nacional.

Duración aproximada: 2 horas y 20 minutos; no hay intermedio.

Copyright de texto e imágenes (foto de David Ruano) © Centro Dramático Nacional, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Reservados todos los derechos.

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